Huerteros urbanos de
Medellín
Los huerteros se apropiaron del espacio público. FOTO ANGERY
LOZANO
Desde hace año y medio caminar por la calle 46 de Medellín
del barrio La Floresta es poner a prueba el olfato: ¿perejil, tomillo,
hierbabuena o albahaca? Allí queda el corredor vial que la Twittercrónica de
esta semana recorrió, que ahora es llamado por residentes y vecinos: “la calle
de los aromas”, donde la Red de Huerteros de Medellín logró su cometido de
hacer crecer siete huertos urbanos.
“La albahaca es nuestro cultivo insignia, puede haber
diferentes plantas, pero esa nunca falta en estos huertos”, afirma Ricardo García
Jaramillo de 41 años, un apasionado de la agricultura urbana y uno de los
fundadores de la Red de Huerteros, quien desde el inicio (hace más de un año),
participó en las reuniones que se daban bajo un árbol para dar vida a esta
iniciativa comunitaria que busca rescatar espacios inutilizados y promover los
cultivos orgánicos desde casa.
La iniciativa está floreciendo porque este año diferentes
entidades públicas, como el Jardín Botánico y la Red de Casas de Cultura de
Medellín, están apoyando a este grupo de emprendedores con visión ecológica y
amantes de la biodiversidad. Las comunas 11 (Laureles), 12 (La América) y 13
(San Javier) son las primeras en contar con diferentes huertos de este tipo. Ya
van más de mil parcelas en el Valle de Aburrá.
La huerta interactiva
El hogar de Ricardo García está frente a uno de los huertos
silvestres comunitarios más representativos del grupo: El “huerto de los
aromas”.
Ricardo vivió 13 años en España y cuando regresó hace dos
años quiso repetir la experiencia en Medellín de alimentarse de las semillas
que él mismo sembraba bajo tierra, de comer sus propias fresas, perejiles,
pepinos y lechugas, así como ocurrió con la parcela que dejó en Menorca.
Hasta la casa de Ricardo llegan Javier Burgos, de 39 años,
quien se identifica como artista plástico, y John Jairo Acosta, con pelo y
barba blanca encabeza la mesa ambiental del grupo de huerteros, que está
compuesto por 25 personas aproximadamente.
A los tres les encanta la naturaleza y el concepto de la
soberanía alimenticia, por eso vieron perfecto este “plan colaborativo”. Y
señalan el huerto de Ricardo como el modelo que quieren multiplicar por la
ciudad, en el que los materiales reciclables sirven como armadura para crear
cercas y el sistema de riego es mediante agua de lluvia.
Y como un agregado especial en este huerto, en una de las
esquinas de la parte superior se destaca un microscopio casero, construido con
una linterna, tres discos compactos, un lente y unos tornillos, hecho para que
la gente ubique la cámara activada de su celular y pueda apreciar la
biodiversidad que esconde estos espacios. “Fui a un taller en el Jardín
Botánico y de allí traje la idea”, apunta Ricardo.
“¡Toma lo que necesites!” y ¡ Comparte lo que te gusta!” son
las frases plasmadas en un cartel ubicado en el Huerto de los Aromas. Algunas
personas lo hacen y salen corriendo como si creyeran que es una invitación al
hurto, pero Burgos remarca: “la idea es que puedan tomar lo que ven pero luego
vengan y traigan una semilla, por ejemplo”. Así se mantiene en ciclo.
La biblioteca
A solo unas cuadras de la casa de García, está la Biblioteca
de La Floresta. Los huerteros se maravillaron cuando este espacio fue concedido
por la Alcaldía para sembrar.
A diferencia del huerto de García, este es más parecido a un
jardín, pues el hecho de ser un espacio público y no una casa, los obligó a
adaptar el diseño a un formato que fuera apreciado por las personas que llegan
a visitar el sitio. El olor a perejil y albahaca inunda la entrada de la
biblioteca, algunos entran sin mutarse, otros más curiosos voltean para ver
esas hojas y algunos no se resisten a tomar una hojita olorosa.
“Estamos preparando una plataforma parecida a una Wikipedia,
que tendrá mapas de los lugares en donde estarán los huertos urbanos, se
indicará en dónde ubicar a los proveeedores de semillas, se destacará el uso
medicinal de cada hierba y se compartirán recetas”, anuncia Ricardo.
La mandala
En la calle 90B de La Floresta está la casa de Sandra Rodas
de 29 años. Ella es una de las que lidera el programa de Agricultura Urbana del
Jardín Botánico de Medellín y cuando supo del proyecto no dudó ni un segundo en
hacer parte de este. “Siempre he soñado en tener una finca para hacer mis
propios cultivos y si me quedaba esperando a tenerla nunca iba a cumplir mi
sueño.”
A ella la contagió el entusiamo de una vecina que amaba la
tierra y las semillas. Un día ella y su vecina Rocío Uribe, de 65 años,
hablaron de crear una huerta, pero la querían en forma de mandala, un círculo
propio del budísmo. García les ayudó en el diseño de esa huerta y así brotaron
sus primeros cultivos de espinacas, lechugas y demás hortalizas.
Uribe no pudo disfrutar por mucho tiempo su huerta porque un
cáncer fulminante acabó con su vida en solo un mes. Tras esto, los miembros de
la Red de Huerteros sembraron hortensias en su honor.
Mientras tanto, Rodas y los integrantes de la Red de
Huerteros de Medellín, sienten que este suceso solo reforzó sus deseos de
continuar embelleciendo espacios y de contribuir a una nueva cultura ciudadana.
“Quizás algunas personas le vean a esto el lado productivo, la posibilidad de
obtener dividendos económicos, pero nosotros queremos es crear conciencia y
sembrar un un nuevo tejido, el de la ayuda y colaboración entre los vecinos,
amigos y todas las personas que quieran relacionarse de una forma diferente con
la naturaleza”, concluye García.
“Si quiero hacer una huerta en mi unidad, qué me aconsejan
para comenzar?”, pregunta Alexander Mesa a través de su cuenta en Twitter
@mesa_alexander. Lo primero es ingresar al grupo de Facebook de la Red de
Huerteros y allí ellos lo orientarán, dice García.
Claudia Restrepo B.
Separadores y aceras convertidas en huertas, una idea
bonita.
Emili W
Cabe felicitar esta increíble idea, muy ingeniosa. Si se
conserva ayudaría con la crisis, ya depende de la cultura ciudadana.
ANGERY LOZANO CEPEDA Periodista venezolana y colombiana.
Afín a los debates políticos. Corazón Vinotinto y Culé. Desde cualquier
trinchera, la lucha es la misma: la democracia. Redactora en la unidad de
Interacción y Comunidad en El Colombiano. TOMADOD E EL COLOMBIANO


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