domingo, 12 de abril de 2020

10 DE ABRIL DÍA DEL INVESTIGADOR CIENTÍFICO EN ARGENTINA


10 De Abril, Celebramos el Día del Investigador Científico
“La ciencia no es cara, cara es la ignorancia”.
Por Osvaldo Nicolás Pimpignano
El 10 de Abril fue instituido como el Día del Investigador Científico en homenaje al doctor Bernardo Houssay (1887-1971). Houssay fue un eminente científico argentino cuya trayectoria marcó un punto de inflexión en el desarrollo de la ciencia en nuestro país. Cofundador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, CONICET, el que presidió hasta su fallecimiento. Houssay obtuvo el premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1947.

Cuando el año pasado escribí sobre esta celebración lo hice con signos de interrogación. Entendía que  los científicos y la ciudadanía en general, debíamos recordar la trayectoria del DR. Houssay, pero que desgraciadamente la comunidad científica estaba en crisis, estaba en crisis, por el deliberado abandono en que los tenían sumidos y dejaba poco espacio para las celebraciones. Este año encuentra a los científicos argentinos, todavía mal remunerados, pero esperanzados en el futuro por el reconocimiento del Estado y la ciudadanía en su totalidad. Además los que han intentado ingresar al CONICET son más numerosos que el año pasado cuando 2000 doctores vieron frustradas sus esperanzas de convertirse en investigadores, por no contar todavía con un presupuesto que los incluya, lo mismo sucede con otros institutos de investigación y tratamiento. Todavía falta resolver la situación socioeconómica, que obliga atender otras situaciones apremiantes y no permiten las inversiones que la investigación y la atención requieren, para alcanzar el nivel de
excelencia de nuestra ciencia.
Es en este escenario llega la pandemia del COVID-19 y hubo que tomar medidas excepcionales.
No producíamos los insumos e instrumental y camas de hospitalización necesarios para atender la crisis que nos llegaba. No éramos los únicos, el mundo en su conjunto sufría estas carencias y los mercados se cerraron. Hubo países que embargaron (¿piratearon?) embarques en tránsito.  En este escenario se dictó la Emergencia Sanitaria y el Estado asumió el monopolio de único comprador y distribuidor de estos bienes. Ahora además de los problemas socioeconómicos que padecíamos estábamos muy escasos de apoyatura científica y dependíamos del esfuerzo de investigadores, técnicos y auxiliares de los institutos de investigación y tratamiento, como el Instituto Malbran y los hospitales Posadas y de
Clínicas.

La degradación que sufrió la ciencia en los últimos años se volvió crítica, primero por la falta de recursos materiales y las vacantes que se producían por jubilaciones o renuncias y luego con la situación que nos toca enfrentar por la pandemia que está llegando. Tampoco recibió la debida atención el dengue, del que aún, no hablamos lo suficiente y que de momento tiene más casos que el COVID-19.

Aquí se da un caso singular, las dos plagas que debemos vencer dependen en gran parte de nuestra actitud personal, en un caso guardar el Aislamiento Social y en la otra descacharrear nuestra casa y tratar que nuestros vecinos nos imiten, esta es la primera y constantemente repetida recomendación de los especialistas.

Afortunadamente la ciencia parece ser nuevamente prioritaria para el Estado y con la reasignación de partidas y la Declaración de Emergencia Sanitaria van apareciendo lentamente los recursos básicos para enfrenar con éxito,  lo que tratado de otra manera podría ser una catástrofe, las experiencias de Italia, España y los EE.UU son el ejemplo que no debemos seguir. El Estado hace su parte, los ciudadanos hagamos la nuestra.

El porcentaje del PBI, otorgado para el año 2019 es del 0,256 por ciento, según cálculos del propio Conicet. “En 2015 estábamos en 0,35 por ciento y era bajo, pero ahora estamos peor” el dinero vale menos, afirma Alberto Kornblihtt, doctor en Ciencias Químicas por la Universidad de Buenos Aires e investigador superior del Conicet. Otro tanto ocurre con institutos como el INTA y el INTI que ven reducidos sus presupuestos, planteles profesionales y el cierre de centros regionales.

Para poder comprender estos números es necesario revisar la historia. El Plan Argentina Innovadora 2020, presentado en 2013, preveía un crecimiento anual del 10 por ciento de los ingresos de científicos al Conicet, con el objetivo de que Argentina pudiera acercarse a los estándares internacionales (respecto de la cantidad de científicos por habitante). Sin embargo en 2019 tan solo ingresaron 450 profesionales, cuando deberían haberlo hecho 1366. Estamos hablando de profesionales que para postularse debieron obtener un doctorado que puede durar hasta 10 años.

De esta manera, nos encontramos con un Estado que invirtió muchos años para formar cuadros intelectuales de excelencia en las más diversas disciplinas, y que a partir de la mala gestión de un Estado ausenté, en poco tiempo desmantela la ciencia nacional. La filosofía era, si se puede adquirir el producto para que gastar en investigación.

Como golpe adicional se produce la merma de repatriaciones, los científicos en el exterior ya no quieren regresar y se incentiva la expulsión de cerebros formados durante varias décadas que  ante la falta de posibilidades, emigran.

Señalaba en su momento Jorge Aliaga, ex decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.: “Los que tienen trabajo poseen sueldos muy deprimidos y cada vez más jóvenes se quedan afuera. De repente, a los becarios se les cierran todas las ventanillas que estaban abiertas y en paralelo se reducen a la mitad los ingresos al Conicet. Se forma un embudo, un cuello de botella que se transforma en una tormenta perfecta”, afirma.
 Las mediciones internacionales destacaban la calidad de la ciencia que produce el sistema público en Argentina. Todos nuestros premios Nobel surgieron de la educación pública.

La situación que vivimos nos está demostrando a los argentinos y muchas otras naciones que podemos ser autosuficientes. La gestión de los tres niveles del Estado trabaja mancomunadamente y bajo una sola dirección en la solución de los dos problemas, el de la salud y el social. Se han puesto en movimiento todos los recursos y las fuerzas armadas están en el terreno, trasladando, construyendo, fabricando insumos y poniendo en alerta a sus hospitales, además de instalar otros de campaña.
La sociedad civil no se quedó atrás y dentro de las restricciones del Aislamiento Social Preventivo, se pusieron a trabajar en diseñar y producir desde barbijos, máscaras e indumentaria de uso científico hasta respiradores elementales que se están perfeccionamiento, diez de ellos ya cuentan con homologación y se siguen perfeccionando. En esto participaron desde universidades o modesto talleres, como los fabricantes de maquinaria agrícola de localidades santafecinas o una familia de Banfield, en Buenos Aires que desde hace años fabrica y obsequia prótesis para manos y en la emergencia produce mascaras protectoras y válvulas para los respiradores.
Por su parte entidades civiles, sindicatos e industriales, pusieron a disposición desde canchas de básquetbol y hoteles a grandes superficies que se convirtieron en centros de aislamiento para atender las cuarentenas.
La Argentina está en movimiento y en medio de una situación que parece una guerra, el Estado y la sociedad se movilizan. Cuando todo pace, seremos una nueva Nación.
Hoy a 48 años del fallecimiento de Houssay sus frases hacen eco y rebosan de actualidad. Será necesario, una vez más, leer al maestro cuando decía: “La disyuntiva es clara, o bien se cultiva la ciencia y la investigación y el país es próspero y adelanta, o bien no se la practica debidamente y el país se estanca y retrocede. Los países ricos lo son porque dedican dinero al desarrollo científico-tecnológico y los países pobres lo siguen siendo si no lo hacen. La ciencia no es cara, cara es la ignorancia”.

Por Osvaldo Nicolás Pimpignano
Periodista de Investigación – FLACSO
Para: ASOCIACION ECOLOGISTA RIO MOCORETA
Las imágenes fueron tomadas de la Web


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