Montañas, glaciares y mineras
Este martes 11 es el Día Internacional de las Montañas,
fecha instaurada en 2003 por la ONU para crear conciencia global respecto de la
importancia que tienen las montañas para la vida humana y los ecosistemas.
Aparte de una pequeña
celebración para niños de carácter educativo, que anunció el Ministerio de
RR.EE., es preocupante la escasa valoración que existe en Chile no solo de la
fecha, sino que de medidas concretas a favor de las montañas y de los glaciares
que existen en ellas. Algo que cobra especial fuerza si consideramos que en
nuestro país existen 20 mil kilómetros cuadrados de glaciares, de los 26 mil
que hay en el continente Sudamericano.
En una nación como la
nuestra, donde el 70% de la población se abastece del agua proveniente de la
regulación glaciar de las zonas alto-andinas, contar con estas reservas es
fundamental para asegurar el agua potable de la población, la mantención del
medioambiente y de actividades económicas como la agricultura, la minería, la
generación eléctrica, la industria y los centros urbanos.
Así lo han entendido
amplios sectores ciudadanos, académicos y económicos. Sin embargo, industrias
como la minería ha probado ser altamente nociva para la conservación glaciar,
que se vinculan con la construcción de caminos, uso de explosivos, derrames de
aceite, petróleo y tóxicos y la sepultación de glaciares bajo botaderos de
material de descarte. Esta práctica ha provocado además contaminación y
acidificación de las aguas que escurren hacia los ríos, debido a la reacción
química del material extraído en contacto con la atmósfera.
Importantes
académicos internacionales, como Alexander Brenning, han estimado en 3,6
kilómetros cuadrados de superficie glaciar destruida, equivalente a la pérdida
de más de 30 millones de metros cúbicos de agua, debido a explotaciones mineras
en el país, entre 1988 y 2001.
Proyectos como Pascua
Lama, de la empresa canadiense Barrick Gold, intervino los glaciares Esperanza,
Toro I y Toro II. Pero también la División Andina de Codelco ha reducido
irremediablemente la magnitud de recarga glaciar y seguridad hídrica de la
cuenca del Aconcagua; Los Pelambres ha desarrollado desde el año 2005
actividades de explotación minera en la cuenca superior del río Choapa generando
graves impactos sobre los recursos hídricos y afluentes de dicha cuenca y Anglo
American destruyó en las cuencas altas y afluentes de los ríos Mapocho y Maipo,
casi un 1 km2 de glaciares y ahora anuncia la inminente expansión de los
Bronces que afectará el glaciar La Paloma, en el Santuario Natural de Yerba
Loca, que es una de las mayores reservas de agua para la cuenca de Santiago.
Para poner atajo a
esta depredación, organizaciones ecologistas, encabezadas por Chile Sustentable
y agricultores reunidos en la Sociedad Nacional de Agricultura presentaron en
2006 al gobierno un proyecto de Ley para la Protección de Glaciares que, en
síntesis, establecía la protección de éstos como objetos de seguridad estratégica para el
mantenimiento de los ecosistemas, el abastecimiento de las poblaciones humanas
y las actividades productivas. Además estableció una clasificación y la
protección de todos los glaciares, un Registro Nacional de Glaciares
transitorio, y el establecimiento de actividades restringidas y prohibidas de
realizarse en glaciares.
A pesar del
compromiso de patrocinar dicho texto de Ley, el gobierno de Michelle Bachelet
no lo envió a tramitación al Congreso Nacional, debido a la influencia de las
empresas mineras, lo que fue sorteado gracias a la iniciativa del senador
Antonio Horvath por ingresarlo, apoyado por los senadores Alejandro Navarro, Guido Girardi y Rodolfo
Stange. A pesar de su aprobación en dos comisiones, el ejecutivo no lo
patrocinó y no prosperó.
No obstante, en el
marco del Acuerdo de Chagual, la presidenta Bachelet decretó que todos los
proyectos en cuya área de influencia se encuentren glaciares, debían ingresar
al proceso de evaluación ambiental, creando además una Unidad de Glaciología y
Nieves dentro de la Dirección General de Aguas, con miras a elaborar un
inventario nacional de glaciares.
Finalmente el mismo
gobierno durante el 2008 redactó y puso en vigencia una política para la
Protección y Conservación de Glaciares,
en el marco del Plan de Acción frente al Cambio Climático. No obstante, esta
política contiene graves errores conceptuales, tales como la definición de los
glaciares como recursos renovables y no ha generado ningún mecanismo para
reducir las amenazas de la minería sobre los glaciares.
Actualmente las
organizaciones ecologistas, animados por la aprobación y puesta en vigencia de
la Ley de Protección de glaciares en Argentina (Ley 26.639), han solicitado a
los senadores desarchivar la Moción de
Ley para la Protección de glaciares aprobada en general en el Senado en el año
2006, y estudian el perfeccionamiento de su articulado original, para su re-ingreso a la Cámara Alta.
En momentos en que la
industria minera parece cargar toda la importancia económica del país – y en el
que el tema energético está en boca de todos – vale la pena recordar que en
materia glaciar Chile está en deuda y que el descuido legislativo del gobierno
sólo redundará en que la actual escasez hídrica se acreciente en muchos valles.
El cambio climático
puede ser un proceso global, pero la destrucción glaciar por acción humana es
un factor controlable. La riqueza minera, sucia, acotada, finita y para unos
pocos, no es excusa para destruir el patrocinio ambiental de todos.
Por Sara Larraín
Tomado de el ciudadano sugerido en boletín gal

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