jueves, 13 de diciembre de 2012

ALIMENTOS de la granja a la basura


EL TRÁGICO CAMINO DE LA GRANJA AL CONTENEDOR
 En España, 7,7 millones de toneladas de alimentos (unos 163 kilos por persona, de media) que podrían haberse consumido acaban en la basura cada año. Son productos que se desechan a causa de los malos hábitos de consumo, los altos estándares de calidad de las empresas (que rechazan los que no cumplen sus cánones estéticos) o la mala planificación de comercios y ciudadanos. Una realidad escandalosa que se hace aún más aberrante a medida que aumentan los estragos causados por la crisis.
El Gobierno busca ponerle coto ahora a este problema con una estrategia para concienciar del valor de los alimentos, y estudia cambiar la normativa para que aquellos productos que vayan a desecharse se reutilicen o se donen. El objetivo es analizar las reglas con las que las empresas hacen sus cribas antes de que el producto llegue al consumidor. Los patrones actuales llevan a rechazar alimentos perfectamente buenos solo por criterios estéticos. También se quiere lograr que aquellos productos cuya fecha de consumo preferente vaya a pasar (que siguen siendo seguros pero no conservan todo su sabor, color o aroma) se reintroduzcan en el ciclo alimentario de alguna forma y no se destruyan sin más.
El diputado de Compromis-Equo Joan Baldoví propuso hace poco una iniciativa parlamentaria para frenar el desperdicio. En ella se incluían medidas coercitivas para aquellos que despilfarrasen con prácticas como la de eliminar los excedentes. Sin embargo, a pesar de la contradicción que supone que el Gobierno prepare ahora su propia estrategia, su propuesta fue rechazada por el PP. Baldoví pretendía aplicar el principio de “quien contamina paga” para frenar unos residuos que tienen un elevado coste medioambiental y social.
El problema se produce a lo largo de toda la cadena, desde el campo o la granja hasta la mesa. Pero uno de los principales problemas, reconoce Fernando Burgaz, director general de Industria Alimentaria, es que no se tiene información exacta de la cantidad de alimentos desperdiciados ni de todos los factores que influyen en el proceso.
El Ministro Miguel Arias Cañete ha firmado un convenio con la Federación Española de Bancos de Alimentos y la Asociación Multisectorial de Fabricantes y Distribuidores (AECOC), al que se han adherido más de 100 empresas, para frenar el desperdicio. Las compañías se comprometen a reducir ese despilfarro siendo más eficientes en la producción, reduciendo los tiempos de distribución y planificando mejor sus producciones para evitar que las mercancías se acumulen, cuenta el secretario general de AECOC, José María Bonmatí y afirma que “Tenemos que optimizar y reducir el desperdicio casi a cero. Es una cuestión social, pero también medioambiental”.
Una de las formas de darles uso es donarlos a organizaciones o bancos de alimentos. Ya se hace en algunos casos con excedentes de frutas y verduras. Los que no se donan son aquellos productos cuya fecha de consumo preferente acaba de pasar o está cerca. Algo “incomprensible”, según los responsables de las organizaciones que tienen programas de ayuda para alimentación a personas en riesgo de exclusión. “Son alimentos que son sanos e inocuos, pero que quizá no estén tan frescos. Se podrían donar perfectamente”, apunta José Antonio Busto Villa, director general de los Bancos de Alimentos, entidades que el año pasado dieron de comer a dos millones de personas en España.
Las autoridades españolas estudiarán, dentro de la estrategia de Agricultura, si ese tiempo límite que la industria impone a sus alimentos es correcto. “Las tecnologías de envasado han evolucionado, con lo que muchos productos pueden tener más vida útil de la que tienen reconocida oficialmente”, apunta el director general de Industria Alimentaria, que explica que también se tendrá en cuenta si el tamaño de los envases se adapta a las necesidades de los consumidores o promueve el desperdicio. Este, también puede ser uno de los puntos claves ya según estimaciones europeas, que el 42% de los desechos alimentarios se produce en los hogares.
“En los hogares se tira una parte importante de productos. Sea porque la gente puede tender a acumular, porque no los conservan bien o porque no tienen información suficiente de cómo hacerlo. También porque la mayoría confunde la fecha de caducidad con la de consumo preferente”, opina Fernando Burgaz, director general de Industria Alimentaria y pide que se cree una regulación para que en los envases conste una sola fecha, “la del último día que se puede consumir el producto sin riesgo”.
Por el momento, la industria no tiene planes de cambiar el etiquetado. Sin embargo, el responsable de AECOC explica que las compañías iniciarán (junto a Agricultura) una campaña de información al consumidor sobre las condiciones de conservación y consumo.
Antes de llegar a la tienda también se desperdicia. Las empresas productoras generan el 39% de los desechos. Y es que a veces las normas por las que se rige la comercialización de productos frescos (verduras, hortalizas) impiden la venta de los que tienen alguna imperfección o no tienen el tamaño adecuado.
 “Se intenta derivar los excedentes a la industria para fabricación de derivados. Se dona lo que se puede. Se busca tirar lo menos posible”, dice Diego Juste, de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA). Pero, como denuncia la Organización de Naciones Unidas para Agricultura (FAO), a veces a las empresas les resulta más caro reutilizar el producto (fabricando otra cosa o donándolo) que tirarlo.
ENVIADO POR ISR 

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