En las selvas del mundo se están muriendo los árboles más
antiguos
Por: JAVIER SILVA
HERRERA |
Con la muerte de los enormes y viejos árboles, las especies
de primates son las más afectadas.
Foto: ARCHIVO PARTICULAR
Informe científico denuncia incremento en la tasa. Colombia
está perdiendo 66 especies maderables.
Los árboles mueren de pie, con dignidad y orgullo, como reza
el título de la famosa obra teatral del dramaturgo español Alejandro Casona.
Pero no por ello su agonía y muerte, aceleradas por la
actividad humana, dejan de ser dramáticas y perjudiciales para el
medioambiente.
Los seres vivos más grandes del planeta, los enormes y
viejos árboles que proporcionan cobijo y sustento a infinidad de aves y otros
animales salvajes, y que son imprescindibles para los ecosistemas, están
muriendo a un ritmo acelerado, de acuerdo con un informe efectuado por tres de
los ecologistas más prestigiosos del mundo y publicado en la revista Science.
Los científicos David Lin- denmayer, del Centro de
Excelencia para la Decisión Medioambiental (Ceed) australiano; Bill Lawrance,
de la Universidad James Cook, de Australia, y Jerry Franklin, de la Universidad
de Washington (EE. UU.), señalan que se está produciendo un alarmante aumento
de la tasa de muerte de árboles que han alcanzado entre los 100 y 300 años en
numerosos bosques, sabanas, áreas de cultivo e incluso dentro de las ciudades
del mundo.
"Es un problema global, que parece estar dándose en la
mayoría de los tipos de bosques", ha afirmado Lindenmayer, autor principal
del informe.
Entre los árboles más amenazados figuran los gomeros
gigantes, los serbales y los fresnos de montaña, típicos de Australia, las
secuoyas de California y los baobabs de Tanzania, así como los árboles gigantes
y viejos situados en el Parque Nacional de Yosemite (California), en las
sabanas africanas, las selvas de Brasil, los bosques templados europeos y las
masas forestales boreales.
También hay especies maderables de mucho valor en peligro
que han crecido en las selvas tropicales de Colombia, como en la del Amazonas,
según lo ha confirmado el Instituto de Investigaciones Amazónicas (Sinchi).
Las grandes árboles viejos juegan un papel ecológico
fundamental, ya que "proporcionan cavidades para la anidación o el refugio
de hasta el 30 por ciento de todas las aves y animales de algunos ecosistemas,
almacenan enormes cantidades de carbono, reciclan los nutrientes del suelo,
crean parcelas ricas que sustentan otras formas de vida e influyen en el ciclo
del agua y la climatología local", según los científicos.
Así mismo, según indican los especialistas, suministran
comida abundante para numerosos animales en forma de frutos, flores, follaje o
néctar y, en los entornos agrícolas, son auténticos centros de actividad que
garantizan la restauración de la vegetación, ya que en ellos se posan muchos
animales que dispersan semillas, esporas y polen.
Según Franklin, su declive parecen causarlo las prácticas
agrícolas, la explotación maderera, el ataque de los insectos o los cambios
climáticos acelerados. También la tala continua, impulsada por el comercio
ilegal de madera. Esto último es el principal motor de pérdida de especies en
Colombia.
De las 7.300 especies de plantas identificadas por el Sinchi
en la Amazonia, 66 se encuentran amenazadas, dice un reciente informe de la
entidad. Colombia está perdiendo allí (datos que además han sido avalados por
la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, UICN) especies de
plantas fanerógamas (aquellas que tienen flores visibles) y arbustos
medicinales. Las bromelias, las pasifloras y las salvias, que se caracterizan
por sus colores y formas exóticas, algunas de ellas parecidas a las orquídeas,
también están en la lista roja, muchas del Vaupés.
Pero los más afectados son los árboles maderables que crecen
en zonas húmedas de la selva. Entre ellos figuran el abarco, que está
sobreexplotado, y otros identificados como canelo de los andaquíes (que se usa
para mezclar bebidas aromáticas), el cedro y una ceiba conocida como 'volador'.
También aparece una especie muy popular: el palo de rosa,
utilizada para fabricar jabones y perfumes, al igual que muebles, barcos,
canoas, cercas y herramientas para la agricultura. Hay otros en peligro
crítico, y con nombres especiales esparcidos por muchas regiones del país, como
el Valle, Cauca, Antioquia, los Santanderes, Chocó, el Magdalena y la región
andina.
Entre ellos están el almanegra de ventanas, de los cuales
podrían quedar no más de 12 ejemplares y de los cuales no se ha encontrado
regeneración natural; el caoba, perseguido por tener la madera comercialmente
más valiosa; el chanul, cuyos troncos tienen cristales de sílice que le dan una
fortaleza increíble y por eso se usan como vigas; el guayacán negro, famoso a finales
del siglo XIX y comienzos del XX porque de él se extraía el lignum-vitae, una
sustancia que era usada como diurético y antisifilítico y el yumbé,
recientemente descrito, que crece en una zona en inmediaciones del río Claro
conocida como la reserva natural El Refugio (Antioquia).
Aparecen también el sapán, el nogal, el nato, el molinillo
del río Cauca, el hojarasco apiorruncho, el guayacán de bola, la ceiba tolúa y
el carreto.
Para Dáiron Cárdenas, investigador del Instituto Sinchi, una
de las causas de esta destrucción es la sobreexplotación de las especies y un
intenso proceso de extracción, pues son aprovechadas por las comunidades para
diversos usos.
"Pero hay dos problemas adicionales iguales de graves: la tala que se hace en la selva para ampliar la frontera agrícola y el comercio ilegal de madera", dijo.
"Pero hay dos problemas adicionales iguales de graves: la tala que se hace en la selva para ampliar la frontera agrícola y el comercio ilegal de madera", dijo.
Según cálculos del Ministerio de Ambiente, la deforestación
ha llegado a tal punto que el 42 por ciento de la madera que se compra y se
vende en el país proviene de árboles que han sido cortados ilegalmente.
Los investigadores australianos recalcan "la necesidad
de identificar las causas de la acelerada pérdida de los grandes árboles viejos
y desarrollar estrategias para mejorar la gestión de estas especies",
porque si disminuyen o desaparecen de muchos entornos, se deteriorará el
funcionamiento de su biota (conjunto de plantas, animales y otros organismos
que ocupan una determinada área) y sus ecosistemas.
Para atajar este problema y también el cambio climático, un
grupo de científicos ambientales ha propuesto clonar "superárboles"
como las secuoyas gigantes de la Sierra Nevada de California o las secuoyas
rojas o de la costa Este de EE. UU., entre las que hay ejemplares de más de
2.000 años de antigüedad.
Exploradores de bosques y científicos de laboratorio que
integran el Archivo de Árboles Antiguos Arcángel (Aata), una organización sin
fines de lucro de Los Ángeles (California), han identificado alrededor de 200
especies ecológicamente indispensables, de las que comenzaron a recoger
material genético.
Según David Milarch, cofundador del proyecto, el rescate es
necesario, porque el 95 por ciento de los últimos grandes árboles, que durante
milenios nos han permitido mantener un equilibrio en la naturaleza y los
ecosistemas, ya han sido talados o destruidos.
Desde la década de 1990, los integrantes de Aata vienen
realizando excursiones a los bosques estadounidenses y recopilando ADN vegetal,
para lo cual recogen tocones, brotes, fragmentos de árboles en pie y rastros
biológicos de los aparentemente desaparecidos.
Después, los multiplican en el laboratorio con métodos de
clonación como la micropropagación, en la que se alimentan las partes
microscópicas de las plantas mediante hormonas sintéticas, para conseguir
ejemplares genéticamente idénticos.
Con este método han logrado clonar secuoyas milenarias y
esperan hacer lo mismo con otras especies cuyo material genético tienen
almacenados, como la secuoya Stagg. "Los bosques ancestrales son los más
efectivos para recuperar y limpiar el ambiente, ya que la principal función
ambiental que prestan los árboles es absorber el dióxido de carbono (CO2),
responsable del calentamiento global", según Milarch.
Además, según Aata, las secuoyas y otros superárboles
maderables, como los que crecen en las selvas tropicales de Colombia, parecen
procesar el CO2 con mayor eficacia, ya que crecen rápido, absorben mucha
cantidad debido a que tienen gran tamaño y lo almacenan por mucho más tiempo,
pues el carbono es liberado a la atmósfera cuando el árbol muere, lo que en estos
casos garantiza que quedará atrapado durante siglos o milenios.
Javier Silva Herrera
Redacción Vida de Hoy
Redacción Vida de Hoy
TOMADO DE EL TIEMPO DE COLOMBIA
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