José Mujica: "Si a la izquierda le toca perder terreno,
que lo pierda y aprenda"
Para el ex mandatario uruguayo, lo que vive Brasil es una
"crisis de confianza" que tiene paralizado al país; admitió que la
corrupción es un problema dominante en la región Ramiro Pellet Lastra Foto:
Walter Sangroni / José "Pepe" Mujica dejó la presidencia uruguaya el
año pasado, pero el actual senador nunca abandonó la política local. Y mucho
menos se dejó de interesar por la política de América latina, de la que alguna
vez fue visto como uno de los estandartes de la izquierda moderada, que miraba
a la distancia los excesos del chavismo y otros febriles seguidores del
populismo regional.
En diálogo con LA NACION, Mujica dijo que en el contexto
político del continente, con retrocesos electorales, caídas de popularidad y
crisis institucionales en diversos países, "si a la izquierda le toca
perder terreno, que lo pierda y aprenda".
-Su visita coincide con la fuerte crisis que vive Brasil, un
país que usted conoce muy bien.
-Brasil tiene una
crisis de confianza. A mí no me preocupan los que van a las manifestaciones de
un lado o del otro; me preocupan los que van a quedar desocupados, los que no
tienen trabajo. La crisis política ha generado una crisis de carácter
económico; se retroalimentan: hay una crisis de confianza y, entonces, la
economía está paralizada. Una economía necesita un cierto margen mínimo de
confianza porque, si no, no hay juego económico, y eso es lo primero que tienen
que arreglar los brasileños.
-Usted conoce a Lula y a Dilma. ¿Le parece que la gente
tiene razones para desconfiar, que esa desconfianza tiene sustento?
-Yo los conozco y les
tengo confianza. Lula es un luchador de toda la vida. Como personas confío.
Ahora, que puedan con ese monstruo es otra cosa. Brasil es un país federal,
tiene muchos poderes adentro, tiene poderes estaduales... Brasil todavía tiene
coroneles, no en el sentido militar sino en el sentido feudal, señores
poderosos. Lo que me preo-cupa es que hay gente inteligente y tendría que haber
un acuerdo, por lo menos para detener la hemorragia económica. Después podrá
ser el PT o podrá ser Mongo [quien gobierne], pero hay un problema básico;
primero salvar al país.
-Otro país de la región en problemas es evidentemente
Venezuela, que vive un proceso similar al de Brasil.
-El de Venezuela es
un proceso muy complicado, porque se le suma la crisis del petróleo a un país
que no ha podido superar la dependencia casi absoluta de esa exportación.
Venezuela tiene la maldición del petróleo. No es un problema de ahora, es muy
viejo. Es un país que tiene un enorme potencial agrícola y casi no produce
alimentos; más del 80% de los alimentos los importa, y eso es espantoso. Y con
la caída de los precios del petróleo se les multiplica todo. Además hay otro
factor en juego, que es tener a la vez un Parlamento opositor al gobierno y un
ejército de izquierda. Es un modelo que nunca habíamos visto. Y eso explica por
qué las fuerzas opositoras no avanzan más.
-Porque no quieren
provocar que el ejército se haga cargo de la situación, pienso yo. Los
venezolanos ven eso. Es mejor tener una democracia empatada.
-En Bolivia, Evo Morales acaba de perder un referéndum. ¿Le
parece que todo forma parte de un mismo proceso?
-La gente quiere
cambios en todas partes. En Brasil hubo gente que salió haciendo el signo
fascista y gente que pide dictadura, porque no hay animal más desmemoriado que
el hombre, sobre todo la gente joven que no vivió la dictadura. Uno aprende con
lo que vive, no con lo que le dicen. Y es muy peligroso, porque es demasiada
inocencia.
-¿No cree que piden otro tipo de cambio, un cambio más sano?
Por ejemplo, que termine la corrupción.
-Pero claro que sí.
Nuestras sociedades son ínsitamente corruptas, porque generan mucha riqueza y
la reparten mal. Ahí empieza la primera gran corrupción, en las injusticias de
nuestras sociedades, en la concentración excesiva de la riqueza sin que pase
nada, y también en la corrupción política. Es moda de los empresarios que
vienen a América latina que ofrezcan coimas a diestra y siniestra. Hay que
estar en guardia; nos lastiman a los políticos, a los partidos políticos.
-¿Y cuál es la responsabilidad de los partidos?
-No puedo hablar de
los partidos de derecha, no tengo autoridad moral para hablar de ellos. Pero le
puedo hablar de los partidos por los que lucho. Hay que ser ínsitamente
republicano, hay que acostumbrarse a vivir como vive la mayoría de la gente, no
como vive la minoría. Los militantes de los partidos progresistas tienen que
cuidar mucho su vida. Y su vida tiene que ser común y corriente. A veces nos
invitan a comer a la mesa que tienden señores poderosos y por urbanismo hay que
sentarse, pero esa mesa no es nuestra, es de los señores poderosos.
-Usted ha sido ejemplo de austeridad, se habla de su granja,
de su perro, del Fusca... Pero no refleja en otros países.
-Puede ser que no se
refleje, no importa. Es una manera de pensar. Si entramos en ese camino
perdemos el partido.
-¿Adónde va la región ahora?
-Nunca piense que la
izquierda está perdida. Tampoco piense que la derecha ganó definitivamente. La
historia humana es una lucha permanente por tiempos conservadores y tiempos
distribuidores, es pendular. Esas dos caras han existido siempre y disputan.
Esas dos caras tienen deformaciones. Lo conservador, cuando se hace muy duro,
es el fascismo, y la izquierda, cuando confunde los deseos con la realidad, cae
en esa deformación del infantilismo, de puro voluntarismo. Ambas posiciones son
peligrosas. Si a la izquierda le toca perder terreno, que lo pierda y aprenda,
porque tendrá que volver a empezar. Y si cometió errores, tendrá que
reaprender, y la vida continúa.
Tomado de envio de red foroba

No hay comentarios:
Publicar un comentario