Revolución en el área de la energía: democratizar es la
clave
Así como en los 80 Jobs rompió el statu quo con la
Macintosh, muchos creen que el mayor uso de fuentes renovables para obtener
electricidad dejará el poder del lado de los usuarios Sebastián Campanario Foto:
Javier Joaquín
Quiero una computadora para la maestra, para el recolector
de basura, para la abuela jubilada en Nebaska", les dice en la película
Jobs el actor Ashton Kutcher (personifica al fundador de Apple) a los
integrantes de su equipo de trabajo. La escena transcurre a principios de los
80, cuando Jobs daba los primeros pasos con la legendaria Macintosh, la
computadora personal que apuntó a "democratizar" el mercado de PC
hogareñas. Hasta ese momento, interfaces caras, complicadas y feas
estéticamente había dejado a la mayor parte de la población afuera del boom
computacional: hacían falta mediadores (técnicos expertos) para poder acceder a
ellas. La iniciativa de Jobs destruyó ese statu quo y ayudó a
"democratizar" el mercado de la información, creando en los años siguientes
nueva riqueza. Hay quienes creen que una revolución similar se está gestando en
el área de la energía. Que en poco tiempo, gracias a tecnologías exponenciales
como la inteligencia artificial, Internet de las cosas o química de materiales,
las personas comunes serán consumidores y productores de energía a la vez, y
podrán elegir qué tipo de energía utilizar, elegir por costo, impacto
ambiental, etcétera. "Creo que el cambio va a ser mucho más dramático del
que muchos piensan", cuenta a LA NACION el emprendedor argentino Will
Perego, de 50 años, quien dirige en los Estados Unidos la empresa mPower, que
fabrica y distribuye generadores solares portátiles. "El aspecto más
relevante de la democratización de la energía es su descentralización: pasaremos
de unas pocas centrales eléctricas, con problemas de todo tipo en costos y
contaminación ambiental, a millones de hogares que generarán su propia energía
alternativa y elegirán cómo usarla o comercializar los sobrantes", explica
este empresario que en el pasado se dedicó al entretenimiento y a la tecnología
3D. La producción centralizada y las centrales eléctricas equivalen al
mainframe de las vieja era de las computadores, y tenderán a desaparecer, según
su visión. Scott Elrod, vicepresidente de una firma de software en Palo Alto,
escribió recientemente en TechCruch un artículo que proyecta la revolución que
se viene en esta materia. "Hay una serie de tecnologías emergentes que
cambiarán por completo la dinámica del mercado energético que vivimos hasta
ahora. En lugar de consumidores cautivos con unas pocas alternativas, habrá
consumidores activos que demandarán y ofrecerán energía, en tanto los costos de
conservarla también están cayendo drásticamente", escribió Elrod. Como se
trata de un sector lleno de lo que los economistas llaman "fallas de
mercado", y encima impone enormes costos ambientales, el de la energía es
uno de los segmentos que más rápido parecen estar avanzando en procesos de
cambio. Esta semana se supo que en Japón -país a la vanguardia en agenda de
innovación- ya hay más terminales de carga para autos eléctricos que estaciones
de servicio de nafta o gas. "En energía solar hay claramente
exponencialidad. El costo de un panel solar se redujo 99% en 35 años, y bajará
otro 75% desde el nivel actual de acá a diez años", dice Perego. La firma
más grande del mundo en este mercado, Solar City, del emprendedor Elon Musk,
realizó 300.000 instalaciones en ocho años y planea completar 700.000 más en
los próximos tres años.
"Creo que así como el carbón impulsó el siglo XIX y el
petróleo y el gas impulsaron el siglo XX, las energías renovables van a
impulsar el siglo XXI. Esto se debe a que son fuentes de energía mucho más
abundantes y sus costos caen a ritmo vertiginoso, tornándolas competitivas",
dice Ignacio Peña, especialista en esta agenda y fundador de Surfing Tsunamis.
Y agrega: "Además, está cayendo de forma acelerada el costo de las
baterías, y los autos eléctricos se están tornando cada día más accesibles en
costo y atractivos en desempeño." Para Peña, "la Argentina tiene una
de las mejores condiciones del mundo para energía solar y eólica, sin hablar de
sus yacimientos de litio. Pero hasta ahora apostó neciamente a la energía del
pasado. Afortunadamente el nuevo gobierno reconoció el potencial de las
energías renovables y está tomando medidas decididas para su desarrollo ".
Uno de los fundadores de Singularity University, el ingeniero venezolano José
Luis Cordeiro, que estuvo de visita en Buenos Aires hace dos meses, fue igual
de contundente: "Olvídense de Vaca Muerta, eso va a valer cero",
sostuvo Cordeiro. "En la Argentina hay un importante déficit de suministro
eléctrico tanto por la generación como por el acarreo de electricidad",
dice ahora Ernesto Frezza, de Goal Zero, una empresa de dispositivos portátiles
para energía solar. "Sea en las ciudades, con redes casi al límite de la
saturación o en las zonas rurales (casi un 30% del total de la población rural
no dispone de servicio eléctrico) hay un gran campo de acción y muchas posibilidades
de desarrollo para las energías renovables", completa Frezza. Las
tecnologías que constituyen la "Macintosh" para democratizar la
energía son, además de los nuevos materiales que generan dispositivos más
livianos, flexibles y baratos para captar y almacenar energía solar y eólica;
la multiplicación de sensores (Internet de las cosas), que permitirán en un
futuro cercano informarnos si conviene ducharnos con agua caliente antes o
después de desayunar a la mañana (en términos de costo energético e impacto
ambiental), con circuitos de inteligencia artificial que conecten a todas las
partes.
Nada es tan sencillo y tan rápido. El desplome del precio
del petróleo hace que muchas de estas tendencias se lentifiquen, en tanto que
no son rentables con un costo del crudo tan bajo. Y las complicaciones
geopolíticas y burocráticas abundan: la última novela de Jonathan Franzen,
Pureza, cuenta la vida de Purity Tyler, una chica que trabaja en una firma de
venta telefónica de "paquetes" (con bonos y descuentos) de energía
alternativa. Franzen se burla de la corrección política de un esquema que nadie
termina de entender. "Es mi novela contra las ilusiones de libertad
tecnológica que tratan de vendernos los peligrosos iluminados de Silicon
Valley", explicó en agosto pasado Franzen en su casa de Santa Cruz
(California), en una entrevista con El País Semanal.
Hace tres semanas, en una reunión con inversores, el CEO de
Google Sundar Pichai dio una pista de hacia dónde está virando el principal
paradigma de negocios en empresas de frontera: pasamos de una etapa de digital
first (lo digital en primer término) a una de mobile first, y ahora entramos en
la de AI first (la inteligencia artificial es la que manda). En su famoso spot
de 1984 para lanzar la Macintosh, Jobs se imaginó un mundo gris, uniforme y
orwelliano, al que llegaba una lanzadora de martillo que rompía una pantalla
(el statu quo). ¿Podrán las nuevas tecnologías emergentes hacer lo mismo con el
actual marco energético? sebacampanario@gmail.com
– tomado de la nación de ar

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