domingo, 18 de octubre de 2015

TRAFICO DE ANIMALES deteriora fauna silvestre aceleradamente

 NATURALEZA | El comercio ilegal de animales silvestres en el trópico de Cochabamba es un problema creciente y poco controlado. Los animales que son rescatados sufren secuelas o son muy jóvenes para sobrevivir solos en su hábitat, por lo que son enviados a
extranjero Cada mes rescatan hasta tres animales del tráfico
Por Lorena Amurrio Montes - Un cachorro de jaguar corre por el Parque Machía intentando adaptarse a la vida en semilibertad. Los cazadores lo atraparon cuando tenía meses de vida y no podrá volver a su hábitat.  - Daniel  James Los Tiempos
Un cachorro de jaguar corre por el Parque Machía intentando adaptarse a la vida en semilibertad. Los cazadores lo atraparon cuando tenía meses de vida y no podrá volver a su hábitat. - Daniel James Los Tiempos
El tráfico de animales silvestres es el tercer negocio ilícito más rentable en el mundo, por debajo de la venta de armas y drogas. En Bolivia, la actividad es alentada con dos propósitos: la venta de especies exóticas como mascotas y el comercio de pieles y plumas. En Cochabamba, uno de los lugares donde se capturan más animales es el trópico por la diversidad de fauna existente y el fácil acceso al bosque. Entre las especies más amenazadas están los pumas, jaguares, loros y monos. La voluntaria de la Comunidad Inti Wara Yassi (CIWY), Francesca Mastrolorenzo, dijo que los cazadores atrapan animales para vender sus pieles. Los monos capuchinos considerados los más inteligentes del nuevo mundo y los llamados arañas por su agilidad junto con las ardillas que viven en la copa de los árboles se venden como mascotas. Varias especies de parabas como roja y frente azul son víctimas de la caza furtiva por la belleza de sus plumas y en algunos casos para su venta como mascotas. “Se comercializa todo tipo de animales. Las personas entran al monte y capturan lo que encuentran. Hemos visto monos, perezosos, loros, felinos de diferentes especies y muchos otros”, lamentó el responsable de Madre Tierra de Villa Tunari, Jaime Tejerina. El control del tráfico de animales es mínimo. El comercio ilegal persiste porque hay demanda y es fácil desplazarse de un departamento y de un país a otro. La cacería de hembras y crías es la que más impacta.“Las personas se sienten atraídas por la ternura de los cachorros y tratan a pumas y jaguares como gatos. Pero, cuando ya crecen se dan cuenta que no pueden con ellos y los abandonan, sin darse cuenta del daño que les hicieron, pues no podrán sobrevivir ya que sus madres nunca pudieron enseñarles cómo vivir en su hábitat”, remarcó Francesca. Los cazadores aprovechan todo lo que pueden de un animal. Lo más valioso es la piel que se vende como adorno para artesanías y disfraces. Los dientes se usan para hacer collares y accesorios. Otras partes como la grasa y el aceite se utilizan para hacer cremas, agregó. “Varias personas ven en un animal su sustento, por lo que se dedican a atraparlos y venderlos como si se tratará de objetos”, denunció. “Queremos hacer mucho énfasis en esto: No compre animales silvestres”, manifestó Tejerina. La Dirección de la Madre Tierra rescata cada mes entre uno y tres animales silvestres. “Si no hubiera compradores, tampoco tendríamos vendedores. Quien vende una vez se da cuenta que puede seguir haciéndolo y vuelve al monte por más animales. Por eso, pedimos a la gente que no compre”, aseveró el director de esta instancia.    En la ciudad existe la venta ambulante de loros, aves y monos. También se los exhibe en ferias como atractivos para juegos de la fortuna o adivinación. En el mercado La Pampa se han decomisado loros que estaban a la venta. Otro destino de los animales capturados en el trópico es Santa Cruz, donde el problema es aún mayor, dijo.
No se aplican sanciones
La Ley de Medio Ambiente 1333 prohíbe la captura y venta de animales silvestres. El tráfico está penado con dos años de cárcel. Sin embargo, el responsable de la Dirección de Madre Tierra de Villa Tunari, Jaime Tejerina, señaló que las sanciones no se aplican, porque no existen fiscales especializados en medio ambiente, sólo hay dos en Bolivia.
“Hasta ahora no hay sanciones. Lo que hacemos es tratar de concientizar. Cuando encontramos a una persona vendiendo procedemos al decomiso, pero no siempre nos quieren entregar al animal. Alguna vez, incluso, quisieron negociar con nosotros. Cuando eso pasa recurrimos a la Policía y con la ley en la mano les explicamos”, señaló. 
El artículo 111 de la ley indica: “El que incite, promueva, capture y/o comercialice el producto de la cacería, tenencia, acopio, transporte de especies animales y vegetales, o de sus derivados, sin autorización, o que estén declaradas en veda o reserva, poniendo en riesgo de extinción a las mismas, sufrirá la pena de privación de libertad de hasta dos años perdiendo las especies que serán devueltas a su hábitat natural, si fuere aconsejable, más la multa equivalente al 100 por ciento del valor de éstas”. 
Sólo se conoce un caso a nivel nacional donde se sancionó el comercio de animales. Los dos infractores pasaron dos meses privados de libertad. En otro, un hombre que comercializaba 6.000 caballitos de mar recibió medidas sustitutivas.
UN NEGOCIO ILÍCITO POCO COMBATIDO
Comercio ilegal de animales
Es difícil establecer la ganancia que obtienen los traficantes de animales y en cuántos casos la venta está relacionada con la subsistencia de las personas que viven en el monte. El precio a pagar por un animal depende de la especie y si tiene demanda en el mercado negro.
La piel de un animal en extinción, como el jaguar, en el exterior puede costar entre 2.000 y 5.000 dólares, según testimonios. “A veces venden monos o loros por 20 bolivianos. Pero, el cachorro de un puma sobrepasa los 200 dólares. En Cochabamba se venden más caros. Si la persona está desesperada acepta cualquier suma”, explicó Tejerina.
Adoptan crías como mascotas Marley es una cría de puma de 11 meses. Fue entregada por un veterinario cuando tenía un mes. “Una familia la compró por 200 dólares en el mercado La Pampa. La tenía en una jaula rosada con sábanas de princesa. Al ser un cachorro, la familia decidió darle leche, pero no sabían que está llena de grasa y le hace daño. Después de un tiempo el animal comenzó a tener convulsiones y la llevaron al veterinario. El profesional no tenía conocimiento sobre la vida silvestre, por lo tanto, no logró mejorarla, al contrario, estuvo a punto de morir. Fue entonces cuando se llevó al animal al parque”, contó Francesca. En la actualidad Marley sigue una rutina para poder vivir lo más cerca de su hábitat posible, pero jamás será libre. Resistencia al decomiso Un poblador de Villa Tunari que supuestamente encontró un perezoso mientras caminaba por el monte lo capturó y ofreció a las personas. Ante esta situación, la Dirección de Madre Tierra del municipio decidió actuar y se apersonó al lugar para decomisar el animal.

“El hombre quería venderlo por 200 bolivianos, le explicamos que lo que estaba haciendo era ilegal y debíamos llevarnos al perezoso. Sin embargo, esta persona se negó a entregarlo e incluso quiso negociar con nosotros que somos de la Alcaldía. Nos dijo que nos lo daba si le pagábamos lo que pedía. En ese momento acudimos a la Policía y le mostramos la ley. Después de ver a los uniformados nos entregó al animal”, contó Tejerina. Tomado de los tiempos de Bolivia 

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