EL FANTASMA DE LA FRACTURA HIDRÁULICA RECORRE LA REGIÓN
Dos materiales visuales abordan este tema: un largo
documental llamado GasLand y una película protagonizada por Matt Damon, bajo el
nombre “Promise Land”. Ambos muestran de modo crudo y directo, el descomunal
impacto ambiental, sanitario y social que el método de la fractura hidráulica
ha venido produciendo allí donde se ha instalado. Y hasta se creó un movimiento
artístico-cultural de denuncia con figuras como Robert de Niro, Susan Sarandon,
Richard Gere, Anne Hathaway o Yoko Ono.
¿Habrá oídos que registren esta catástrofe?
Como la Argentina declara permanentemente estar en
emergencia energética, en lugar de buscar eficiencia (cuyo Dia Internacional se
celebró hace poco) o promover e incentivar las energías sustentables como la
solar o la eolica, se plantea la fractura hidráulica como un sueño dorado de
producción infinita. No se señalan en absoluto las limitaciones geológicas, el
impacto de esas perforaciones sobre el ambiente y la salud y el rechazo social
que está generando en cascada en las poblaciones víctimas.
Aún desde el punto de vista financiero, el Post Carbon
Institute ha comparado la burbuja especulativa del gas de esquisto con el de la
burbuja inmobiliaria del año 2008, de la mano de Wall Street, con capacidad
para hundir la economía global. Se basa, cita el informe, en un “número
desorbitado de perforaciones, contratos de arrendamiento especulativos y
prácticas engañosas a cargo de las empresas que explotan este tipo de energía.[1]” Los informes privados anuncian que en USA
los pozos se están agotando a una velocidad inesperada, por lo cual el ritmo de
perforación para nuevos pozos aumenta desesperadamente en el intento de
compensar lo que ya no está, con lo que vendrá. Los estudios señalan que habría
que perforar 7.200 nuevos pozos en las cinco cuencas en explotación, sólo en
Estados Unidos, (tarea valuada en más de 42.000 millones de dólares) apenas
para sostener la producción actual.
En nuestra región, en los neoliberales años `90 se sembraron
los marcos regulatorios permisivos para las empresas, que hoy aspiran a
inyectar el más valioso y escaso bien, el agua, mezclada con productos químicos
altamente tóxicos y polvos arenosos, a fuertes presiones, para romper, quebrar,
fisurar la roca madre profunda en la cual se hallan los hidrocarburos
dispersos.
Huelga señalar que el primer impacto directo e inmediato
será la contaminación de las aguas subterráneas debido al contacto inevitable
de las napas con las “vetas” del hidrocarburo. El gas se mezcla con el agua
potable y produce explosiones y llamaradas en las canillas de las casas. El
ganado, enferma y muere. Los suelos se vuelven tóxicos y la desertificación
avanza. Las personas que recibieron buenas sumas de dinero para arrendar sus
campos a los pozos de fractura, ven morir sus tierras y acabarse tarde o
temprano su dinero. Por si todo ésto fuera poco, las explosiones en la
profundidad de la roca, provocan temblores y movimientos de tierra.
El Fracking fue prohibido precautoriamente en algunos países
de Europa con Francia y Bulgaria, y en algunos estados norteamericanos y
canadienses.
Argentina tuvo como cabeza de playa a Zapala, provincia de
Neuquén, con la empresa Apache, instalada sin permiso de la comunidad mapuche
que allí habita[2]. Señala Elvio Mendioroz, de la
Fundación Uñopatun “El agua de nuestro Río Negro está siendo utilizada para
extraer petróleo en el yacimiento no convencional de Vaca Muerta, provincia de
Neuquén. YPF por energía consiente la muerte del agua”.[3]
YPF planteó la asociación con Chevron, denunciada, procesada y condenada en el
Ecuador en un histórico juicio por genocidio asociado a la contaminación de sus
actividades de extracción. [4].
Pero el fantasma avanza por otras provincias y otras regiones.
Los gobernantes sueñan rápidas y abundantes ganancias permitiendo que fracturen
y contaminen sus subsuelos, sus aguas y sus tierras. Incluso en sitios adonde
el agua es escasa como Patagonia, o internacionalmente generosa, como Entre
Ríos con el Acuífero Guaraní.
¿Hasta dónde podrán aplicar sus proyectos de muerte? Porque
contaminar las aguas es llevar a la muerte a las comunidades. No hay otra
lectura posible ante la profusa evidencia y experiencia que lo señala a gritos.
Infórmese. Replique estas inquietudes. Urge una moratoria
ante el avance de este método devastador que amenaza la vida.
Lic. S. Buján
BIOS Argentina
RED NACIONAL DE ACCION ECOLOGISTA
Coalición Ciudadana Antiincineración
GAIA
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