Los últimos días de las victorias Un plan de la
Municipalidad de Viña del Mar busca eliminar gradualmente estos vehículos. Los
cocheros defienden el oficio y se niegan a desaparecer.
Jorge Trujillo Mario Carvajal conduce victorias hace 40 años
en Viña del Mar. Y así como a su padre no le hizo gracia que con sólo 18 años
comprara el carro, confiesa que tampoco a él le gustaría que sus hijos se
dedicaran a esta actividad, pese a que dos de ellos suelen ayudarlo, durante
los veranos, a cumplir el oficio.
Pero puede que no sea por mucho más tiempo: el Municipio de
Viña del Mar dio a conocer un plan que propone eliminar gradualmente a las
tradicionales victorias de la ciudad.
“Nos atacan a nosotros, los más pobres, la gente más
humilde. ¿Dónde voy a trabajar? Yo no tengo previsión ¿Qué hago yo con mi
familia? Esto me preocupa, y me duele”, dice Carvajal tras conocer la medida,
que contempla la compra, a modo de indemnización, de los 41 coches que aún
subsisten acarrerando a turistas por la Avenida Perú y el entorno del Hotel
O´Higgins.
Atrás quedarán los recuerdos de cuando estos coches eran un
referente cultural para la ciudad jardín. “Una vez me contrataron para la
filmación de La Dama del Balcón; grabamos a las 7.00 y luego a las 20.30. En
este coche también anduvo el Puma Rodríguez, nos sacaron fotos y hasta nos
grabaron”, recuerda.“Ahora no nos dejan circular por la ciudad y nos ponen un
montón de trabas para trabajar. Yo respeto y entiendo a los animalistas, yo
nací con caballos, me duele el maltrato. A mí de chico me exigían limpiarlos,
darles comida y después recién podía sentarme a la mesa a comer. Hay mucho que
ellos desconocen”, manifiesta, recordando una anécdota ocurrida durante uno de
sus viajes, cuando una chica, desde la calle, increpó al turista que
transportaba en la victoria. “El caballo en el que yo ando está vivo, en cambio
el cuero de tu chaqueta y tus botas es de un animal muerto”, se defendió el
pasajero.
Así, mientras el cochero explica por qué se resiste a la
iniciativa municipal, su caballo “Joaquín”, come pasto desde un fardo que tiene
adosado a las riendas. Apenas Mario pronuncia su nombre, el caballo lo mira.
“Lo tengo con todas las vacunas al día y un veterinario lo revisa dos veces al
mes”. Y sobre los maltratos que acusan las agrupaciones animalistas, es tajante
en responder: “Hay carabineros, funcionarios municipales y políticos que hacen
mal su pega. Con nosotros pasa lo mismo. No niego que haya colegas que
maltraten a sus caballos, pero ¿por qué tenemos que pagar todos las
consecuencias?”.
Junto a él, Sergio Larrondo, director de la Sociedad
Protectora de Cocheros, señala que “no queremos indemnizaciones, queremos que
se nos permita seguir trabajando, y no en el Jardín Botánico ni en la Quinta
Vergara. Si es necesario vamos a movilizarnos, y si tenemos que llegar a
Santiago a hablar con la Presidenta, estamos dispuestos”. TOMADO DE LA TERCERA
DE CHILE

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