El aire será
irrespirable cuando sean dos millones de carros y motos contaminando
Según la Organización Mundial de la Salud, las fuentes
móviles aportan el 80 de la contaminación del aire. FOTO juan antonio sánchez
$30 mil millones invierte al año el Área M. en programas y
tecnología para el aire.
70 millones de litros de agua consume a diario el Valle de
Aburrá, según el Área M.
A pesar de que en Medellín mueren más de tres mil personas
por enfermedades respiratorias, aún no se ha establecido cuál es el impacto
real de la contaminación en esta epidemia de salud.
La visión que tiene el concejal Fabio Humberto Rivera de la
crisis ambiental que vivirá Medellín a 2030 es apocalíptica: para esa fecha,
según las proyecciones, habrá en la ciudad un millón de motos y un millón de
automóviles, lo que indica que el aire será irrespirable, teniendo en cuenta
que 80 % de la contaminación la aportan las fuentes móviles.
Si hoy -con un parque automotor que a 2014 era de 1’234.946
sumando vehículos y motos- los niveles de contaminación son de emergencia,
¿cómo será cuando esa cantidad se duplique?
Lo grave del problema es que no solo está afectada la
movilidad sino que tiene incidencia en la salud, como ratifica el concejal
Simón Molina: “en Medellín se mueren más de 3.000 personas al año por
enfermedades pulmonares y cardiorrespiratorias”, que son las que están
asociadas a la mala calidad del aire.
De allí que la ciudad acaba de declarar como urgente la
realización de un estudio epidemiológico que aclare cuál es el real impacto en
la salud de las partículas contaminantes menores a 2,5 y 10 micras (PM2,5 y
PM10), que emiten las fuentes móviles, casi invisibles y que van directamente a
la sangre y a los pulmones.
“Ya pasamos a medir PM1, como lo hacen otras ciudades del
mundo”, advierte el director del Área Metropolitana, Eugenio Prieto, y pregunta
por qué en otras latitudes sí se asocian estos contaminantes al cáncer y en
Medellín aún no es posible establecerlo.
La Secretaria de Salud de Medellín, médica Claudia Arenas
Pajón, aclara que aún no se ha determinado en la ciudad que las enfermedades
respiratorias tengan como causa concreta la mala calidad del aire que se
respira.
“Específicamente, decir que hoy la problemática ambiental
enferma a las personas no sería real, porque hay muchos determinantes alrededor
de la enfermedad que pueden producir o llevar a las personas a ser más
susceptibles al ambiente”. Es decir, no puede afirmarse tajantemente que el
medio ambiente enferma.
Hasta ahora, los casos de enfermedades respiratorias y de
cáncer pulmonar quedan registrados, pero no está el estudio que diga que su
causa sea la mala calidad del aire.
Ni siquiera, aclara la doctora Arenas Pajón, en la pasada
contingencia ambiental (abril), cuando se elevaron los picos de consulta por
enfermedades respiratorias, se estableció si la mala calidad del aire fue la
causa del fenómeno, porque la emergencia coincidió con un pico de influenza en
Medellín y el país.
A pedido de la Alcaldía, los concejales y el Área
Metropolitana se elaborará un diagnóstico que permita asociar el ambiente y las
enfermedades.
Marcas de la crisis
Pero la ciudad no se puede parquear en el drama del aire
contaminado, que llega a niveles superiores a los 40 o 50 μg/m3 (microgramos
por metro cúbico) de PM 2,5 cuando la OMS (Organización Mundial de la Salud) recomienda
25 como máximo.
El concejal Fabio Rivera recuenta los tres grandes problemas
de Medellín en movilidad y medio ambiente: “respiramos un aire perversamente
sucio, altamente contaminado en PM2,5 y PM10, que son partículas que van a los
pulmones y la sangre, pero también otros como dióxido de carbono, monóxido de
carbono, dióxido de azufre (que sale de las fábricas) y partículas volátiles
que deterioran la salud de manera lenta y progresiva”.
El otro “cáncer” de la ciudad es la accidentalidad, que llega
a los 47.000 accidentes al año, 16.000 de ellos con heridos, y de estos unos
2.500 graves, “con fracturas de pelvis, fémur, tibia o clavícula y más de 270
muertos, lo que constituye un terrible indicador de problemas de salud
pública”.
Otro de los males es el estrés. Los ciudadanos de Medellín
pierden 80 millones de horas en tacos y trancones, “tiempo que podría
invertirse en compartir en familia, caminar, disfrutar la naturaleza”, advierte
el médico Rivera.
El concejal Daniel Carvalho señala que las medidas a tomar
deben ser permanentes y no solo en contingencias.
“Si el 80 % de la contaminación del aire proviene de las
fuentes móviles, en este tema hay que buscar soluciones”, precisa. Uno de los
frentes es mejorar la calidad del combustible. Medellín pasó en diez años de
recibir un combustible de casi 5.000 partes por millón a 50, pero aún se puede
mejorar, dice.
Dejar la cultura del automóvil o, por lo menos, compartirlo,
con estímulos para quien lo haga, será otra medida a tomar para el urbanista
Carvalho, y añade que se deben exigir motores más modernos en el parque
automotor público.
El secretario de Movilidad, Juan Esteban Martínez, aclara
que a Medellín, pese a que se habla de un combustible de 50 partes por millón,
está llegando un diésel de 37 partes, “que es considerado limpio por los
ministerios de Minas y Salud, pero tenemos que avanzar más en la tecnología
para reducir las partículas de azufre en el combustible, como se hace en las
ciudades europeas, que usan un euro 5 o 6”.
Adelanta que con la refinería que se construye en Cartagena,
Ecopetrol surtirá a Medellín en el corto plazo con un combustible mejor. Pero
advierte que será urgente que los camiones y el transporte de carga que cruza
el Valle de Aburrá modernicen sus motores, pues de nada sirve un combustible
más limpio en vehículos de características altamente contaminantes.
El Plan de Desarrollo recién aprobado fija una ruta en
variables que podrían aportar a la mejor calidad del aire: en Movilidad
Sostenible se hará una inversión de $1,5 billones y en Medio Ambiente la suma
será de $1 billón. Entre ambos representan el 19,6% del presupuesto del
cuatrienio, lo que pronostica buenos augurios si se trata de descongestionar la
ciudad y aportarle a la salud de los ciudadanos.
Ya sesiona una Mesa por el aire y la salud, que integran las
entidades y autoridades ambientales de la región; y camina una Alianza por la
Sostenibilidad liderada por el Área Metropolitana.
Los resultados deben verse, pues si se llega a 2030 con la
cifra que pronostica Rivera sin tomar medidas de fondo, Medellín estará para
entonces sumergida en la peor catástrofe ambiental para una urbe
latinoamericana.
En 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ubicó a
Medellín como la novena ciudad más contaminada en Latinoamérica, superada por
Cochabamba (Bolivia), Lima (Perú), Río de Janeiro (Brasil), Monterrey y Toluca,
(México), Guatemala, Tegucigalpa (Honduras) y Belo Horizonte (Brasil). La
capital antioqueña incluso superó a la capital Bogotá, que la supera en
población más de tres veces. El diagnóstico indica que la ciudad se ve afectada
por su topografía, por ser un valle entre montañas que en su parte más ancha tiene
7 kilómetros, una zona donde escasean los vientos, los gases se estancan, no
circulan y generan grandes males para la salud.
GUSTAVO OSPINA ZAPATA Periodista egresado de UPB con especialización
en literatura Universidad de Medellín. El paisaje alucinante, poesía. Premios
de Periodismo Siemens y Colprensa, y Rey de España colectivos. Especialidad,
crónicas. TOMADO DE EL COLOMBIANO


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