COP21: Un gran paso adelante Humberto Campodónico
El acuerdo de 195 países en París sobre el cambio climático
es una victoria histórica porque permite vislumbrar un futuro común compartido
por todos los firmantes. Al mismo tiempo, es una derrota histórica para todos
aquellos que niegan que exista el calentamiento global producido por las
emisiones contaminantes, sobre todo de dióxido de carbono, proveniente de los
combustibles fósiles (hidrocarburos y carbón).
Los “negacionistas”
están, sobre todo en el Partido Republicano de Estados Unidos. Dicen que el
calentamiento global es una farsa inventada por algunos ecologistas y que los
aumentos de la temperatura del planeta que se registran desde los albores de la
Revolución Industrial (Siglo XVIII) y que se han multiplicado en los últimos 70
años, son “normales y pasajeros”. Por tanto, EEUU no debe comprometerse a
ningún acuerdo global de mitigación (reducción) de emisiones contaminantes.
Detrás de este
“razonamiento” están los intereses que buscan preservar los activos del
transporte automotor que suman varios billones de dólares en pozos petroleros,
refinerías, buques tanques y estaciones de servicio en todo el mundo. Y, ojo,
no son solamente las grandes empresas transnacionales sino también muchos
países petroleros, entre ellos algunos de la OPEP.
Lo que esto significa
también es que habrá un fuerte impulso para el desarrollo de las energías
renovables (eólica, biomasa, hidroenergía), en las cuales la emisión de gases
contaminantes es bastante menor y, en buena parte de los casos, nula. También
significa que los automóviles híbridos y/o eléctricos (donde incluso Apple
estaría ya haciendo millonarias inversiones) puedan convertirse en la norma en
algunos años.
Una de las razones
para tildar a este acuerdo de histórico es que EEUU lo ha firmado, lo que no
sucedió con el Protocolo de Kioto de 1997, pues no fue ratificado por su
Congreso. Ahora, en París, hubo discusiones hasta el último minuto sobre el
“fraseo” del artículo 4.4, acerca de la obligación de los países desarrollados
de reducir las emisiones contaminantes, que finalmente quedó redactado de una
manera menos imperativa. El vicepresidente John Kerry dijo que si eso no
sucedía, el acuerdo no sería aprobado por el Congreso.
Pero todo no ha sido
color de rosa y muchos países han tenido que tragarse sapos de distinto tamaño.
Uno de ellos es que se ha “diluido” la diferencia entre los países responsables
del “stock” de emisiones, quienes antes asumían las mayores responsabilidades
porque habían emitido más desde hace 200 años. Ahora, todos los países por
igual deben mitigar (reducir) las emisiones, aunque, claro, los países más
grandes deberán mitigar más.
Tampoco es clara la
redacción sobre la disminución de la temperatura. El acuerdo dice que se deberá
reducir 2 grados centígrados (C) pero también que “proseguirán los esfuerzos”
para acercarse a 1.5 C. Así, las “contribuciones nacionales”, adoptadas por
cada país, y que ya han sido cuantificadas, llevan a un calentamiento global
por encima de los 3 C.
En efecto, los
compromisos de reducción de emisiones ya no son aprobados por la Convención
sino que son formulados por cada país. La cuestión es que esas metas de
reducción pueden ser muy ambiciosas, pero no hay forma de que la comunidad de
países pueda verificar su cumplimiento. En este caso, varios países, sobre todo
EEUU, afirmaron cualquier intervención foránea para verificar las emisiones
violaría su soberanía, lo que no sería aceptado por su Congreso.
Afirman algunos
miembros del Grupo de los 77 más China, que hay una estrategia de los países
desarrollados para introducir nuevas formas de diferenciación entre países, que
no existían antes: ahora habrían países vulnerables y no vulnerables, en lugar
de países históricamente responsables por el cambio climático y países no
responsables. Esto llevó incluso a diferencias internas, pues la “nueva”
definición de vulnerables favorece, por ejemplo, a las pequeñas islas (países
insulares) y a los menos desarrollados en detrimento de otros países, también
pobres, pero menos vulnerables que los primeros.
Otro tema tiene que
ver con la “adaptación”, tema que le compete sobre todo a los países en vías de
desarrollo que no son grandes emisores (por tanto tienen poco que mitigar) pero
sí van a sufrir más las consecuencias del cambio climático, pues este incide
con más fuerza en la agricultura, la
biodiversidad y la incipiente infraestructura. Estos países dicen que
los fondos para la adaptación deben provenir de los contaminadores históricos
causantes del problema. Y si bien se ha aprobado un fondo de US$ 100,000
millones a partir del 2020, no existen mecanismos claros para los aportes ni
para la distribución.
Hay muchos temas más
que se pueden discutir. Pero, creemos, que el hecho central es que se mantiene
el marco de participación de todos los países en un consenso por atacar el
cambio climático. En Lima, en diciembre pasado, no faltaron las críticas que
hacían alusión a los déficits existentes. Pero lo clave era mantener la unidad
de países para avanzar hacia París.
Ahora, con el Acuerdo
de París firmado por 195 países tenemos un consenso global para seguir luchando
contra el cambio climático. Siguen habiendo déficits pero hay una base común
que sirve de plataforma para seguir avanzando. Estamos solo en el principio.
Hay todavía, muchísimo que hacer. TOMADO DE ENVIO EN RED FOROBA - NOTA hay muchos que no estan tan esperanzados

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