martes, 19 de noviembre de 2013

IMPUESTOS AL AGRO EN PARAGUAY

Agro paga muy pocos impuestos
El sector agropecuario es uno de los más importantes dentro de la estructura del PIB paraguayo pero, sin embargo, su aporte a las arcas del Estado es bastante escaso, con un Impuesto a la Renta Agropecuaria (Imagro) que aporta solamente el 0,5% de los ingresos tributarios en el año 2012.
 El monto que este sector colaboró con el Fisco, unos US$ 16 millones, está muy por debajo de su potencial recaudador y el de los valores que este sector maneja como resultados; además con el nivel actual el Estado tampoco puede cubrir el total de las necesidades de financiamiento para inversiones en infraestructura tan necesarias para este sector, cuestiones como rutas, puentes y otras obras que mejoren la capacidad de comunicación interna y externa y ayuden a reducir los costos.
Buscando cubrir esta deficiencia, las autoridades han venido impulsando proyectos de ley para cubrir esta deficiencia, entre estos el “que crea el impuesto a la exportación de la soja, trigo, maíz y girasol en estado natural”.
 Este impuesto es de muy simple aplicación y la posibilidad de evadirlo resulta muy complicada, con lo que se prevé que su aporte al Fisco, el 10% del valor de estos granos que se exportan sin ningún proceso, sea muy importante y ayudaría a aumentar el potencial de actuación del Estado.
 En el proyecto de ley se garantiza que la totalidad de lo recaudado irá a “solventar los programas de inversión en el área social y de creación de obras de infraestructura vial, previstos en el Presupuesto General de la Nación”, dejando libertad de acción a las autoridades a seleccionar proyectos y áreas individuales que consideren mejores excepto un 3% del total que se fija en la ley que deben ir al Ministerio de Agricultura y Ganadería y a los programas previstos en la ley de adultos mayores (2 y 1%, respectivamente).
 POTENCIALIDADES
 Uno de los principales defectos que le achacan a este impuesto sus detractores es que la incidencia impositiva del gravamen recaería en los pequeños productores, ya que los agroexportadores no son necesariamente productores de la soja, sino en muchos casos son intermediarios encargados de centralizar la producción de muchos pequeños productores y venderla al extranjero.
 Así, buscando mantener sus ganancias, disminuirían los  precios pagados a los pequeños productores.
 Para evitar este problema, en el texto del proyecto se menciona un certificado de trazabilidad del que deberá ir acompañado cada carga y a través del cual se podrá demostrar si este producto proviene de un pequeño, mediano o gran productor.
 Si este control sirve efectivamente para que la agricultura familiar quede realmente exenta, estos no deberían de cargar con los costos del impuesto. Si a esto sumamos que los fondos generados se convertirán en obras para el mejoramiento de las infraestructuras existentes y financiamiento para sectores sociales muy dejados de lado, como la tercera edad, esta ley tiene el potencial de convertirse en un instrumento importante dentro de la política fiscal del país.
 VETO
 Mediante el decreto N°487 del 16 de octubre de 2013, el Ejecutivo vetó este proyecto de ley que había sido aprobado en el Congreso, devolviéndole a esta la potestad de decidir sobre su aprobación o no.
 El principal motivo que consideró este poder del Estado para fundamentar su oposición fue que la carga tributaria recaería sobre los productores y no sobre las grandes compañías multinacionales, que son quienes finalmente terminan vendiendo este producto.

Se consideraba así que este gravamen “constituirá un instrumento altamente distorsivo y regresivo”, que además podría convertirse en un castigo al sector productivo en épocas de recesión o caída de la producción. Tomado de 5 días de Paraguay 

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