domingo, 16 de junio de 2013

LEY DE MEDICAMENTOS EN CHILE las victimas los pacientes

¿Una enfermedad sin remedio?
¿Hubo o no presión de la industria farmacéutica? y ¿cuánto influyó ésta en el resultado de la votación del proyecto de ley de medicamentos? La respuesta es obvia. Por supuesto que se desplegó un fuerte lobby.
por Jorge Navarrete
PRINCIPIO pensé que era un error de La Tercera. En su versión online del día miércoles consignaba las siguientes declaraciones del ministro Jaime Mañalich: “Aquí hay un solo ganador, el chileno y chilena que padece alguna enfermedad crónica. Esta es una victoria para los pacientes y un avance para el gobierno… Le hemos doblado la mano a la industria farmacéutica, a los laboratorios, a las farmacias y a las cadenas que se coluden… el único lobby, es el de los pacientes y es el único que me preocupa”.
Sin embargo, el titular de la misma noticia destacaba el peor escenario que muchos temíamos en torno a la tramitación del proyecto de ley sobre fármacos, consignando el rechazo de la Cámara de Diputados a que los medicamentos pudieran venderse en supermercados. Francamente, ¿de qué podía congratularse el secretario de Estado, cuando se fracasó en la principal batalla para romper con el monopolio de la industria?
No obstante, horas después afirmaba: “Hoy día en el exterior de la Cámara había muchas personas dependientes de la industria farmacéutica conversando permanentemente con los diputados, señalando que votaran de una manera u otra, influyendo en el trámite legislativo”. Entonces, ¿hubo o no presión de la industria? y ¿cuánto influyó ésta en el resultado por todos conocidos?
La respuesta es obvia. Por supuesto que se desplegó un fuerte lobby, cuya magnitud sólo se compara al visto en la ley de pesca o televisión digital. Son varios los cientos de millones de dólares involucrados en esta discusión, la que toca a uno de los negocios más lucrativos del país. Es absurdo pensar que los principales dueños u operadores de esta industria se quedarían apaciblemente sentados esperando el desarrollo del debate, de igual manera que tampoco lo haría cualquier otra persona o grupo que tuviera un interés específico en lo que ahí se discute, sean grandes corporaciones, organizaciones sociales o ciudadanas. Criminalizar a esos grupos es tan ineficaz como dejarlos actuar sin límite o control.
Lo que nuevamente ocurre, y que resulta tan propio a nuestra idiosincrasia, es la dinámica de las medias tintas. Primero, porque seguimos ralentizando una ley de lobby cuyo propósito era justamente transparentar y ordenar una práctica que bajo la regulación legal, se verifica en todas las democracias del mundo. Segundo, porque no contamos con una ley de financiamiento público de la política, y como si fuera poco, lo que sí existe es una deficiente legislación en materia de aportes y gastos en campaña electoral, que oculta las transferencias en dinero que las empresas y personas  hacen a los candidatos y parlamentarios. De hecho, ¿cómo saber si la industria farmacéutica financió la campaña de alguno de los diputados? Tercero, porque una vez más Mañalich denuncia malas prácticas y posibles delitos, pero sin nombrar a nadie en específico o aportar con algún antecedente concreto, sembrando una duda sobre el comportamiento de todos sin distinción.
De hecho, la principal disposición del proyecto de ley fue rechazada por el mínimo margen: 44 votos a favor y 45 en contra. Lo que me llama la atención, sin embargo, es que sólo ocho parlamentarios de la Concertación estuvieron por aprobar.

Tomado de la tercera de Chile 

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