Estudios reabren debate sobre transgénicos: piden permisión
La producción con la implementación de transgénicos. |
Wilson Cahuaya
Investigación de transgénicos, revisión y regulación. | Aspectos
destacados de los cultivos trangénicos en 2015. Enid López Camacho
Dos estudios que hace un par de semanas se conocieron, casi
de forma simultánea a nivel internacional, traen nuevamente el tema de los
transgénicos a la mesa del debate. Los mismos concluyen que los “organismos
genéticamente modificados” (OGM, más conocidos como transgénicos) no acarrean
efectos nocivos a la salud. Con la buena noticia en mano, los empresarios
agropecuarios del país reclaman su permisión y calculan un incremento de la
producción en un 30 por ciento.
El primero de estos estudios, de la Academia de Ciencias de
Estados Unidos, concluye que los transgénicos no traen secuelas negativas en la
salud; el segundo, de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la
Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura
(FAO), mantiene que el glifosato, herbicida utilizado en agropecuaria, no es
cancerígeno.
Con este panorama, el presidente de la Cámara Agropecuaria
del Oriente (CAO), Julio Roda, vuelve a sugerir al Gobierno que el uso de
transgénicos que ya se emplea en la soya se amplíe a los rubros del algodón y
el maíz. "Hay muchos problemas con gusanos, con la fumigación permanente
contra hierbas y maleza. Se ha comprobado que el uso de eso (transgénicos) los
hace más competitivos y eficientes y más seguros en su siembra", afirma
Roda.
En tanto, el gerente general de la Asociación de Productores
de Oleaginosas y Trigo (Anapo), Rolando Zabala, resalta que con un manejo
apropiado de suelos y la implementación de biotecnología, la producción puede
subir un 30 por ciento.
De la misma manera, añade que los cultivos de rotación como
el sorgo, chía, trigo, frijol y girasol incrementarían sus niveles de
producción debido a la mayor capacidad de productividad de los
agricultores.
agricultores.
El comité conformado por 20 miembros de la Academia revisó
900 estudios científicos sobre cultivos genéticamente modificados focalizados,
justamente, en el maíz, algodón y soya.
"El estudio da cuenta que los agricultores que
utilizaron semillas genéticamente mejoradas obtuvieron mejor resultado por la
disminución del uso de pesticidas y el aumento de su producción”, explica la
experta en agrobiotecnología del Instituto Boliviano de Comercio Exterior
(IBCE), Cecilia González.
Actualmente, la soya RR resistente al glifosato es el único
elemento liberado en Bolivia. Según Zabala, el uso de biotecnología traería
consigo menos contaminación por el uso de pesticidas y plaguicidas, menos
empleo de diésel y maquinaria agrícola y mejor calidad de vida de pequeños
productores.
Retraso
Según Roda, Bolivia no es competitivo a nivel internacional
con países como Argentina y Brasil donde se desarrolló el uso de la
biotecnología. Explica, como ejemplo, que en Argentina el maíz
transgénico rinde hasta 10 toneladas por hectárea frente a las 3,5 toneladas de
maíz regular en Bolivia.
"Llegamos con mucho mayor costo, fumigamos siete veces
contra gusanos, ellos no fumigan ni una sola vez. Cada aplicación de
fosforado (agroquímico) cuesta unos 30 dólares por hectárea más cinco
dolares por la aplicación", señala.
En tanto, el Colegio de Agrónomos de La Paz propone un
debate público nacional sobre las semillas genéticamente modificadas para
determinar de manera científica si el país las requiere o no para mejorar el
rendimiento de sus cultivos y su resistencia a los efectos climáticos.
En una entrevista anterior con este medio, la viceministra
de Desarrollo Rural y Agropecuario, Marisol Solano, declaró que el Gobierno no
conoce oficialmente los estudios sobre organismos genéticamente modificados,
aunque aclaró que los solicitará para el análisis y que no se cierra al debate
sobre el tema.
Por ahora, el Gobierno puso en vigor una norma que exige la
inclusión progresiva, hasta 2018, de etiquetas especiales en los alimentos
producidos en el país o importados que contengan o deriven de OGM, según
anunció la ministra de Medio Ambiente y Aguas, Alexandra Moreira.
APIA
• Juan Mario Rojo, presidente de la Asociación de
Proveedores de Insumos Agropecuarios (APIA), lamenta que la desinformación
acerca de las tecnologías que se plantean para garantizar la seguridad
alimentaria mundial hayan creado "un escenario irreal de preocupación
sobre el manejo de los agroquímicos".
• Rojo señala que existe un compromiso de su sector para
investigar y difundir los resultados de tales tecnologías, que tienen como foco
final el generar más y mejores alimentos para la humanidad.
SUGIEREN REABRIR EL DEBATE
Aopeb: Producción de forma natural no compensa
costos
El exsecretario general y miembro activo de la Asociación de
Organizaciones de Productores Ecológicos de Bolivia (Aopeb), Jaime Belén Copa,
pide debatir sobre la implementación de los organismos genéticamente
modificados (OGM) en Bolivia para respaldar su postura en defensa de la
producción orgánica.
"Sería muy lindo reunirnos con otras organizaciones
para hablar más sobre esto y el impacto que causa esto (los OGM) que no sólo
daña a los seres humanos, sino también a los animales", dijo.
El debate sobre el uso de los transgénicos en Bolivia se
abrió en 2015, tras la realización de la cumbre del agro "Sembrando
Bolivia", pero quedó inconcluso.
Durante su discurso en esa ocasión, el presidente del
Estado, Evo Morales, desafió a los productores orgánicos a abastecer la demanda
interna para prohibir el uso de transgénicos.
"No tenemos que cansarnos de debatir. Eso quisiera
decir que estamos conformes. Sería nuevamente hablar de este tema", afirmó
Belén.
Según Belén, actualmente es complicado satisfacer la demanda
interna con productos orgánicos, porque no reciben fomentos del Gobierno para incrementar
sus niveles de producción.
"Es muy costoso producir orgánicamente viendo la
realidad de otros países donde empresas estatales están produciendo arroz y
quinua", explica.
Belén se dedica a la producción de quinua orgánica y desde
su experiencia explica que es "complicado" competir en el mercado
externo, pues producir orgánicamente una hectárea de quinua cuesta hasta 8 mil
bolivianos según el factor climatológico.
El rendimiento por hectárea bordea los 20 quintales, que,
según él, derivan en un saldo que devela que el costo de producción no se
compensa con el de comercialización. El quintal de quinua se comercializa en
700 bolivianos normalmente, pero en el mercado negro llega a costar hasta 400.
Según Belén la situación de la quinua producida orgánicamente
se repite en otros rubros como las hortalizas, la papa y el cacao.
"Nosotros como organización trabajamos en eso, todavía a los que estamos
asociados nos compran por un precio justo en mercados como Italia y
Francia", añade.
Actualmente, Aopeb cuenta con 80 organizaciones afiliadas
que aglutinan a 8.000 productores orgánicos en todo el país.
La Aopeb fomenta la producción, la industrialización y la
comercialización de productos orgánicos. Maneja alrededor de siete rubros,
entre los que se destacan la quinua y la papa.
"Tenemos aceptación en el mercado y poco a poco estamos
entrando en los supermercados porque no es tan fácil producir, embotellar y
sacar por los registros de Senasag", dijo.
OPINIONES Silvia Vale, productora Lo que
queremos es evitar la contaminación del medio ambiente con tecnología avanzada.
Así tendríamos variedades resistentes a las plagas porque por culpa de esas
plagas hemos tenido bajos rendimientos. Queremos biotecnología, eso es lo que
nosotros pedimos.
Susano Terceros Hemos pedido que avancemos en el uso de la
biotecnología, Bolivia es un país sin biotecnología y sin los nuevos eventos
genéticamente modificados. El Gobierno nos debe ayudar para que nosotros
sigamos produciendo, porque es lo único que sabemos producir.
IBCE: CECILIA GONZÁLES, ESPECIALISTA EN AGROBIOTECNOLOGÍA
Bolivia podría demorar hasta 10 años en entrar en ritmo
Brasil, Argentina, México y Colombia son los países donde se
desarrollaron los cultivos genéticamente modificados desarrollados, ya sea en
instituciones educativas o en pequeñas compañías productoras que no tienen
necesariamente relación con grandes transnacionales que la gente siempre ataca.
La ventaja de ellos es que están viendo cuáles son sus
necesidades y requisitos, y están desarrollando los cultivos para
responder y hacer frente a sus propios problemas sin importar la
tecnología.
En los últimos 10 años, se tiene desarrollada una
infraestructura que les permite dar esta respuesta cuando aquí nos hemos
quedado en pañales y no podemos dar esa respuesta.
Muchas veces el sector agrícola pide directamente
implementar estas tecnologías desarrolladas, porque no hemos podido hacer
frente a los ataques que están sufriendo los cultivos.
Para que Bolivia entre en el mismo ritmo estamos hablando
por lo menos de cinco a 10 años porque sólo el desarrollar el tema normativo y
administrativo es bastante complejo.
Involucra al menos a cuatro o cinco ministerios para ver
quién va a jugar y qué rol, y qué responsabilidades van a tener las
instituciones en planificar la necesidad a nivel científico y técnico para
desarrollar el proceso de evaluación, monitoreo y control.
Por otro lado, está el tema de desarrollar las variedades
que pueden ser genéticamente modificadas no sólo con la transgénesis, sino
también con técnicas más avanzadas y precisas que respondan a problemas que
tenemos en el agro como las nuevas plagas y la resistencia a la sequía, que
tanto se necesitan.
Tenemos que empezar a sentarnos a discutir, pero tiene que
ser una discusión sin sentimientos ni ideologías. Si estamos hablando de
ciencia, hablemos con ciencia, no sólo con mitos o supuestos ni dichos que corren
por la ciudad.
En muchos países se ha discutido inicialmente de forma
interna y luego han empezado a compartir con la sociedad. TOMADO DE LOS TIEMPOS
DE BOLIVIA


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