La hora de la
innovación, por Alfredo Torres
El puesto 122 del Perú en innovación es inaceptable. Debemos
aprovechar la experiencia de la Alianza del Pacífico - Alfredo Torres Presidente ejecutivo de Ipsos Perú
En el Perú nos enorgullecemos por el auge de nuestra
gastronomía y la creatividad de nuestra gente. Quizá seamos creativos, en el
sentido de tener ideas imaginativas, pero en innovación –en la capacidad de
convertir esas ideas en nuevos o mejores productos, procesos o servicios– nos
falta mucho camino por recorrer. Uno de los indicadores más dramáticos de
nuestra deficiencia en innovación proviene del World Economic Forum (WEF), que
construye el ránking de competitividad basado en 12 pilares. Según este reputado
ránking, el Perú está en el puesto 61 de 148 países, es decir, a media tabla,
pero ese resultado proviene de promediar resultados muy buenos en estabilidad
macroeconómica, donde el Perú se ubica en el puesto 20, con resultados muy
malos en instituciones, educación y salud, donde se ubica alrededor del puesto
100. Pero la peor ubicación la recibimos en el pilar de innovación, donde
ocupamos el puesto 122.
La debilidad del Perú en el ámbito de la innovación ha
pasado relativamente desapercibida gracias a las elevadas tasas de crecimiento
de la economía de la última década originadas en la estabilidad macro, los
buenos precios de los minerales y la apertura a la inversión y el comercio
internacional, pero ahora que empieza a sentirse la desaceleración económica,
la innovación se vuelve crucial para competir con éxito en la economía mundial.
En el Perú, salvo algunos grupos empresariales muy dinámicos
y algunas empresas líderes en su campo, la actitud prevaleciente es la de
valorar la innovación, pero se hace muy poco por ella de manera sistemática.
Según una encuesta efectuada por Ipsos por encargo de Amcham, el 92% de los
ejecutivos peruanos considera la innovación importante para el desarrollo del
país, pero, al mismo tiempo, el 83% reconoce que su empresa no cuenta con una
estrategia formal para innovar.
El estudio también destaca la relevancia de la gestión
humana para la innovación. Las empresas más innovadoras son las que cuentan con
una cultura más horizontal, que fomentan la comunicación interna, que aceptan
el error como parte del trabajo y que practican una política de inclusión en la
innovación, es decir, promueven iniciativas innovadoras de su personal. Son
organizaciones con un genuino interés por la sociedad, que investigan
regularmente a sus consumidores y que diseñan innovaciones con la mira puesta
en mejorar la calidad de vida de las comunidades que atienden.
La innovación es fundamentalmente una responsabilidad
empresarial. Sin embargo, el Estado puede hacer mucho para promoverla o frenarla.
El triunfo de Occidente sobre la Unión Soviética fue en gran medida el triunfo
del modelo liberal que promueve la competencia y la innovación sobre un sistema
totalitario que, en su afán por controlarlo todo, terminó ahogando la
iniciativa y la creatividad.
En el Perú, la innovación se encuentra “en un estado
lamentable”, le dijo el domingo Gisella Orjeda, la presidenta del Concytec a El
Comercio. Existe divorcio entre la academia y el sector privado, limitada masa
crítica de investigadores e insuficientes incentivos, entre otras carencias,
declaró. El Concytec está procurando salir de este marasmo a través de
iniciativas como los centros de excelencia, pero con recursos muy limitados.
En realidad, la innovación es demasiado importante para
confinarla en algunas instituciones. El Estado en su conjunto debe entender que
lo primero que puede hacer para propiciar la innovación es liberar a las
empresas de trámites y controles excesivos. Los gerentes deben dedicar su
tiempo a que sus empresas sean más competitivas y no a lidiar con los
municipios o la Sunat.
El puesto 122 del Perú en innovación es inaceptable. Hay 14
países latinoamericanos delante del Perú, incluidos Chile (puesto 43), México
(puesto 61) y Colombia (puesto 74). El Perú debe aprovechar la experiencia de
sus socios en la Alianza del Pacífico y aprender de ellas, pero quizá el mejor
ejemplo está en casa. El impresionante desarrollo y reconocimiento
internacional alcanzado por nuestra gastronomía es claramente un ejemplo de
innovación y este no se sustentó en el apoyo del Estado sino en el liderazgo de
un gran cocinero y empresario, que demostró que sí es posible innovar y ser
competitivos lobalmente. Esa es la cultura que debemos llevar a nuestras
organizaciones. El rol del Estado es facilitar ese proceso. TOMADO DE EL
COMERCIO DE PERU
.jpg)

No hay comentarios:
Publicar un comentario