El jefe de la Iglesia: un cardenal austero, un hombre común
Tan sencillo y cercano a los pobres como erudito y firme en
sus convicciones, el sucesor de Benedicto XVI es consciente de los problemas
que aquejan al Vaticano y de las disputas terrenales que anidan en el
catolicismo
Por Elisabetta Piqué
ROMA.- Puede compartir un locro o un mate con los más
marginados de una villa miseria cualquiera del Gran Buenos Aires. También puede
discutir de alta teología con Benedicto XVI, su antecesor y papa emérito, a
quien irá a visitar en los próximos días a Castel Gandolfo y de quien fue el
máximo antagonista en el cónclave de 2005.
Puede ir a lavarles los pies a los enfermos de sida en un
hospital y puede cautivar a cualquier auditorio, incluso al de la Plaza San Pedro,
con su forma de hablar sencilla, directa y humilde, que llega al corazón.
Jorge Bergoglio, padre Jorge para quienes lo han
frecuentado, cardenal primado y arzobispo de Buenos Aires, dos veces presidente
de la Conferencia Episcopal Argentina y ahora Su Santidad Francisco nunca quiso
tener auto con chofer. Solía sorprender viajando en colectivo o en subte,
mezclándose, confundiéndose y mimetizándose con la gente común, el pueblo, al
que siempre supo y quiso servir de cerca, como pastor.
Los viajes a Roma -que hacía con poco entusiasmo, consciente
de que en el Vaticano hay cosas que no funcionan, detestables juegos de poder y
dinero, que ahora seguramente intentará limpiar- los hacía en clase turista.
Sólo cuando algún tripulante reconocía a "su eminencia", título que
nunca se jactó de tener, lo pasaban a business. Él accedía con evidente
desgano.
En Roma tampoco le gustaba mostrarse con las vestimentas de
cardenal. Se lo solía ver siempre yendo a pie, tratando de pasar inadvertido,
con un modesto sobretodo negro, para no ostentar el llamativo atuendo de los
purpurados.
El domingo pasado, cuando muchos cardenales electores
"papables" fueron a celebrar misa en las híper mediáticas iglesias de
Roma de las que son titulares, él prefirió quedarse encerrado en su habitación
de la Domus Pablo VI, donde suele alojarse cuando viaja a Roma. No fue a su
iglesia de San Roberto Bellarmino. Quería evitar a toda costa los flashes, el
protagonismo, el asedio de los medios. En cambio, prefirió almorzar con una
anciana de 92 años, hermana de un arzobispo amigo suyo, ya fallecido.
Cuando fue hecho cardenal por Juan Pablo II, en 2001, hubo
fieles que quisieron acompañarlo a recibir el birrete púrpura, para celebrar el
evento. Pero él pidió que se quedaran en Buenos Aires y donaran ese dinero a
los más pobres. Tampoco quiso comprarse una vestimenta nueva: ordenó arreglar
la que usaba su antecesor Antonio Quarracino.
Podrían relatarse infinitas anécdotas de este tipo sobre la
simplicidad, austeridad, nobleza, espiritualidad, cercanía con la gente común,
actitud monástica, de Jorge Bergoglio. Un hombre que siempre detestó los lujos
y el autorreferencialismo usado por ciertos miembros del clero. Un hombre que
siempre se tuteó y dejó tutearse por el repartidor de diarios de la esquina,
por el quiosquero, por esa mujer embarazada, madre soltera o separada que le
pedía consejo, ayuda, una voz amiga. Con frecuencia, confiesa en la Catedral
porteña como un sacerdote más. Y tras la masacre de Cromagnon recorrió
hospitales para estar al lado de los heridos y familiares de las víctimas.
Bergoglio vivió hasta hoy solo, en un departamento sencillo,
en el segundo piso del edificio de la curia, al lado de la Catedral. Desde la
ventana de ese departamento, observó con profunda preocupación el estallido de
la crisis de diciembre de 2001 en la Plaza de Mayo, que derivó en la renuncia
de Fernando de la Rúa. Hasta su cuarto llegaban los gases lacrimógenos. Al ver
con indignación cómo una señora era golpeada por agentes policiales, tomó el
teléfono para hablar con el ministro del Interior y fue atendido por el
entonces secretario de Seguridad, Enrique Mathov, a quien le pidió por favor
que la policía no maltratara a los simples manifestantes.
Hijo de Mario, ex empleado ferroviario, y de Regina, ama de
casa, ambos piamonteses, nació en el barrio de Flores, el 17 de diciembre de
1936, y tuvo cuatro hermanos. Egresó de la escuela secundaria industrial ENET
Nº 27 (ahora ET Nº 27) Hipólito Yrigoyen con el título de técnico químico. Tuvo
incluso una novia, pero a los 21 años (en 1957) decidió convertirse en
sacerdote e ingresó en el seminario de Villa Devoto. El 11 de marzo de 1958
pasó al noviciado de la Compañía de Jesús, realizó estudios humanísticos en
Chile y de regreso a Buenos Aires, en 1963, obtuvo la licenciatura en Filosofía
en la Facultad de Filosofía del colegio máximo San José de San Miguel.
Entre 1964 y 1965 fue profesor de literatura y de psicología
en el Colegio de la Inmaculada, en Santa Fe, y en 1966 enseñó esas mismas
materias en el colegio de El Salvador, de Buenos Aires. Desde 1967 a 1970,
estudió teología en la Facultad de Teología del colegio máximo San José, de San
Miguel, donde también se licenció. A una edad algo tardía, a punto de cumplir
33 años, el 13 de diciembre de 1969, fue ordenado sacerdote.
Entre 1970 y 1971 cumplió su tercer probandato en Alcalá de
Henares, España, y el 22 de abril de 1973 hizo su profesión perpetua. Fue
maestro de novicios en Villa Barilari, San Miguel (1972-1973), profesor en la
Facultad de Teología y rector del Colegio Máximo. El 31 de julio de 1973 fue
electo provincial de los jesuitas de la Argentina, cargo que tuvo durante 6
años.
Entre 1980 y 1986 fue rector del Colegio Máximo y de las
Facultades de Filosofía y Teología de la misma casa y párroco de la parroquia
del Patriarca San José, en la diócesis de San Miguel. En marzo de 1986 viajó a
Alemania -es sabido que habla alemán- para concluir su tesis doctoral. Más
tarde, sus superiores lo destinaron al colegio de El Salvador, en Buenos Aires,
desde donde pasó a la iglesia de la Compañía en la ciudad de Córdoba, como
director espiritual y confesor.
El 20 de mayo de 1992, Juan Pablo II lo nombró obispo
auxiliar de Buenos Aires. El 27 de junio del mismo año recibió en la Catedral
de Buenos Aires la ordenación episcopal de manos del cardenal Antonio
Quarracino -que solía llamarlo "el santito"-, del nuncio Ubaldo
Calabresi y del obispo de Mercedes-Luján, monseñor Emilio Ogñenovich. Fue
designado arzobispo coadjutor de Buenos Aires y el 28 de febrero de 1998
arzobispo de Buenos Aires por sucesión, tras la muerte de Quarracino.
Su primer acto de gobierno al asumir en la arquidiócesis fue
crear la Vicaría Episcopal de Educación, un virtual ministerio que tiene bajo
su jurisdicción tantas escuelas y alumnos como los que atiende el gobierno
porteño. Pero, a diferencia de los clásicos consejos de educación católica, su
premisa fue dedicar los esfuerzos de la Iglesia a toda la educación, no a los
intereses de los colegios católicos.
En sus homilías, el cardenal ha revalorizado en forma
permanente el sentido de la patria y las instituciones. En la intimidad es un
apasionado lector de Dostoievski, Borges y autores clásicos, pese a su
formación técnica de ingeniero químico. Es habitual, además, su presencia en
actos ecuménicos e interreligiosos.
Franciscum, el primer papa jesuita, tiene afinidades muy
escondidas, pero significativas. Le gusta el fútbol y es simpatizante de San
Lorenzo de Almagro. Una vez, cuando jugaba el goleador Alberto "Beto"
Acosta, el plantel le regaló una camiseta autografiada por todos los jugadores
que conserva cuidadosamente. También le gusta el tango y es autor de varios
libros.
Al poco tiempo de ser ordenado sacerdote padeció problemas
respiratorios y sufrió la pérdida de parte de un pulmón. Eso hizo pensar que no
podría ser electo al trono de Pedro, pero es evidente que hoy goza de muy buena
salud, fruto de la vida austera y rigurosa que siempre observó. De hecho, a sus
76 años, si se lo observaba en la procesión hacia la Capilla Sixtina, anteayer,
lucía más joven que varios papables favoritos de menos edad. Se lo veía sereno,
con la convicción de que esta vez el Espíritu Santo lo estaba llamando, con
urgencia, a tomar el timón de esa Iglesia que, en 2005, quiso como papa a
Joseph Ratzinger y no a él. Hubo que esperar 8 años para que llegara el papa
argentino.
Tomado de la nación de ar
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Buenos Aires, 13 Mar 2013 (AICA): Jorge Mario
Bergoglio, desde hoy papa Francisco I, es ante todo “un pastor” que puso la
arquidiócesis de Buenos Aires en estado de “misión” y exhortó a los porteños a
no quedarse encerrados en la sacristía y salir al encuentro de los más
necesitados tanto material como espiritualmente.
Ex basquetbolista, bailarín aficionado del tango, aunque con una fuerte inclinación por la milonga, entusiasta de las películas de Tita Merello y del neorrealismo italiano y en fútbol simpatizante del equipo de San Lorenzo, fundado por el sacerdote Lorenzo Massa.
A los 21 años cayó gravemente enfermo, no le detectaban el mal y pensó que se moría. Finalmente, le diagnosticaron una pulmonía severa y debió ser sometido a una ablación de la parte superior del pulmón derecho.
Fue presidente de la Conferencia Episcopal Argentina entre 2005 y 2011.
En diversas oportunidades criticó fuertemente la corrupción y la trata de personas con imágenes fuertes: "Se cuida mejor a un perro que a estos esclavos nuestros". O “la esclavitud está a la orden del día, hay chicos en situación de calle desde hace años, no sé si más o menos, pero hay muchos”.
Recordó que "hay chicas que dejan de jugar a las muñecas para entrar en tugurios de la prostitución, porque fueron robadas, vendidas o traicionadas" y criticó fuertemente el “limitar y eliminar el valor supremo de la vida e ignorar los derechos de los niños por nacer" y aseveró: "el aborto nunca es una solución".
Se opuso a la despenalización de las drogas para consumo personal y exhortó a los jóvenes a no creerles a "los mercaderes de la muerte”.
Es más cómodo ser monaguillo que protagonista
Al despedirse de la presidencia de la Conferencia Episcopal Argentina, en 2011, hizo un repaso por la situación de la Iglesia. Sobre los laicos, afirmó que corren peligro de “clericalización” y que es más fácil ser monaguillo que protagonista.
Sobre Buenos Aires, afirma que hay muchas cosas por hacer: “Hay que seguir caminando e ir haciéndolas de a poco. Ésta es una ciudad que de noche tiene tres millones de habitantes y de día ocho”.
Datos biográficos
Nació en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936, hijo de don Mario Bergoglio y de doña Regina Sívori. Estudió química industrial y, ya diplomado en una escuela de la Nación, ingresó en el seminario arquidiocesano Inmaculada Concepción, en el barrio porteño de Villa Devoto, de donde al cabo de tres años –el 11 de marzo de 1958– pasó al noviciado de la Compañía de Jesús.
Tras cursar estudios de humanidades en Chile en 1960, regresó a Buenos Aires y obtuvo la licenciatura en Filosofía y luego la de Teología en el Colegio Máximo “San José”, de San Miguel, de la Compañía de Jesús.
Entre 1964 y 1965 fue profesor de Literatura y de Psicología en el Colegio de la Inmaculada, en la provincia de Santa Fe, y en 1966 enseñó la misma materia en el colegio del Salvador, de Buenos Aires.
El 13 de diciembre de 1969 fue ordenado sacerdote en la Compañía de Jesús por monseñor Ramón José Castellano, arzobispo emérito de Córdoba.
En el curso de 1971 hizo la tercera probación en Alcalá de Henares (España), y el 22 de abril de 1973 emitió la profesión perpetua.
En los años 1972-1973 fue maestro de novicios en la residencia jesuita de Villa Barilari, en la localidad bonaerense de San Miguel, profesor en la Facultad de Teología y Consultor de la Provincia jesuita; luego, rector del Colegio Máximo San José; y el 31 de julio de 1973 fue nombrado superior provincial de la Compañía de Jesús en la Argentina, cargo que ejerció durante seis años.
En marzo de 1986 se trasladó a Alemania para concluir su tesis doctoral, y al regresar a la Argentina sus superiores lo destinaron al Colegio Del Salvador, en Buenos Aires, de donde pasó a la Iglesia de la Compañía de Jesús, en la ciudad de Córdoba, como director espiritual y confesor.
El 20 de mayo de 1992, Juan Pablo II lo nombró obispo titular de Auca y auxiliar de Buenos Aires.El 27 de junio de ese año recibió la ordenación episcopal en la catedral metropolitana de Buenos Aires, de manos del cardenal Antonio Quarracino, arzobispo de Buenos Aires. Fueron co-consagrantes el nuncio apostólico, monseñor Ubaldo Calabresi, y monseñor Emilio Ogñénovich, obispo de Mercedes.
Promovido a arzobispo coadjutor de Buenos Aires el 3 de junio de 1997, inició su ministerio pastoral como undécimo arzobispo de Buenos Aires el 28 de febrero de 1998. Inició su ministerio pastoral como undécimo arzobispo de Buenos Aires el 28 de febrero de 1998, y el 6 de noviembre de 1998 fue designado también Ordinario para los fieles de rito oriental residentes en la Argentina y que no cuentan con Ordinario de su propio rito. Le fue impuesto el palio por Juan Pablo II el 29 de junio de 1998 en la basílica de San Pedro del Vaticano.
Fue creado cardenal del título de San Roberto Belarmino (un santo jesuita) por Juan Pablo II en el consistorio del 21 de febrero de 2001.
En la Santa Sede es miembro de las Congregaciones para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos; para el Clero y para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica; es miembro del Comité de la Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia y del Consejo Post Sinodal; y consejero de la Pontificia Comisión para América Latina.
El lema de su episcopal es: “Miserando atque eligendo”.
Ex basquetbolista, bailarín aficionado del tango, aunque con una fuerte inclinación por la milonga, entusiasta de las películas de Tita Merello y del neorrealismo italiano y en fútbol simpatizante del equipo de San Lorenzo, fundado por el sacerdote Lorenzo Massa.
A los 21 años cayó gravemente enfermo, no le detectaban el mal y pensó que se moría. Finalmente, le diagnosticaron una pulmonía severa y debió ser sometido a una ablación de la parte superior del pulmón derecho.
Fue presidente de la Conferencia Episcopal Argentina entre 2005 y 2011.
En diversas oportunidades criticó fuertemente la corrupción y la trata de personas con imágenes fuertes: "Se cuida mejor a un perro que a estos esclavos nuestros". O “la esclavitud está a la orden del día, hay chicos en situación de calle desde hace años, no sé si más o menos, pero hay muchos”.
Recordó que "hay chicas que dejan de jugar a las muñecas para entrar en tugurios de la prostitución, porque fueron robadas, vendidas o traicionadas" y criticó fuertemente el “limitar y eliminar el valor supremo de la vida e ignorar los derechos de los niños por nacer" y aseveró: "el aborto nunca es una solución".
Se opuso a la despenalización de las drogas para consumo personal y exhortó a los jóvenes a no creerles a "los mercaderes de la muerte”.
Es más cómodo ser monaguillo que protagonista
Al despedirse de la presidencia de la Conferencia Episcopal Argentina, en 2011, hizo un repaso por la situación de la Iglesia. Sobre los laicos, afirmó que corren peligro de “clericalización” y que es más fácil ser monaguillo que protagonista.
Sobre Buenos Aires, afirma que hay muchas cosas por hacer: “Hay que seguir caminando e ir haciéndolas de a poco. Ésta es una ciudad que de noche tiene tres millones de habitantes y de día ocho”.
Datos biográficos
Nació en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936, hijo de don Mario Bergoglio y de doña Regina Sívori. Estudió química industrial y, ya diplomado en una escuela de la Nación, ingresó en el seminario arquidiocesano Inmaculada Concepción, en el barrio porteño de Villa Devoto, de donde al cabo de tres años –el 11 de marzo de 1958– pasó al noviciado de la Compañía de Jesús.
Tras cursar estudios de humanidades en Chile en 1960, regresó a Buenos Aires y obtuvo la licenciatura en Filosofía y luego la de Teología en el Colegio Máximo “San José”, de San Miguel, de la Compañía de Jesús.
Entre 1964 y 1965 fue profesor de Literatura y de Psicología en el Colegio de la Inmaculada, en la provincia de Santa Fe, y en 1966 enseñó la misma materia en el colegio del Salvador, de Buenos Aires.
El 13 de diciembre de 1969 fue ordenado sacerdote en la Compañía de Jesús por monseñor Ramón José Castellano, arzobispo emérito de Córdoba.
En el curso de 1971 hizo la tercera probación en Alcalá de Henares (España), y el 22 de abril de 1973 emitió la profesión perpetua.
En los años 1972-1973 fue maestro de novicios en la residencia jesuita de Villa Barilari, en la localidad bonaerense de San Miguel, profesor en la Facultad de Teología y Consultor de la Provincia jesuita; luego, rector del Colegio Máximo San José; y el 31 de julio de 1973 fue nombrado superior provincial de la Compañía de Jesús en la Argentina, cargo que ejerció durante seis años.
En marzo de 1986 se trasladó a Alemania para concluir su tesis doctoral, y al regresar a la Argentina sus superiores lo destinaron al Colegio Del Salvador, en Buenos Aires, de donde pasó a la Iglesia de la Compañía de Jesús, en la ciudad de Córdoba, como director espiritual y confesor.
El 20 de mayo de 1992, Juan Pablo II lo nombró obispo titular de Auca y auxiliar de Buenos Aires.El 27 de junio de ese año recibió la ordenación episcopal en la catedral metropolitana de Buenos Aires, de manos del cardenal Antonio Quarracino, arzobispo de Buenos Aires. Fueron co-consagrantes el nuncio apostólico, monseñor Ubaldo Calabresi, y monseñor Emilio Ogñénovich, obispo de Mercedes.
Promovido a arzobispo coadjutor de Buenos Aires el 3 de junio de 1997, inició su ministerio pastoral como undécimo arzobispo de Buenos Aires el 28 de febrero de 1998. Inició su ministerio pastoral como undécimo arzobispo de Buenos Aires el 28 de febrero de 1998, y el 6 de noviembre de 1998 fue designado también Ordinario para los fieles de rito oriental residentes en la Argentina y que no cuentan con Ordinario de su propio rito. Le fue impuesto el palio por Juan Pablo II el 29 de junio de 1998 en la basílica de San Pedro del Vaticano.
Fue creado cardenal del título de San Roberto Belarmino (un santo jesuita) por Juan Pablo II en el consistorio del 21 de febrero de 2001.
En la Santa Sede es miembro de las Congregaciones para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos; para el Clero y para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica; es miembro del Comité de la Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia y del Consejo Post Sinodal; y consejero de la Pontificia Comisión para América Latina.
El lema de su episcopal es: “Miserando atque eligendo”.
SUGERIDO POR OSVALDO

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