Armando Nari enfatizó que en Uruguay “no hay ni habrá”
compuesto químico resistente a la resistencia
El doctor Armando Nari manifestó en la víspera durante el
Simposio de “Resistencia y Control de garrapata” de las 44ª Jornadas Uruguayas
de Buiatría realizadas en Paysandú, que los resultados presentados “permiten
repetir un concepto dicho hace muchos años en el Uruguay y es que no hay ni
habrá un compuesto químico resistente a la resistencia”. Paradójicamente, la
propia resistencia “ha sido el único motor para buscar e investigar nuevas
alternativas de control que sean menos dependientes de los productos químicos”,
indicó el reconocido consultor en parasitología.
A un siglo de la primera comunicación de una especie de
artrópodos resistentes a los pesticidas agrícolas, se “han reportado
innumerables casos de resistencia a las garrapatas”. Aclaró que “un siglo es
mucho para nosotros, pero no lo es nada para las poblaciones parasitarias que
utilizan el principio Darwiniano de la sobrevivencia del más adaptado o
resistente y la muerte y desaparición del más débil o susceptible. Este proceso
evolutivo que tiene una base genética compleja y específica para cada principio
activo necesita la presión de selección del acaricida para desarrollar
distintos grados de resistencia”, dijo Nari.
Para el profesional, “es racional pensar que en la próxima
década la erradicación a nivel nacional es posible, pero no probable. Es
posible porque Uruguay se encuentra ubicado en un área geo-climática marginal
para su desarrollo con extensas áreas naturalmente libres del parásito y además
porque se cuenta con una Ley moderna y con la flexibilidad necesaria para
establecer zonas categorizadas como de alto riesgo epidemiológico. Es poco
probable si se mantienen las condiciones actuales, ya que la resistencia será
una limitante crítica si no se logran superar las restricciones”.
Entiende que a nivel de zona y predio, “la erradicación es
posible y altamente deseable, siempre y cuando se la proteja de los productores
omisos e infractores”.
Por el momento, Nari expresó que “disponemos de la
estrategia idónea que es el tratamiento generacional y esto supone que no
podemos esperar hasta nos quedemos con menos de tres principios activos
eficaces a nivel de los establecimientos. Esa es la gravedad que supone la
presencia de la resistencia múltiple, ya que terminará complicando el control”.
Sostiene que “erradicar esas cepas es muy importante, como
también lo es evitar que se produzcan, utilizando un diagnóstico oportuno que
complemente la aplicación del tratamiento generacional. La ley 18.268 prevé la
creación de zonas de riesgo que permitan su erradicación, incentivando incluso
la utilización de las vacunas contra los hemoparásitos”.
Sabido es que la adopción final de prácticas sustentables de
control parasitario dependerá del nivel de capacitación del productor, su grado
de involucramiento y las perspectivas del mercado interno y de exportación.
“Este cambio de aptitud-actitud debe estar apoyado por
políticas provenientes del ámbito gubernamental, universitario, asociaciones de
productores, organismos de extensión e industria farmacéutica. Los objetivos
tienen que ser comunes y realistas. Justamente, este será el gran desafío de
las nuevas generaciones de investigadores, docentes y comunicadores”.
Estableció en su exposición que “es necesario demostrar, a
través del diagnóstico y la investigación local, que las poblaciones de
parásitos también han cambiado (resistencia) y que ese cambio produce
ineficiencia productiva que tendrá un efecto directo sobre el mercado y la
Salud Pública”.
Y agregó que el veterinario de libre ejercicio “será
fundamental para el progreso de la campaña. Para ello deberá estar debidamente
capacitado desde la Universidad y actualizado no solo a través de la
acreditación sino de cursos de Educación Continua. En el mismo sentido y con
igual mensaje, debería ser dirigida la extensión al productor”.
Sostiene que el sector agropecuario se encuentra actualmente
enfrentado “al dilema de producir más, producir mejor (inocuidad alimentaria) y
además, hacerlo en forma amigable con el medio ambiente. Este dilema presenta
algunas contradicciones, difíciles de resolver en tiempos de economías inestables
y mercados incierto”.
Nari indicó que “ahora ya no basta con decir que la
garrapata es importante porque produce U$S 45 millones de pérdidas anuales en
Uruguay o U$S 3.24 billones en Brasil. Es también importante porque atenta
contra la propia sustentabilidad del sistema productivo y el mantenimiento de
mercados rentables. Esto es más fácil de entender si se piensa que casi la
única herramienta eficaz que se dispone para el control de garrapatas son los
compuestos químicos.
Los acaricidas son un recurso no renovable (resistencia) que
cuando se utilizan indiscriminadamente no están excentos de riesgos (residuos,
contaminación ambiental, Salud Pública)”.
Expresó que hoy más que nunca “la inocuidad del
garrapaticida es considerada multifactorial y esto incluye la seguridad del
consumidor (residuos_ en carne/leche), seguridad del operador (Toxicidad
durante la fabricación y aplicación), seguridad para el medio ambiente
(contaminación) y seguridad para aquellas especies que no son objeto de control
(ecotoxicidad)”.
La magnitud e impacto del cambio económico global “es y será
tan fuerte que terminará de cambiar el enfoque de la Salud Animal. Nuestro
país, como fuerte exportador de carne y leche no escapa a esta realidad”.
Armando Nari señaló que la falta de comprobación de la
resistencia a nivel de establecimiento “no significa que el problema no esté
presente; por el contrario, generalmente indica una serie de deficiencias en la
observación del problema en el campo. La utilización a ciegas de los garrapaticidas
o sus combinaciones es la primera práctica que se debe evitar”, puntualizó.
Para el profesional, “el productor se ha transformado en una
variable importante del problema, ya que sus decisiones de compra y uso de
acaricidas provocan diferentes combinaciones genéticas de parásitos
resistentes. Por esta razón, es importante considerar a cada establecimiento
como una unidad epidemiológica aparte, con su diagnóstico y asesoramiento según
el caso”.
El profesional insiste en que se debe determinar el estatus de
sensibilidad o resistencia, a los grupos acaricidas disponibles en el mercado.
Hace tiempo que se sabe que la resistencia no es un fenómeno del “todo o nada”
sino un proceso evolutivo que puede estar en diferentes etapas según el manejo
de los garrapaticidas, incluso en los casos más críticos de resistencia
(resistencia múltiple). TOMADO DE EL TELEGRAFO DE UY

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