Crisis por brote de cólera en Cuba
Un cubano cava un pozo en el patio de su casa en la oriental provincia
de Holguín. Alejandro Ernesto / EFE
El disidente cubano Walter Clavel aseguró que cuando llevó el miércoles
a su hijo de dos años al hospital con un caso de diarrea, al niño le hicieron
una prueba para una enfermedad a veces letal cuya presencia en la isla el
gobierno se niega terminantemente a admitir: el cólera.
Enfermeros le dijeron que la prueba había salido negativa, y no se puso
al niño en cuarentena en los tres pabellones reservados para los pacientes del
cólera en el Hospital Infantil Norte de la ciudad oriental de Santiago de Cuba,
agregó Clavel.
Cuba, especialmente la parte oriental, sufre un alarmante brote de
cólera —así como del dengue, una enfermedad transmitida por mosquitos— surgido
en sus decrépitos sistemas de acueducto y alcantarillado, y alimentado por las
crecidas del huracán Sandy, según sus habitantes.
Ha habido reportes confiables de más de una docena de muertes.
Hospitales y prisiones han sido puestos en cuarentena en varias ocasiones.
Escuelas han sido cerradas, así como restaurantes y puestos callejeros que
venden jugos y otros productos líquidos.
Edificios públicos han establecido puestos en la entrada para
desinfectarse las manos y los zapatos. Funcionarios de Salud Pública han ido de
puerta en puerta preguntando si alguien sufre de diarrea, vómitos o fiebre, y otros
repartieron pastillas para purificar el agua.
El gobierno de Cuba no ha dicho públicamente nada sobre el cólera desde
el 28 de agosto, cuando anunció que un brote en la ciudad oriental de
Manzanillo —el primero en un siglo— había terminado luego de tres muertes y 417
casos confirmados. Propagado por bacterias que causan fuertes vómitos y
diarreas, la enfermedad mató a millones de personas durante la Edad Media.
Policías de uniforme o vestidos de paisano estacionados en los
hospitales dicen a los visitantes que no hablen del cólera y otras
enfermedades, declaró Clavel a El Nuevo Herald, al parecer para no afectar a la
industria turística de la isla caribeña que recauda $2,500 millones al año.
“Tenemos que cuestionar si el gobierno cubano prioriza en la actualidad
el turismo… por encima de las necesidades locales de salud pública”, escribió
Sherri Porcelain, experta de salud pública de la Universidad de Miami e
investigadora del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano Americanos.
La región más afectada por el cólera ha sido la zona oriental, donde
Sandy tocó tierra el mes pasado entre Manzanillo y Santiago de Cuba, la segunda
ciudad más grande de la isla y capital de la provincia de igual nombre. El
ciclón dañó los sistemas de acueducto, electricidad y alcantarillado, inundó
letrinas y dejó atrás charcos en los que los mosquitos portadores del dengue se
reproducen con facilidad.
“Hay mucha preocupación en Santiago”, indicó Clavel, uno de la docena
de cubanos contactados para esta historia. Muchos eran disidentes, que hablaron
sin temor sobre la epidemia. Sus versiones coincidieron en muchos sentidos,
pero no pudieron ser confirmadas individualmente.
El único informe independiente, un anuncio del 2 de noviembre de la
Organización Panamericana de Salud en Washington, parte de la Organización
Mundial de la Salud de la ONU, señaló que “casos sospechosos de cólera
detectados en varias áreas del país continúan siendo investigados”.
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TOMADO DE NUEVO HERALD DE EEUU

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