NATURALEZA | El
comercio ilegal de animales silvestres en el trópico de Cochabamba es un
problema creciente y poco controlado. Los animales que son rescatados sufren
secuelas o son muy jóvenes para sobrevivir solos en su hábitat, por lo que son
enviados a
extranjero Cada mes rescatan hasta tres animales del tráfico
Por Lorena Amurrio Montes - Un cachorro de jaguar corre por
el Parque Machía intentando adaptarse a la vida en semilibertad. Los cazadores
lo atraparon cuando tenía meses de vida y no podrá volver a su hábitat. - Daniel
James Los Tiempos
Un cachorro de jaguar corre por el Parque Machía intentando
adaptarse a la vida en semilibertad. Los cazadores lo atraparon cuando tenía
meses de vida y no podrá volver a su hábitat. - Daniel James Los Tiempos
El tráfico de animales silvestres es el tercer negocio
ilícito más rentable en el mundo, por debajo de la venta de armas y drogas. En
Bolivia, la actividad es alentada con dos propósitos: la venta de especies
exóticas como mascotas y el comercio de pieles y plumas. En Cochabamba, uno de
los lugares donde se capturan más animales es el trópico por la diversidad de
fauna existente y el fácil acceso al bosque. Entre las especies más amenazadas
están los pumas, jaguares, loros y monos. La voluntaria de la Comunidad Inti
Wara Yassi (CIWY), Francesca Mastrolorenzo, dijo que los cazadores atrapan
animales para vender sus pieles. Los monos capuchinos considerados los más
inteligentes del nuevo mundo y los llamados arañas por su agilidad junto con
las ardillas que viven en la copa de los árboles se venden como mascotas. Varias
especies de parabas como roja y frente azul son víctimas de la caza furtiva por
la belleza de sus plumas y en algunos casos para su venta como mascotas. “Se
comercializa todo tipo de animales. Las personas entran al monte y capturan lo
que encuentran. Hemos visto monos, perezosos, loros, felinos de diferentes
especies y muchos otros”, lamentó el responsable de Madre Tierra de Villa
Tunari, Jaime Tejerina. El control del tráfico de animales es mínimo. El
comercio ilegal persiste porque hay demanda y es fácil desplazarse de un
departamento y de un país a otro. La cacería de hembras y crías es la que más
impacta.“Las personas se sienten atraídas por la ternura de los cachorros y
tratan a pumas y jaguares como gatos. Pero, cuando ya crecen se dan cuenta que
no pueden con ellos y los abandonan, sin darse cuenta del daño que les
hicieron, pues no podrán sobrevivir ya que sus madres nunca pudieron enseñarles
cómo vivir en su hábitat”, remarcó Francesca. Los cazadores aprovechan todo lo
que pueden de un animal. Lo más valioso es la piel que se vende como adorno
para artesanías y disfraces. Los dientes se usan para hacer collares y
accesorios. Otras partes como la grasa y el aceite se utilizan para hacer
cremas, agregó. “Varias personas ven en un animal su sustento, por lo que se
dedican a atraparlos y venderlos como si se tratará de objetos”, denunció.
“Queremos hacer mucho énfasis en esto: No compre animales silvestres”,
manifestó Tejerina. La Dirección de la Madre Tierra rescata cada mes entre uno
y tres animales silvestres. “Si no hubiera compradores, tampoco tendríamos
vendedores. Quien vende una vez se da cuenta que puede seguir haciéndolo y
vuelve al monte por más animales. Por eso, pedimos a la gente que no compre”,
aseveró el director de esta instancia.
En la ciudad existe la venta ambulante de loros, aves y monos. También
se los exhibe en ferias como atractivos para juegos de la fortuna o
adivinación. En el mercado La Pampa se han decomisado loros que estaban a la
venta. Otro destino de los animales capturados en el trópico es Santa Cruz,
donde el problema es aún mayor, dijo.
No se aplican
sanciones
La Ley de Medio Ambiente 1333 prohíbe la captura y venta de
animales silvestres. El tráfico está penado con dos años de cárcel. Sin
embargo, el responsable de la Dirección de Madre Tierra de Villa Tunari, Jaime
Tejerina, señaló que las sanciones no se aplican, porque no existen fiscales
especializados en medio ambiente, sólo hay dos en Bolivia.
“Hasta ahora no hay sanciones. Lo que hacemos es tratar de
concientizar. Cuando encontramos a una persona vendiendo procedemos al
decomiso, pero no siempre nos quieren entregar al animal. Alguna vez, incluso,
quisieron negociar con nosotros. Cuando eso pasa recurrimos a la Policía y con
la ley en la mano les explicamos”, señaló.
El artículo 111 de la ley indica: “El que incite, promueva,
capture y/o comercialice el producto de la cacería, tenencia, acopio,
transporte de especies animales y vegetales, o de sus derivados, sin
autorización, o que estén declaradas en veda o reserva, poniendo en riesgo de
extinción a las mismas, sufrirá la pena de privación de libertad de hasta dos
años perdiendo las especies que serán devueltas a su hábitat natural, si fuere
aconsejable, más la multa equivalente al 100 por ciento del valor de
éstas”.
Sólo se conoce un caso a nivel nacional donde se sancionó el
comercio de animales. Los dos infractores pasaron dos meses privados de
libertad. En otro, un hombre que comercializaba 6.000 caballitos de mar recibió
medidas sustitutivas.
UN NEGOCIO ILÍCITO POCO COMBATIDO
Comercio ilegal de animales
Es difícil establecer la ganancia que obtienen los
traficantes de animales y en cuántos casos la venta está relacionada con la
subsistencia de las personas que viven en el monte. El precio a pagar por un
animal depende de la especie y si tiene demanda en el mercado negro.
La piel de un animal en extinción, como el jaguar, en el
exterior puede costar entre 2.000 y 5.000 dólares, según testimonios. “A veces
venden monos o loros por 20 bolivianos. Pero, el cachorro de un puma sobrepasa
los 200 dólares. En Cochabamba se venden más caros. Si la persona está
desesperada acepta cualquier suma”, explicó Tejerina.
Adoptan crías como
mascotas Marley es una cría de puma de 11 meses. Fue entregada por un
veterinario cuando tenía un mes. “Una familia la compró por 200 dólares en el
mercado La Pampa. La tenía en una jaula rosada con sábanas de princesa. Al ser
un cachorro, la familia decidió darle leche, pero no sabían que está llena de
grasa y le hace daño. Después de un tiempo el animal comenzó a tener
convulsiones y la llevaron al veterinario. El profesional no tenía conocimiento
sobre la vida silvestre, por lo tanto, no logró mejorarla, al contrario, estuvo
a punto de morir. Fue entonces cuando se llevó al animal al parque”, contó
Francesca. En la actualidad Marley sigue una rutina para poder vivir lo más
cerca de su hábitat posible, pero jamás será libre. Resistencia al decomiso Un poblador de Villa Tunari que
supuestamente encontró un perezoso mientras caminaba por el monte lo capturó y
ofreció a las personas. Ante esta situación, la Dirección de Madre Tierra del
municipio decidió actuar y se apersonó al lugar para decomisar el animal.
“El hombre quería venderlo por 200 bolivianos, le explicamos
que lo que estaba haciendo era ilegal y debíamos llevarnos al perezoso. Sin
embargo, esta persona se negó a entregarlo e incluso quiso negociar con
nosotros que somos de la Alcaldía. Nos dijo que nos lo daba si le pagábamos lo
que pedía. En ese momento acudimos a la Policía y le mostramos la ley. Después
de ver a los uniformados nos entregó al animal”, contó Tejerina. Tomado de los
tiempos de Bolivia

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