EL DIA,
Gualeguaychú, 17 de febrero de 2013
Entre Ríos ante el peligro del fracking
Mario Alarcón
Muñiz
Se cierne sobre Entre Ríos la amenaza del
fracking, peligroso sistema de extracción de gas y petróleo, disimulado por el
eufemismo “no convencional”.
El miércoles pasado, en El Trébol (Chubut),
la Presidenta y el titular de YPF inauguraron trabajos de perforación no
convencionales, destinados a “revertir la crisis energética”, se dijo. El acto
significó la apertura de una nueva etapa en procura de un objetivo
incuestionable: mayor producción de gas y petróleo.
Se trata de un primer paso. Continuará en Río
Negro y Neuquén con la participación de la multinacional Chevron, uno de los
monopolios del mundo petrolero, que acordó con el gobierno argentino en
diciembre último.
Nos preocupa que YPF apunte a Entre Ríos,
según se viene hablando desde hace tres años. Lo comentamos por primera vez en
esta columna el 14 de febrero de 2010, tras el convenio suscripto cinco días
antes por el gobernador Urribarri y el vicepresidente de Repsol-YPF, Sebastián Eskenazi,
para “estudiar proyectos exploratorios de hidrocarburos”. En aquella ocasión
planteábamos la necesidad de “permanecer atentos y enterados para que ningún
episodio nos tome de sorpresa”.
De alto riesgo
Nuestra preocupación de entonces, ampliada en
esta página el 29 de julio del año pasado, se centralizaba en el método de
fracturación hidráulica (en inglés fracking), disfrazado tras el eufemismo “no
convencional”, para extraer gas o shale gas o gas esquisto o gas de pizarra. El
procedimiento es de alta peligrosidad para el medio ambiente, las aguas
superficiales y subterráneas y la vida en definitiva.
Consiste -según los expertos- en extraer gas
almacenado en pequeñas cantidades en rocas porosas del subsuelo. La máquina
inicia el trabajo con una perforación vertical de entre 400 y 5.000 metros de
profundidad. Al llegar a la roca, la perforación se horizontaliza para partirla
hasta unos 3 kilómetros de longitud y extraer el gas. El procedimiento requiere
la inyección de miles de toneladas de agua a muy alta presión con arena y
aditivos químicos (benzenos, xilenos, cianuro, entre muchos otros), sin faltar
las explosiones. Es decir, un batifondo en el subsuelo con riesgo de contaminar
el agua subterránea y provocar sismos.
El agua -alerta la información de quienes
estudian el tema- se mezcla con químicos de alta peligrosidad. Se los
clasifica: “17 son tóxicos para organismos acuáticos, 38 son tóxicos agudos, 8
son cancerígenos probados, 7 son elementos mutagénicos y 5 provocan efectos
sobre la reproducción”.
La arena mantiene las fracturas abiertas para
la salida del gas. Claro que también -añaden los informes- sale agua a la
superficie o mejor dicho un fluido que contiene agua, restos de pizarra,
mercurio, plomo y materiales radiactivos, como radón, radio y uranio. Si bien
esto se almacena en enormes piletones, el peligro no se atenúa.
Todo preparado
El titular de YPF, Miguel Galuccio, conoce
muy bien el asunto porque fue ejecutivo de Schlumberger, la principal petrolera
de fracking del mundo, con sede en Londres. En
diciembre de 2011 el gobernador Urribarri viajó a la capital británica,
invitado por Schlumberger, probablemente para hablar de lo que poco antes había
publicado la empresa en su Oilfield
Review acerca de la Cuenca Chaco-Paranaense, que sería una importante reserva
hidrocarburífera, “la más extensa de Sud América”, según la publicación.
Un informe del año pasado cursado por YPF al
gobierno provincial, señaló a las áreas de Paraná y Federación como “las más
probables” de explorar.
En julio último, a instancias del Poder
Ejecutivo, la Legislatura modificó la ley
8916, de 1995, estableciendo que el fondo energético creado por la misma
podrá “financiar estudios, proyectos y obras de exploración y explotación de
hidrocarburos”. Para hacer más directa la gestión se transfirió la Secretaría
de Energía al ámbito de la Gobernación, pues funcionaba en el Ministerio de
Economía.
Precisamente el miércoles el secretario de
Energía, Raúl Arroyo, confirmó que YPF realiza exploraciones en Entre Ríos
“para conocer el potencial del subsuelo”. Comentó el funcionario que “el
proceso es largo y es muy temprano para hablar de fracking”.
Advertencias y luchas
No obstante, de eso hay que hablar porque ya
lo han hecho organizaciones especializadas. Sendos informes del Parlamento
Europeo y del Centro Tyndall, de Gran Bretaña,
advierten sobre los riesgos del sistema. La
Duke University, de Carolina del Norte, EE.UU., demostró severos daños
ambientales y de salud en lugares cercanos a pozos de fracking. Presentando otros casos coincidió
la Cornell University, de Nueva York.
El método está prohibido en algunos estados
norteamericanos, además de Francia, Bulgaria, Rumania, Irlanda, Sud África,
Nueva Zelanda, parte de Australia y parte de Canadá. ¿Y nosotros lo vamos a
probar en Entre Ríos?
El movimiento Entre Ríos Libre de Fracking
trabaja desde hace varios meses creando conciencia acerca de los riesgos a los
que estamos expuestos, además de la contaminación del Acuífero Guaraní, una de
las mayores reservas de agua del planeta.
El Foro Waj Mapu, de Chajarí, realizó el 31
de enero un encuentro de ambientalistas entrerrianos y correntinos para avanzar
en el tema e interesó al Concejo Deliberante de esa ciudad.
Mientras tanto, el proyecto de prohibición
provincial del fracking presentado en agosto último por la diputada socialista María Ema Bargagna, duerme
plácidamente en comisión..
A propósito es bueno recordar el artículo 22
de la Constitución Provincial: “Todos los habitantes gozan del derecho a vivir
en un ambiente sano y equilibrado, apto para el desarrollo humano, donde las
actividades sean compatibles con el desarrollo sustentable, para mejorar la
calidad de vida y satisfacer las necesidades presentes, sin comprometer la de
las generaciones futuras.”
Alguien debe tenerlo en cuenta.
Enviado por peter
healy de Fundación Ibera
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