Coronavirus: el infierno de Brasil es una advertencia para todo el mundo
El país atraviesa su momento más crítico por la segunda ola,
con tasas récord de ocupación de camas en casi 20 capitales y un récord de
muertes ayer en un solo día
3 de marzo de 202115:30
Manuela AndreoniErnesto LondoñoLeticia
Casado
Personal militar desinfecta el monumento al Cristo Redentor
en Río de Janeiro el 13 de agosto de 2020Tyler Hicks - The New York Times
RÍO DE JANEIRO.- El Covid-19 ya ha dejado una estela
de muerte y desolación en Brasil, y una de las peores del mundo. Ahora, a
un año de la pandemia, el país está marcando un nuevo y penoso récord.
Ninguna otra nación que haya experimentado un brote tan
grave sigue teniendo el índice récord de fallecimientos como el de
Brasil ni sigue con su sistema de salud al borde del colapso. Muchas otras
naciones duramente golpeadas, sin embargo, van dando pasos tentativos hacia
cierta normalidad.
Pero Brasil está batallando con una variante más
contagiosa que ya ha arrasado una ciudad importante y se ha extendido
a otras, mientras al mismo tiempo los brasileños van abandonando las medidas de
precaución que podrían salvarlos del contagio.
El martes, Brasil registro más de 1700 muertes por
Covid-19, el número de muertos más alto en un solo día de toda la pandemia.
“La aceleración de la pandemia está llevado al colapso al
sistema público y privado de salud en varios estados, y eso podría fácilmente
repetirse en cada región de Brasil”, dijo el Consejo Nacional de Secretario
de Salud en un comunicado. “Lamentablemente, la anémica implementación de la
vacuna y la lentitud con que llegan las dosis no permite augurar que ese
escenario se revierta a corto plazo.”
Y las noticias para Brasil, y posiblemente para el mundo,
siguen empeorando.
Ya hay estudios preliminares que sugieren que la
variante que arrasó con Manaos no sólo es más contagiosa, sino que parece capaz
de infectar a quienes se han recuperado de otras versiones del virus. Y la
variante se ha colado fuera de las fronteras de Brasil, manifestándose en dos
docenas de países y en pequeñas cantidades en Estados Unidos.
El peligro de las nuevas variantes no ha pasado
desapercibido para los científicos de todo el mundo. Rochelle
Walesnky, directora de los Centros para el Control la Prevención de
Enfermedades de Estados Unidos (CDC), rogó está semana a los
norteamericanos que no bajen la guardia. “Les ruego que me escuchen con
atención”, dijo Walensky. “Con este nivel de casos y las nuevas variantes
circulando, podemos perder completamente todo el terreno ganado con tanto
esfuerzo.”
El caso de Manaos
El funeral de una víctima de COVID-19 en Manaus, Brasil, 19
de mayo de 2020Tyler Hicks - The New York Times
Los brasileños esperaban haber vivido lo peor de la pandemia
durante el año pasado. Manaos, capital del estado norteño de Amazonas, sufrió
un brote tan severo en abril y mayo que los científicos se preguntaban si la
ciudad entera no habría alcanzado ya la inmunidad de rebaño.
Pero después, en septiembre, los casos en el estado
empezaron a crecer, causando perplejidad en las autoridades sanitarias. El
intento del gobernador de Amazonas, Wilson Lima, de imponer una nueva
cuarentena antes de las Fiestas fue resistido duramente por los comerciantes y
por los principales aliados políticos del presidente Jair Bolsonaro.
Para enero, los científicos habían descubierto la nueva variante, ahora conocida como P.1., ya era preponderante en todo el estado. Y en pocas semanas, el peligro que representaba se hizo evidente: los hospitales de Manaos se quedaron sin oxígeno en medio de una oleada de pacientes, y muchos murieron boqueando por falta de aire.
Al doctor Antonio Souza lo siguen atormentando las caras
horrorizadas de sus colegas y de los familiares de los pacientes cuando se iban
enterando de que las reservas de oxígeno del hospital se habían agotado. Piensa
en el paciente al que sedó, para evitarle una agonía de muerte, cuando se agotó
el oxígeno en otra clínica.
“Nadie debería enfrentar nunca una decisión así”, dice
Souza. “Es demasiado terrible.”
A principios de este año, la enfermera Maris Glaudimar,
también de Manaos, se sentía atrapada en una pesadilla sin salida ni final. En
su trabajo, los pacientes y sus familias rogaban por oxígeno y las unidas de
terapia intensiva estaban colmadas. Y en su casa, su hijo contrajo tuberculosis
después de tener Covid-19 y su esposo perdió 10 kilos luchando contra el virus.
Un trabajador vestido con un traje protector y con un
paraguas camina frente a las tumbas de las víctimas del Covid-19 en el
cementerio de Nossa Senhora Aparecida, en Manaus, Brasil, el 25 de febrero de
2021Michael Dantas - AFP
“Nadie estaba preparado para esto”, dice Glaudimar. “Era
una película de terror”.
Desde entonces, en el estado de Amazonas la crisis
del coronavirus parece haberse aplacado un poco, pero está empeorando en la
mayor parte de Brasil.
Nueva variante
Los científicos se desvelan por entender mejor las nuevas
variantes y el modo en que se esparcen por el país. Pero la limitación
de los recursos de testeo y rastreo no les permiten determinar el rol que están
teniendo esas versiones del virus.
Anderson Brito, virólogo brasilero de la Universidad de
Yale, dice que solamente en su laboratorio han secuenciado a casi la mitad de
todos los genomas de coronavirus que pululan en Brasil. Mientras que Estados
Unidos ha secuenciado el genoma de alrededor de 1 cada 200 casos confirmados,
la secuenciación en Brasil es de 1 cada 3000 casos.
La variante se está propagando a toda velocidad. Para fines
de enero, un estudio de investigadores del gobierno descubrió que la
nueva variante estaba presente en el 91% de las muestras secuenciadas en el
estado de Amazonas. Para fines de febrero, los funcionarios de salud habían
informado casos de la variante P.1 en 21 de 26 estados brasileños, pero sin
más testeos es difícil evaluar su prevalencia.
“CATÁSTROFE
EDUCATIVA”: AMÉRICA LATINA FUE LA REGIÓN MÁS AFECTADA POR CIERRES DE ESCUELAS
A lo largo de la pandemia, los investigadores han dicho que
las reinfecciones de Covid-19 parecen ser extremadamente inusuales, lo que hizo
que muchos recuperados asumieran tener inmunidad, al menos por un tiempo. Pero
eso fue antes de la aparición de la P.1 y de que los médicos y enfermeras
empezaran a notar algo extraño.
João Alho, médico de Santarém, una ciudad de Amazonas, dice
que varios colegas que se recuperaron de Covid-19 hace meses volvieron
a enfermarse. Juliana Cunha, una enfermera de Río de Janeiro que ha estado
trabajando en los centros de pruebas de Covid-19, dijo que asumió que estaba a
salvo después de contraer el virus en junio pasado. Pero en noviembre, después
de experimentar síntomas leves, dio positivo nuevamente.
“No lo podía creer”, dice Cunha, de 23 años. “Deben ser las
variantes”.
Pero no hay forma de estar seguros de lo que está pasando
con las personas que se reinfectan, a menos que se conserven, secuencien
genéticamente y comparen sus antiguas muestras de sangre con las nuevas.
Vacunación
Una forma de frenar el aumento sería a través de las
vacunas, pero la inoculación en Brasil, como en tantos países, es lenta.
Brasil empezó a vacunar a grupos prioritarios, incluidos los
profesionales de la salud y los ancianos, a fines de enero. Pero el
gobierno no ha logrado asegurarse una cantidad suficiente de dosis. Los
países más ricos han acaparado de la mayor parte del suministro disponible,
mientras que Bolsonaro siempre se mostró escéptico, tanto del impacto de la
enfermedad como de las vacunas.
Un sitio de vacunación drive-thru para personas mayores de
85 años en el estadio Pacaembu en Sao Paulo el 21 de febrero de 2021Tyler Hicks
- The New York Times
Hasta el martes, y según datos del Ministerio de Salud de
Brasil, un poco más de 5,8 millones de brasileños —aproximadamente el
2,6% de la población—, habían recibido al menos una dosis de la vacuna para el
Covid-19. Solo alrededor de 1,5 millones habían recibido ambas dosis. El
país utiliza actualmente la CoronaVac, la vacuna de fabricación
china, que en pruebas de laboratorio demostró ser menos eficaz contra la P.1
que contra otras variantes. También está aplicando la vacuna fabricada por la
compañía farmacéutica británico-sueca AstraZeneca.
Margareth Dalcolmo, neumonóloga de la Fiocruz, un destacado
centro de investigación científica, dice Brasil no montó una sólida campaña de
vacunación, dejando así preparado el escenario para la crisis actual.
“Deberíamos vacunar a más de un millón de personas por
día”, dice DalColmo. “Esa es la verdad. Y no lo estamos haciendo, no
porque no sepamos cómo, sino porque no alcanzan las vacunas.”
El ministro de Salud brasilero, Eduardo Pazuello,
quien calificó la variante como una “nueva fase” de la pandemia, dijo la semana
pasada que el gobierno estaba intensificando sus esfuerzos y que espera
vacunar aproximadamente a la mitad de su población para junio, y al resto para
fin de año.
Pero muchos brasileños tienen poca fe en un gobierno
dirigido por un presidente que ha saboteado la cuarentena, ha minimizado
sostenidamente la amenaza del virus y promovido remedios no probados, incluso
después de que los científicos hayan confirmado que eran inútiles o incluso
peligrosos.
Incluso la semana pasada, el presidente se refirió despectivamente
al uso de barbijo, una de las mejores defensas para frenar los contagios,
alegando que son dañinas para los niños, causando dolores de cabeza y problemas
de concentración.
Traducción de Jaime Arrambide
Manuela AndreoniErnesto LondoñoLeticia
Casado
TOMADO DE LA NACION DE AR
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