sábado, 9 de marzo de 2013

ARBOLES AÑEJOS SE MUEREN


En las selvas del mundo se están muriendo los árboles más antiguos
Con la muerte de los enormes y viejos árboles, las especies de primates son las más afectadas.
Foto: ARCHIVO PARTICULAR
Informe científico denuncia incremento en la tasa. Colombia está perdiendo 66 especies maderables.
Los árboles mueren de pie, con dignidad y orgullo, como reza el título de la famosa obra teatral del dramaturgo español Alejandro Casona.
Pero no por ello su agonía y muerte, aceleradas por la actividad humana, dejan de ser dramáticas y perjudiciales para el medioambiente.
Los seres vivos más grandes del planeta, los enormes y viejos árboles que proporcionan cobijo y sustento a infinidad de aves y otros animales salvajes, y que son imprescindibles para los ecosistemas, están muriendo a un ritmo acelerado, de acuerdo con un informe efectuado por tres de los ecologistas más prestigiosos del mundo y publicado en la revista Science.
Los científicos David Lin- denmayer, del Centro de Excelencia para la Decisión Medioambiental (Ceed) australiano; Bill Lawrance, de la Universidad James Cook, de Australia, y Jerry Franklin, de la Universidad de Washington (EE. UU.), señalan que se está produciendo un alarmante aumento de la tasa de muerte de árboles que han alcanzado entre los 100 y 300 años en numerosos bosques, sabanas, áreas de cultivo e incluso dentro de las ciudades del mundo.
"Es un problema global, que parece estar dándose en la mayoría de los tipos de bosques", ha afirmado Lindenmayer, autor principal del informe.
Entre los árboles más amenazados figuran los gomeros gigantes, los serbales y los fresnos de montaña, típicos de Australia, las secuoyas de California y los baobabs de Tanzania, así como los árboles gigantes y viejos situados en el Parque Nacional de Yosemite (California), en las sabanas africanas, las selvas de Brasil, los bosques templados europeos y las masas forestales boreales.
También hay especies maderables de mucho valor en peligro que han crecido en las selvas tropicales de Colombia, como en la del Amazonas, según lo ha confirmado el Instituto de Investigaciones Amazónicas (Sinchi).
Las grandes árboles viejos juegan un papel ecológico fundamental, ya que "proporcionan cavidades para la anidación o el refugio de hasta el 30 por ciento de todas las aves y animales de algunos ecosistemas, almacenan enormes cantidades de carbono, reciclan los nutrientes del suelo, crean parcelas ricas que sustentan otras formas de vida e influyen en el ciclo del agua y la climatología local", según los científicos.
Así mismo, según indican los especialistas, suministran comida abundante para numerosos animales en forma de frutos, flores, follaje o néctar y, en los entornos agrícolas, son auténticos centros de actividad que garantizan la restauración de la vegetación, ya que en ellos se posan muchos animales que dispersan semillas, esporas y polen.
Según Franklin, su declive parecen causarlo las prácticas agrícolas, la explotación maderera, el ataque de los insectos o los cambios climáticos acelerados. También la tala continua, impulsada por el comercio ilegal de madera. Esto último es el principal motor de pérdida de especies en Colombia.
De las 7.300 especies de plantas identificadas por el Sinchi en la Amazonia, 66 se encuentran amenazadas, dice un reciente informe de la entidad. Colombia está perdiendo allí (datos que además han sido avalados por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, UICN) especies de plantas fanerógamas (aquellas que tienen flores visibles) y arbustos medicinales. Las bromelias, las pasifloras y las salvias, que se caracterizan por sus colores y formas exóticas, algunas de ellas parecidas a las orquídeas, también están en la lista roja, muchas del Vaupés.
Pero los más afectados son los árboles maderables que crecen en zonas húmedas de la selva. Entre ellos figuran el abarco, que está sobreexplotado, y otros identificados como canelo de los andaquíes (que se usa para mezclar bebidas aromáticas), el cedro y una ceiba conocida como 'volador'.
También aparece una especie muy popular: el palo de rosa, utilizada para fabricar jabones y perfumes, al igual que muebles, barcos, canoas, cercas y herramientas para la agricultura. Hay otros en peligro crítico, y con nombres especiales esparcidos por muchas regiones del país, como el Valle, Cauca, Antioquia, los Santanderes, Chocó, el Magdalena y la región andina.
Entre ellos están el almanegra de ventanas, de los cuales podrían quedar no más de 12 ejemplares y de los cuales no se ha encontrado regeneración natural; el caoba, perseguido por tener la madera comercialmente más valiosa; el chanul, cuyos troncos tienen cristales de sílice que le dan una fortaleza increíble y por eso se usan como vigas; el guayacán negro, famoso a finales del siglo XIX y comienzos del XX porque de él se extraía el lignum-vitae, una sustancia que era usada como diurético y antisifilítico y el yumbé, recientemente descrito, que crece en una zona en inmediaciones del río Claro conocida como la reserva natural El Refugio (Antioquia).
Aparecen también el sapán, el nogal, el nato, el molinillo del río Cauca, el hojarasco apiorruncho, el guayacán de bola, la ceiba tolúa y el carreto.
Para Dáiron Cárdenas, investigador del Instituto Sinchi, una de las causas de esta destrucción es la sobreexplotación de las especies y un intenso proceso de extracción, pues son aprovechadas por las comunidades para diversos usos.
"Pero hay dos problemas adicionales iguales de graves: la tala que se hace en la selva para ampliar la frontera agrícola y el comercio ilegal de madera", dijo.
Según cálculos del Ministerio de Ambiente, la deforestación ha llegado a tal punto que el 42 por ciento de la madera que se compra y se vende en el país proviene de árboles que han sido cortados ilegalmente.
Los investigadores australianos recalcan "la necesidad de identificar las causas de la acelerada pérdida de los grandes árboles viejos y desarrollar estrategias para mejorar la gestión de estas especies", porque si disminuyen o desaparecen de muchos entornos, se deteriorará el funcionamiento de su biota (conjunto de plantas, animales y otros organismos que ocupan una determinada área) y sus ecosistemas.
Para atajar este problema y también el cambio climático, un grupo de científicos ambientales ha propuesto clonar "superárboles" como las secuoyas gigantes de la Sierra Nevada de California o las secuoyas rojas o de la costa Este de EE. UU., entre las que hay ejemplares de más de 2.000 años de antigüedad.
Exploradores de bosques y científicos de laboratorio que integran el Archivo de Árboles Antiguos Arcángel (Aata), una organización sin fines de lucro de Los Ángeles (California), han identificado alrededor de 200 especies ecológicamente indispensables, de las que comenzaron a recoger material genético.
Según David Milarch, cofundador del proyecto, el rescate es necesario, porque el 95 por ciento de los últimos grandes árboles, que durante milenios nos han permitido mantener un equilibrio en la naturaleza y los ecosistemas, ya han sido talados o destruidos.
Desde la década de 1990, los integrantes de Aata vienen realizando excursiones a los bosques estadounidenses y recopilando ADN vegetal, para lo cual recogen tocones, brotes, fragmentos de árboles en pie y rastros biológicos de los aparentemente desaparecidos.
Después, los multiplican en el laboratorio con métodos de clonación como la micropropagación, en la que se alimentan las partes microscópicas de las plantas mediante hormonas sintéticas, para conseguir ejemplares genéticamente idénticos.
Con este método han logrado clonar secuoyas milenarias y esperan hacer lo mismo con otras especies cuyo material genético tienen almacenados, como la secuoya Stagg. "Los bosques ancestrales son los más efectivos para recuperar y limpiar el ambiente, ya que la principal función ambiental que prestan los árboles es absorber el dióxido de carbono (CO2), responsable del calentamiento global", según Milarch.
Además, según Aata, las secuoyas y otros superárboles maderables, como los que crecen en las selvas tropicales de Colombia, parecen procesar el CO2 con mayor eficacia, ya que crecen rápido, absorben mucha cantidad debido a que tienen gran tamaño y lo almacenan por mucho más tiempo, pues el carbono es liberado a la atmósfera cuando el árbol muere, lo que en estos casos garantiza que quedará atrapado durante siglos o milenios.
Javier Silva Herrera
Redacción Vida de Hoy
TOMADO DE EL TIEMPO DE COLOMBIA 
nota: en Corrientes se permite la desforestación de algarrobos, ñandubay y espinillo sin problemas 

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