miércoles, 21 de octubre de 2015

POSICIONAMIENTO POLÍTICO por Cambio Climático redes de sociedad civil

Posicionamiento político ante las negociaciones de un nuevo acuerdo climático global
Red Global de Organismos de Sociedad Civil para la Reducción del Riesgo de Desastres - Capítulo América Latina y el Caribe
Introducción En diciembre de 2015 se celebrará una nueva ronda de negociaciones de la Conferencia de las Partes (COP) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) en París y en la cual se persigue aprobar un nuevo acuerdo climático global para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que suceda al fallido Protocolo de Kyoto. Este último fue acordado en 1994 con el objetivo primordial de reducir las emisiones en un 5% en relación a los niveles de emisiones de GEI de 1990, algo que en la práctica no se ha logrado. Muy por el contrario desde entonces dichas emisiones han aumentado sin que los países realicen esfuerzos por modificar sus matrices energéticas y patrones de consumo excesivo para actuar consecuentemente con los compromisos adquiridos en la CMNUCC. La coyuntura actual tendrá grandes implicaciones estructurales, por ello la Red Global de Organismos de Sociedad Civil para la Reducción del Riesgo de Desastres (GNDR por sus siglas en inglés) integrada por más de 850 organizaciones de 137 países ha considerado pertinente pronunciarse ante las tendencias de profundización del cambio climático y las amenazas para los sistemas socionaturales que esto implica. Sequías, inundaciones, incendios forestales, fenómeno El Niño y huracanes muy probablemente registrarán incrementos en frecuencia, intensidad y fechas de presentación conformando así un mayor nivel de riesgo de desastres que afectan mayormente a comunidades con altos niveles de exposición y vulnerabilidad técnica, económica, ambiental y social.
Este documento ofrece una reseña del proceso de las negociaciones globales sobre cambio climático enfatizando en la coyuntura actual, la cual reviste especial importancia en tanto que puede culminar con un nuevo acuerdo climático de implicaciones globales. Además propone la implementación de políticas y medidas de adaptación al cambio climático orientadas a la reducción de la exposición y vulnerabilidad debido a que estos son los factores con mayor peso relativo en la configuración del riesgo de desastres y sus impactos, uno de los impactos más importantes de la variabilidad y el cambio climático. Finalmente, recapitula el posicionamiento político de la GNDR ante el proceso global de negociaciones climáticas y el reto que entraña la reversión de las tendencias hacia el incremento de los impactos de los desastres.
I. Ruta y estado actual de las negociaciones globales de respuesta al cambio climático
Desde 2007 se inició un primer período de crisis de las negociaciones globales sobre cambio climático que por entonces giraban en torno a la denominada Ruta de Balí, la cual fue acordada para elaborar, consensar y adoptar un nuevo acuerdo climático global en temas fundamentales que incluían financiamiento, adaptación, Protocolo de Kyoto y  transferencia tecnológica. Pese a que entre la adopción de la Ruta de Balí y la reunión intersesional celebrada en Bangkok en octubre 2009 se alcanzaron importantes avances en los documentos borradores de acuerdos temáticos que ya se contaban por decenas, en la COP15 de diciembre de ese mismo año en Copenhague se desconocieron esos acuerdos previos para proponer el también fallido Acuerdo de Copenhague.
Desde aquel momento el proceso de negociación del nuevo acuerdo climático global se ha desarrollado bajo un clima de flexibilización, laxitud y cuestionamiento del carácter multilateral de la CMNUCC. Muestra de ello es la propuesta del mencionado Acuerdo de Copenhague para que cada país –de forma unilateral-- asumiera sus propias metas de reducción de emisiones, idea que luego ha tomado cuerpo con el acuerdo de la COP20 en Lima que apunta a que cada país elabore un informe de Contribuciones Previstas Determinadas Nacionalmente (INDC por sus siglas en inglés). Este informe deberá contener una propuesta de reducción de emisiones que consideren las capacidades nacionales de cada país, las acciones nacionales de mitigación apropiadas (NAMA por sus siglas en inglés), los planes nacionales de adaptación y las comunicaciones nacionales sobre cambio climático.
Así las cosas, las metas dependerán de lo que cada país considere apropiado de acuerdo a los estudios correspondientes que debieron haber sido elaborados previamente para los efectos, asunto que en realidad no ha sido la tónica general. Así las cosas los retos de cara a la negociación de un nuevo acuerdo global no solamente estriban a que el régimen multilateral de la CMNUCC está debilitado, sino también a que muchos países están incumpliendo plazos para la entrega de sus INDC o bien lo incumplirán, habida cuenta de que el 1 de octubre de 2015 vence el segundo plazo establecido en el Acuerdo de Lima adoptado por la COP 20 en diciembre de 2014. Para el 28 de septiembre, de entre el grupo latinoamericano únicamente México, Colombia, Brasil, Perú, República Dominicana  y Chile son los países que han presentado sus INDC, los demás se encontraría en proceso de consulta a solo dos días de finalizar el plazo.
En buenas cuentas se está en un momento crucial para definir el futuro de la CMNUCC y de la ruta de respuesta al cambio climático, tanto porque están en juego las metas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), como porque también se están abriendo las puertas para la adopción e implementación  de políticas y medidas de adaptación vitales para reducir el riesgo de desastres, el impacto de los mismos y, al mismo tiempo, promover la seguridad y dignidad humana. Este contexto es propicio para revisar nuevamente la importancia que la respuesta, y sobre todo la adaptación, al cambio climático tiene para América Latina en un contexto de continuo incremento del riesgo e impacto de los desastres que demanda la adopción de políticas y medidas prioritarias orientadas a reducir la exposición y vulnerabilidad de los sistemas socionaturales, habida cuenta que las amenazas climáticas ya son evidentes y no pueden ser revertidas con la misma eficacia que procesos y factores sociales.
II. La respuesta al cambio climático debe enfatizar en la reducción de la exposición y vulnerabilidad
Independientemente de sí la CMNUCC logra su objetivo último de mantener un incremento en la temperatura en el rango de 1.5° a 2° C. en relación a la era preindustrial, la situación de amplios estratos de la población de América Latina y de los países en desarrollo justifica con creces la implementación de medidas de adaptación a las condiciones de alto riesgo de desastres prevalecientes aún sin considerar el cambio climático. De acuerdo a estadísticas consolidadas, entre 1990 y 2011 los registros de desastres en América Latina experimentaron un fuerte incremento pasando de 1,773 registros por año en el quinquenio 1990-1995 a un sorprendente promedio de 7,359 registros por año en el quinquenio 2007-2011, lo cual implica un incremento de 315%. 
No toda esta dinámica obedece al cambio en el clima, la mayor parte se origina en la exposición y vulnerabilidad de los sistemas humanos, consecuentemente, es fundamental que las sociedades más afectadas por el riesgo y los desastres asuman compromisos y desarrollen acciones para mejorar las condiciones de seguridad humana y los niveles de desarrollo de sus sociedades. Solo por esta vía puede garantizarse que el clima no será una amenaza permanente y creciente dados los escenarios actuales que muestran que las emisiones de GEI lejos de disminuir, han aumentado en las últimas décadas de vigencia del Protocolo de Kyoto, mismas en que paradójicamente también se ha generado un creciente y generalizado interés en las negociaciones de un nuevo acuerdo climático global.
Ante ello debe de resaltarse el hecho de que, de la misma manera que no existe adaptación posible si no se reducen las emisiones a niveles mayores al 25% en relación a 1990, tampoco existirá si no se abordan los problemas de fondo que están a la base de la exposición y la vulnerabilidad de la mayoría de la población de América Latina y el Caribe. Esto implica abordar una serie de temas sectoriales y asumir un enfoque de desarrollo sostenible, coherente y consistente con los esfuerzos de adaptación, estos temas sectoriales comprenden la agricultura, fortalecimiento de capacidades locales, vivienda, transporte, energía, medio ambiente y relaciones internacionales, para mencionar los más relevantes.
III. Posicionamiento de la GNDR ante el proceso actual de negociación de un nuevo acuerdo global de respuesta al cambio climático
Por todo lo anterior, el capítulo América Latina de la GNDR considera que existen cinco elementos vitales que deben retomarse en las próximas negociaciones de un nuevo acuerdo climático global.
a.         Exigir de los países desarrollados el cumplimiento de sus compromisos previos en materia de reducción de emisiones, transferencia tecnológica, adaptación, financiamiento y educación, entre otros. Independientemente del nuevo acuerdo que se adopte en la próxima COP de París, existen ya compromisos de los países desarrollados para colaborar con los países en vías de desarrollo por los impactos observados y proyectados del clima que no debe ser soslayados, por el contrario, deben reivindicarse en el nuevo acuerdo pues de lo contrario la adaptación al clima actual y futuro simplemente  no es viable.
b.         Evitar la adopción de falsas soluciones al cambio climático. Medidas relacionadas con el mercado de carbono, conservación de bosques, reforestación y todo lo relacionado con preservar el carbono en la tierra son deseables pero no deben constituirse sin más en la prioridad. Lo fundamental es que las emisiones de GEI sean reducidas en su fuente, es decir, en los países desarrollados para que puedan tenerse previsiones confiables sobre el comportamiento de la concentración de GEI en la atmósfera.
c.         Exigir a los gobiernos latinoamericanos la presentación en tiempo y forma de sus INDC. Como se detalló en el apartado “I” los países han asumido una serie de compromisos en términos de formulación, plazos y seguimiento que están a punto de ser incumplidos por una buena cantidad de países que no han desarrollado los procesos de investigación necesarios para comunicar INDC fundamentados científicamente y que realmente reflejan las capacidades y compromisos viables de ser asumidos por cada país. Es por ello que resulta fundamental para el futuro de la CMNUCC y el combate al cambio climático la contraloría de sociedad civil organizada de cada país y a nivel global al momento de las negociaciones finales.
d.         Dar seguimiento e incidir para que las INDC calculadas a nivel global guarden coherencia con las metas de mitigación identificadas por la ciencia del clima. Se ha estimado que los países desarrollados deben reducir sus emisiones entre un 25-40% en relación a 1990 para el año 2020; una meta muy lejana al 5% establecida en el Protocolo de Kyoto y que no será alcanzada en esa fecha con las tendencias globales hacia el incremento de emisiones y concentraciones de GEI observada en las últimas dos décadas. Este contexto plantea un complejo escenario para las próximas negociaciones pues refleja resistencia de los países desarrollados a asumir las metas definidas por el criterio científico y es, consecuentemente, uno de los puntos más sensibles que debe abordar el nuevo acuerdo global de respuesta al cambio climático.
e.         Latinoamérica y los países en desarrollo requieren de iniciativas tendientes a la reducción de la exposición y vulnerabilidad al clima presente y futuro. Sin negar la importancia de la reducción de las emisiones de los GEI para la mitigación del cambio climático, lo cierto es que es fundamental la transformación de decenas de miles de asentamientos humanos vulnerables a lo largo y ancho de América Latina. No cabe duda que desde ya la realidad muestra que el incremento en los impactos de los desastres obedece en lo fundamental a las condiciones objetivas de vulnerabilidad y la exposición a las amenazas, por lo mismo, un escenario de cambio climático acelerado justifica aún más una intervención en estos ámbitos, sobre todo considerando que la emisión de GEI y el cambio climático están en franco avance.
Las negociaciones sobre cambio climático se encuentran en una etapa crítica para definir la futura dinámica de los eventos climáticos, en el escenario actual puede preverse un incremento de las amenazas climáticas que afectaran cada vez más a los sistemas socionaturales más expuestos y vulnerables a causa de mismas dinámicas del tipo de desarrollo insostenible que ha sido implementado en la mayoría de países.
La sociedad civil global se encuentra ante el reto de trascender el papel de mera observadora del proceso de negociación e incidir efectivamente en los contenidos del nuevo acuerdo global sobre cambio climático. Esto pasa necesariamente por un mayor nivel de conocimiento, involucramiento, cohesión e interlocución con los gobiernos nacionales y con los mecanismos de toma de decisiones de la CMNUCC.

Un paso necesario es la adopción de posturas informadas por criterios científicos, combinado con una estrategia de incidencia hacia los gobiernos y negociadores de los países latinoamericanos para formar un frente común que reivindique objetivos fundamentales de reducción de las emisiones de GEI y adaptación basada en la reducción de la exposición y vulnerabilidad de los sistemas humanos más desfavorecidos. TOMADO DE ENVIO EN RED FOROBA 

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