La inversión china acorrala al elefante africano
Javier Marín/Efe.
La creciente llegada de trabajadores chinos al África del
Este, auspiciada por la gran inversión de su país, ha disparado la compra de
marfil procedente de la caza furtiva de elefantes y ha dado lugar a un nuevo
mercado que extrema la presión sobre la supervivencia de los paquidermos.
La señal de alarma la
dieron recientemente dos informes: "Elefantes en la cuneta", del
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente Medio Ambiente (PNUMA),
y "Crimen Organizado Trasnacional en África Oriental y Asia", de la
Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (UNODC).
Gerhard Van Rooyen,
representante en Nairobi de la UNODC, señala a Efe una de principales
conclusiones del documento sobre crimen organizado: "El aumento de la
comunidad china en África ha incrementado la demanda de marfil y ha generado un
nuevo mercado ilícito".
El desarrollo
económico de China y los cambios en sus parámetros de consumo han elevado
significativamente la demanda de marfil entre sus ciudadanos, que codician este
material como símbolo de estatus social.
El marfil es sinónimo
de "importancia" en el budismo y el taoísmo, y las figuras talladas
de este material de dioses como "Fu", "Lu" y "So"
-que representan suerte, dinero y longevidad, respectivamente-, son una
presencia común en los hogares chinos, sea cual sea su país de residencia.
Al contrario de lo
sucedido en otros mercados tradicionales como Japón o Estados Unidos, China ha
crecido hasta convertirse en el mayor destino del tráfico ilegal de marfil, y
su demanda se ha expandido allá donde lo han hecho sus inversiones.
Desde hace años, el Gobierno
y las empresas chinas han fijado sus intereses en África Oriental, un
territorio con infinitas posibilidades de negocio, y también la cuna de la
mayor población de elefantes del planeta.
"El incremento
de ciudadanos chinos que viven o trabajan en África, ya sea por pequeños o
largos periodos de tiempo, ha hecho crecer el mercado ilegal de marfil" y
ha "incrementado la caza furtiva", advierte el citado informe del
PNUMA.
Sin embargo, según
añade el análisis de la UNODC, esta nueva situación no se limita a la compra
para uso personal, algo que se puede hacer con impunidad en mercados abiertos
de algunas ciudades africanas como Jartum, Kinshasa o Lagos, donde algunos
vendedores incluso han aprendido a hablar chino.
El aspecto que más
empieza a preocupar, advierte ese documento, es el tráfico internacional a
mínima escala: las figuras de marfil que los ciudadanos chinos transportan en
sus maletas cuando vuelan hacia su país, donde las venden o regalan a sus
familiares.
Se trata de pequeñas
cantidades que resultan indetectables en la facturación del equipaje, pero la
frecuencia de este método es cada vez mayor, y la cantidad acumulada comienza a
ser notable.
La Embajada de China
en Nairobi ha rehusado comentar este asunto con Efe, que ha intentado contactar
con diferentes responsables la oficina diplomática sin obtener respuesta.
En otras ocasiones,
cuando medios locales han publicado algo al respecto, la legación china siempre
ha contestado que no hay ninguna empresa de su país relacionada con la caza
furtiva ni conciudadano alguno detenido por este motivo.
Sin embargo, el
pasado verano una mujer china fue detenida en el Aeropuerto Internacional de
Nairobi con siete kilos de marfil ocultos en paquetes de nueces, lo que le
costó una condena de dos años y medio de prisión.
Asimismo, el pasado 9
de noviembre, tres chinos fueron detenidos en Tanzania por cargar 706 colmillos
(1,8 toneladas) de elefante en contenedores para transportarlos, delito por el
que podrían ser condenados a una pena máxima de 20 años de cárcel.
El nuevo mercado
abierto por los trabajadores asiáticos agrava la ya degradada situación de la
población de elefantes en África, cuyos cuernos también se utilizan como moneda
de cambio en los conflictos bélicos para comprar armas y munición.
Según los datos más
recientes del programa de conservación "Mike", los cazadores furtivos
mataron a 17.000 elefantes en 2011, un 7,4 % de la población total africana y
6.500 más que en 2010.
El "porcentaje
de sostenibilidad", fijado en un 6 %, se superó hace tres años y, si
continúa la tendencia, la amenaza será categórica, ya que las muertes serán
mayores que los nacimientos.
"No solo es una
cuestión de números, también existe una degradación del ecosistema y de la
propia diversidad genética de la especie", remarca a Efe el representante
de la UNODC.
El problema -añade
Van Rooyen- es incluso económico, pues el turismo natural es una de las
principales fuentes de ingresos para muchos Estados africanos, y la única forma
de atajarlo es con un plan integral que aborde a cazadores, intermediarios y
compradores.
Según avanzó a Efe el
fiscal general de Kenia, Githu Muigai, su país está reclutando unos 1.000
agentes para crear un cuerpo especializado en este ámbito que recibirá un
entrenamiento específico.
Entretanto, unas
Fuerzas Especiales sin el equipamiento adecuado, el miedo de los soldados a
morir por los disparos de los furtivos y la corrupción endémica de la mayoría
de los gobiernos africanos están perdiendo la batalla con los cazadores y los
traficantes de marfil. Tomado de envío de Tomas por red foroba

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