Posicionamiento político ante las negociaciones de un nuevo
acuerdo climático global
Red Global de Organismos de Sociedad Civil para la Reducción
del Riesgo de Desastres - Capítulo América Latina y el Caribe
Introducción En
diciembre de 2015 se celebrará una nueva ronda de negociaciones de la
Conferencia de las Partes (COP) de la Convención Marco de las Naciones Unidas
sobre Cambio Climático (CMNUCC) en París y en la cual se persigue aprobar un
nuevo acuerdo climático global para la reducción de emisiones de gases de
efecto invernadero (GEI) que suceda al fallido Protocolo de Kyoto. Este último
fue acordado en 1994 con el objetivo primordial de reducir las emisiones en un
5% en relación a los niveles de emisiones de GEI de 1990, algo que en la
práctica no se ha logrado. Muy por el contrario desde entonces dichas emisiones
han aumentado sin que los países realicen esfuerzos por modificar sus matrices
energéticas y patrones de consumo excesivo para actuar consecuentemente con los
compromisos adquiridos en la CMNUCC. La coyuntura actual tendrá grandes
implicaciones estructurales, por ello la Red Global de Organismos de Sociedad
Civil para la Reducción del Riesgo de Desastres (GNDR por sus siglas en inglés)
integrada por más de 850 organizaciones de 137 países ha considerado pertinente
pronunciarse ante las tendencias de profundización del cambio climático y las
amenazas para los sistemas socionaturales que esto implica. Sequías,
inundaciones, incendios forestales, fenómeno El Niño y huracanes muy
probablemente registrarán incrementos en frecuencia, intensidad y fechas de
presentación conformando así un mayor nivel de riesgo de desastres que afectan
mayormente a comunidades con altos niveles de exposición y vulnerabilidad
técnica, económica, ambiental y social.
Este documento ofrece una reseña del proceso de las
negociaciones globales sobre cambio climático enfatizando en la coyuntura
actual, la cual reviste especial importancia en tanto que puede culminar con un
nuevo acuerdo climático de implicaciones globales. Además propone la
implementación de políticas y medidas de adaptación al cambio climático
orientadas a la reducción de la exposición y vulnerabilidad debido a que estos
son los factores con mayor peso relativo en la configuración del riesgo de
desastres y sus impactos, uno de los impactos más importantes de la
variabilidad y el cambio climático. Finalmente, recapitula el posicionamiento
político de la GNDR ante el proceso global de negociaciones climáticas y el
reto que entraña la reversión de las tendencias hacia el incremento de los
impactos de los desastres.
I. Ruta y estado actual de las negociaciones globales de
respuesta al cambio climático
Desde 2007 se inició un primer período de crisis de las
negociaciones globales sobre cambio climático que por entonces giraban en torno
a la denominada Ruta de Balí, la cual fue acordada para elaborar, consensar y
adoptar un nuevo acuerdo climático global en temas fundamentales que incluían
financiamiento, adaptación, Protocolo de Kyoto y transferencia tecnológica. Pese a que entre
la adopción de la Ruta de Balí y la reunión intersesional celebrada en Bangkok
en octubre 2009 se alcanzaron importantes avances en los documentos borradores
de acuerdos temáticos que ya se contaban por decenas, en la COP15 de diciembre
de ese mismo año en Copenhague se desconocieron esos acuerdos previos para
proponer el también fallido Acuerdo de Copenhague.
Desde aquel momento el proceso de negociación del nuevo
acuerdo climático global se ha desarrollado bajo un clima de flexibilización,
laxitud y cuestionamiento del carácter multilateral de la CMNUCC. Muestra de
ello es la propuesta del mencionado Acuerdo de Copenhague para que cada país
–de forma unilateral-- asumiera sus propias metas de reducción de emisiones,
idea que luego ha tomado cuerpo con el acuerdo de la COP20 en Lima que apunta a
que cada país elabore un informe de Contribuciones Previstas Determinadas
Nacionalmente (INDC por sus siglas en inglés). Este informe deberá contener una
propuesta de reducción de emisiones que consideren las capacidades nacionales
de cada país, las acciones nacionales de mitigación apropiadas (NAMA por sus
siglas en inglés), los planes nacionales de adaptación y las comunicaciones
nacionales sobre cambio climático.
Así las cosas, las metas dependerán de lo que cada país
considere apropiado de acuerdo a los estudios correspondientes que debieron
haber sido elaborados previamente para los efectos, asunto que en realidad no
ha sido la tónica general. Así las cosas los retos de cara a la negociación de
un nuevo acuerdo global no solamente estriban a que el régimen multilateral de
la CMNUCC está debilitado, sino también a que muchos países están incumpliendo
plazos para la entrega de sus INDC o bien lo incumplirán, habida cuenta de que
el 1 de octubre de 2015 vence el segundo plazo establecido en el Acuerdo de
Lima adoptado por la COP 20 en diciembre de 2014. Para el 28 de septiembre, de
entre el grupo latinoamericano únicamente México, Colombia, Brasil, Perú,
República Dominicana y Chile son los
países que han presentado sus INDC, los demás se encontraría en proceso de
consulta a solo dos días de finalizar el plazo.
En buenas cuentas se está en un momento crucial para definir
el futuro de la CMNUCC y de la ruta de respuesta al cambio climático, tanto
porque están en juego las metas de reducción de emisiones de gases de efecto
invernadero (GEI), como porque también se están abriendo las puertas para la
adopción e implementación de políticas y
medidas de adaptación vitales para reducir el riesgo de desastres, el impacto
de los mismos y, al mismo tiempo, promover la seguridad y dignidad humana. Este
contexto es propicio para revisar nuevamente la importancia que la respuesta, y
sobre todo la adaptación, al cambio climático tiene para América Latina en un
contexto de continuo incremento del riesgo e impacto de los desastres que
demanda la adopción de políticas y medidas prioritarias orientadas a reducir la
exposición y vulnerabilidad de los sistemas socionaturales, habida cuenta que
las amenazas climáticas ya son evidentes y no pueden ser revertidas con la
misma eficacia que procesos y factores sociales.
II. La respuesta al cambio climático debe enfatizar en la
reducción de la exposición y vulnerabilidad
Independientemente de sí la CMNUCC logra su objetivo último
de mantener un incremento en la temperatura en el rango de 1.5° a 2° C. en
relación a la era preindustrial, la situación de amplios estratos de la
población de América Latina y de los países en desarrollo justifica con creces
la implementación de medidas de adaptación a las condiciones de alto riesgo de
desastres prevalecientes aún sin considerar el cambio climático. De acuerdo a
estadísticas consolidadas, entre 1990 y 2011 los registros de desastres en
América Latina experimentaron un fuerte incremento pasando de 1,773 registros
por año en el quinquenio 1990-1995 a un sorprendente promedio de 7,359
registros por año en el quinquenio 2007-2011, lo cual implica un incremento de
315%.
No toda esta dinámica obedece al cambio en el clima, la
mayor parte se origina en la exposición y vulnerabilidad de los sistemas
humanos, consecuentemente, es fundamental que las sociedades más afectadas por
el riesgo y los desastres asuman compromisos y desarrollen acciones para mejorar
las condiciones de seguridad humana y los niveles de desarrollo de sus
sociedades. Solo por esta vía puede garantizarse que el clima no será una
amenaza permanente y creciente dados los escenarios actuales que muestran que
las emisiones de GEI lejos de disminuir, han aumentado en las últimas décadas
de vigencia del Protocolo de Kyoto, mismas en que paradójicamente también se ha
generado un creciente y generalizado interés en las negociaciones de un nuevo
acuerdo climático global.
Ante ello debe de resaltarse el hecho de que, de la misma
manera que no existe adaptación posible si no se reducen las emisiones a
niveles mayores al 25% en relación a 1990, tampoco existirá si no se abordan
los problemas de fondo que están a la base de la exposición y la vulnerabilidad
de la mayoría de la población de América Latina y el Caribe. Esto implica
abordar una serie de temas sectoriales y asumir un enfoque de desarrollo
sostenible, coherente y consistente con los esfuerzos de adaptación, estos
temas sectoriales comprenden la agricultura, fortalecimiento de capacidades
locales, vivienda, transporte, energía, medio ambiente y relaciones
internacionales, para mencionar los más relevantes.
III. Posicionamiento de la GNDR ante el proceso actual de
negociación de un nuevo acuerdo global de respuesta al cambio climático
Por todo lo anterior, el capítulo América Latina de la GNDR
considera que existen cinco elementos vitales que deben retomarse en las
próximas negociaciones de un nuevo acuerdo climático global.
a. Exigir de
los países desarrollados el cumplimiento de sus compromisos previos en materia
de reducción de emisiones, transferencia tecnológica, adaptación,
financiamiento y educación, entre otros. Independientemente del nuevo acuerdo
que se adopte en la próxima COP de París, existen ya compromisos de los países
desarrollados para colaborar con los países en vías de desarrollo por los
impactos observados y proyectados del clima que no debe ser soslayados, por el
contrario, deben reivindicarse en el nuevo acuerdo pues de lo contrario la
adaptación al clima actual y futuro simplemente
no es viable.
b. Evitar la
adopción de falsas soluciones al cambio climático. Medidas relacionadas con el
mercado de carbono, conservación de bosques, reforestación y todo lo
relacionado con preservar el carbono en la tierra son deseables pero no deben
constituirse sin más en la prioridad. Lo fundamental es que las emisiones de
GEI sean reducidas en su fuente, es decir, en los países desarrollados para que
puedan tenerse previsiones confiables sobre el comportamiento de la
concentración de GEI en la atmósfera.
c. Exigir a los
gobiernos latinoamericanos la presentación en tiempo y forma de sus INDC. Como
se detalló en el apartado “I” los países han asumido una serie de compromisos
en términos de formulación, plazos y seguimiento que están a punto de ser
incumplidos por una buena cantidad de países que no han desarrollado los
procesos de investigación necesarios para comunicar INDC fundamentados
científicamente y que realmente reflejan las capacidades y compromisos viables
de ser asumidos por cada país. Es por ello que resulta fundamental para el
futuro de la CMNUCC y el combate al cambio climático la contraloría de sociedad
civil organizada de cada país y a nivel global al momento de las negociaciones
finales.
d. Dar
seguimiento e incidir para que las INDC calculadas a nivel global guarden
coherencia con las metas de mitigación identificadas por la ciencia del clima.
Se ha estimado que los países desarrollados deben reducir sus emisiones entre
un 25-40% en relación a 1990 para el año 2020; una meta muy lejana al 5% establecida
en el Protocolo de Kyoto y que no será alcanzada en esa fecha con las
tendencias globales hacia el incremento de emisiones y concentraciones de GEI
observada en las últimas dos décadas. Este contexto plantea un complejo
escenario para las próximas negociaciones pues refleja resistencia de los
países desarrollados a asumir las metas definidas por el criterio científico y
es, consecuentemente, uno de los puntos más sensibles que debe abordar el nuevo
acuerdo global de respuesta al cambio climático.
e. Latinoamérica
y los países en desarrollo requieren de iniciativas tendientes a la reducción
de la exposición y vulnerabilidad al clima presente y futuro. Sin negar la
importancia de la reducción de las emisiones de los GEI para la mitigación del
cambio climático, lo cierto es que es fundamental la transformación de decenas
de miles de asentamientos humanos vulnerables a lo largo y ancho de América
Latina. No cabe duda que desde ya la realidad muestra que el incremento en los
impactos de los desastres obedece en lo fundamental a las condiciones objetivas
de vulnerabilidad y la exposición a las amenazas, por lo mismo, un escenario de
cambio climático acelerado justifica aún más una intervención en estos ámbitos,
sobre todo considerando que la emisión de GEI y el cambio climático están en
franco avance.
Las negociaciones sobre cambio climático se encuentran en
una etapa crítica para definir la futura dinámica de los eventos climáticos, en
el escenario actual puede preverse un incremento de las amenazas climáticas que
afectaran cada vez más a los sistemas socionaturales más expuestos y
vulnerables a causa de mismas dinámicas del tipo de desarrollo insostenible que
ha sido implementado en la mayoría de países.
La sociedad civil global se encuentra ante el reto de trascender
el papel de mera observadora del proceso de negociación e incidir efectivamente
en los contenidos del nuevo acuerdo global sobre cambio climático. Esto pasa
necesariamente por un mayor nivel de conocimiento, involucramiento, cohesión e
interlocución con los gobiernos nacionales y con los mecanismos de toma de
decisiones de la CMNUCC.
Un paso necesario es la adopción de posturas informadas por
criterios científicos, combinado con una estrategia de incidencia hacia los
gobiernos y negociadores de los países latinoamericanos para formar un frente
común que reivindique objetivos fundamentales de reducción de las emisiones de
GEI y adaptación basada en la reducción de la exposición y vulnerabilidad de
los sistemas humanos más desfavorecidos. TOMADO DE ENVIO EN RED FOROBA

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