sábado, 2 de mayo de 2015

INUNDACIONES EN SANTA FE , PROHIBIDO OLVIDAR


“PROHIBIDO OLVIDAR”  “REUTEMANN LO SABÍA”  “Memoria y olvido son como la vida y la muerte. Vivir es recordar y recordar es vivir. Morir es olvidar y olvidar es morir.” Samuel Butler              
A 12 años de la mayor calamidad sufrida por la ciudad de Santa Fe, es necesario evocar lo ocurrido, no para  alimentar odios, rencores o venganzas, sino como medio para la toma de conciencia, de darse cuenta, de saber, en definitiva como actitud de vida y proyección hacia el futuro.
             Abril de 2003 fue mucho más que el desborde del río Salado; fue un antes y un después en la vida de miles de santafesinos, que vieron que como consecuencia de la imprevisión e irresponsabilidad de los que debían velar por su seguridad, se le escurrieron de las manos: sueños, afectos, seres queridos, historias e ilusiones compartidas.
             Fue también, un tiempo de consolidación de impunidad, silencios, complicidades y olvidos interesados, por parte de quienes debían dar respuestas a las angustias de tantos.
             12 años no son nada en el devenir de los pueblos, pero son un montón, para aquellos que hemos padecido tantos dolores, sin siquiera ver una condena ejemplar de parte de quienes debían impartir justicia.
             Justicia, que también estuvo anegada por una trama de lealtades,  una lentitud exasperante y poco valor desde el punto de vista de la equidad.
             Frente al papel, me siento impotente para describir, en unas pocas líneas, los gritos ahogados, las frustraciones, los dolores del alma que no curan y la sinrazón de los hechos.
             Quizás, los recuerdos capten en su mayor significado y dimensión el desastre y revelen, lo que mis palabras no pueden, dejando como testimonios sensibles, lo cotidiano y querido transformado en basura, los sueños interrumpidos, los desgarros sin cicatrizar y la angustia ante lo inexplicable.
También exhibirán la solidaridad hacia el otro, el compartir, la fuerza para levantarse ante las zancadillas y seguir adelante, con los dientes apretados y dejando como enseñanza de vida, que se puede.
Quienes padecimos esta lamentable experiencia y que hicimos de los techos nuestra isla salvadora, sabemos que los ojos, los rictus y los rostros fueron y son fieles testigos de cargo, que reflejan lo vivido y que nos seguirán acompañando, marcados a agua por el resto de nuestras vidas.
Tal vez a muchos de los responsables de esta calamidad, se los recordará por sus éxitos electorales, sus buenas posiciones económicas o sus cargos encumbrados, pero estoy seguro de que no se los recordará por haber contribuido al mejoramiento de la dignidad y la calidad de vida de miles de santafesinos.
El prohibido olvidar se debe constituir en una consigna, un testimonio indeleble y un recordatorio, para pensar, reflexionar y exigir justicia. Ricardo Luis Mascheroni docente 

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