sábado, 19 de diciembre de 2015

COP 21 UN PASO ADELANTE

COP21: Un gran paso adelante   Humberto Campodónico
El acuerdo de 195 países en París sobre el cambio climático es una victoria histórica porque permite vislumbrar un futuro común compartido por todos los firmantes. Al mismo tiempo, es una derrota histórica para todos aquellos que niegan que exista el calentamiento global producido por las emisiones contaminantes, sobre todo de dióxido de carbono, proveniente de los combustibles fósiles (hidrocarburos y carbón).
 Los “negacionistas” están, sobre todo en el Partido Republicano de Estados Unidos. Dicen que el calentamiento global es una farsa inventada por algunos ecologistas y que los aumentos de la temperatura del planeta que se registran desde los albores de la Revolución Industrial (Siglo XVIII) y que se han multiplicado en los últimos 70 años, son “normales y pasajeros”. Por tanto, EEUU no debe comprometerse a ningún acuerdo global de mitigación (reducción) de emisiones contaminantes.
 Detrás de este “razonamiento” están los intereses que buscan preservar los activos del transporte automotor que suman varios billones de dólares en pozos petroleros, refinerías, buques tanques y estaciones de servicio en todo el mundo. Y, ojo, no son solamente las grandes empresas transnacionales sino también muchos países petroleros, entre ellos algunos de la OPEP.
 Lo que esto significa también es que habrá un fuerte impulso para el desarrollo de las energías renovables (eólica, biomasa, hidroenergía), en las cuales la emisión de gases contaminantes es bastante menor y, en buena parte de los casos, nula. También significa que los automóviles híbridos y/o eléctricos (donde incluso Apple estaría ya haciendo millonarias inversiones) puedan convertirse en la norma en algunos años.
 Una de las razones para tildar a este acuerdo de histórico es que EEUU lo ha firmado, lo que no sucedió con el Protocolo de Kioto de 1997, pues no fue ratificado por su Congreso. Ahora, en París, hubo discusiones hasta el último minuto sobre el “fraseo” del artículo 4.4, acerca de la obligación de los países desarrollados de reducir las emisiones contaminantes, que finalmente quedó redactado de una manera menos imperativa. El vicepresidente John Kerry dijo que si eso no sucedía, el acuerdo no sería aprobado por el Congreso.
 Pero todo no ha sido color de rosa y muchos países han tenido que tragarse sapos de distinto tamaño. Uno de ellos es que se ha “diluido” la diferencia entre los países responsables del “stock” de emisiones, quienes antes asumían las mayores responsabilidades porque habían emitido más desde hace 200 años. Ahora, todos los países por igual deben mitigar (reducir) las emisiones, aunque, claro, los países más grandes deberán mitigar más.
 Tampoco es clara la redacción sobre la disminución de la temperatura. El acuerdo dice que se deberá reducir 2 grados centígrados (C) pero también que “proseguirán los esfuerzos” para acercarse a 1.5 C. Así, las “contribuciones nacionales”, adoptadas por cada país, y que ya han sido cuantificadas, llevan a un calentamiento global por encima de los 3 C.
 En efecto, los compromisos de reducción de emisiones ya no son aprobados por la Convención sino que son formulados por cada país. La cuestión es que esas metas de reducción pueden ser muy ambiciosas, pero no hay forma de que la comunidad de países pueda verificar su cumplimiento. En este caso, varios países, sobre todo EEUU, afirmaron cualquier intervención foránea para verificar las emisiones violaría su soberanía, lo que no sería aceptado por su Congreso.
 Afirman algunos miembros del Grupo de los 77 más China, que hay una estrategia de los países desarrollados para introducir nuevas formas de diferenciación entre países, que no existían antes: ahora habrían países vulnerables y no vulnerables, en lugar de países históricamente responsables por el cambio climático y países no responsables. Esto llevó incluso a diferencias internas, pues la “nueva” definición de vulnerables favorece, por ejemplo, a las pequeñas islas (países insulares) y a los menos desarrollados en detrimento de otros países, también pobres, pero menos vulnerables que los primeros.
 Otro tema tiene que ver con la “adaptación”, tema que le compete sobre todo a los países en vías de desarrollo que no son grandes emisores (por tanto tienen poco que mitigar) pero sí van a sufrir más las consecuencias del cambio climático, pues este incide con más fuerza en la agricultura, la  biodiversidad y la incipiente infraestructura. Estos países dicen que los fondos para la adaptación deben provenir de los contaminadores históricos causantes del problema. Y si bien se ha aprobado un fondo de US$ 100,000 millones a partir del 2020, no existen mecanismos claros para los aportes ni para la distribución.
 Hay muchos temas más que se pueden discutir. Pero, creemos, que el hecho central es que se mantiene el marco de participación de todos los países en un consenso por atacar el cambio climático. En Lima, en diciembre pasado, no faltaron las críticas que hacían alusión a los déficits existentes. Pero lo clave era mantener la unidad de países para avanzar hacia París.

 Ahora, con el Acuerdo de París firmado por 195 países tenemos un consenso global para seguir luchando contra el cambio climático. Siguen habiendo déficits pero hay una base común que sirve de plataforma para seguir avanzando. Estamos solo en el principio. Hay todavía, muchísimo que hacer. TOMADO DE ENVIO EN RED FOROBA - NOTA hay muchos que no estan tan esperanzados 

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