Sin mayor
intervención estatal durante décadas, esta temporada un plan ambiental para
crear un paseo costero enfrenta a pobladores y visitantes
José Totah
CABO
POLONIO.- La historia cuenta que en los 80 un francés de la Legión Extranjera
conoció en un hospital parisino a una tal Olga, enfermera uruguaya nacida en
Valizas, departamento de Rocha. Que se enamoraron, vinieron juntos a Uruguay y
que entre 1985 y 1987 ese hombre fue el primero en llevar turistas al Cabo
Polonio, a donde sólo se accedía en jeeps 4x4, derrapando sobre dunas espesas y
lunares.
Al principio,
nadie lo quería demasiado al "Francés" (así lo apodaron): le cortaban
los caminos, le tiraban piedras cuando pasaba con veinte tipos colgados del
jeep. Pero al cabo de un tiempo el pueblo le encontró gustito al turismo y así
empezó todo.
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Hoy el Cabo
es, quizá, el paraíso más contradictorio del planeta: un edén natural en donde
los ranchos sin luz ni agua corriente se alquilan desde 150 dólares para arriba
durante enero.
Cada verano,
miles de argentinos eligen llevar esa vida antisistema durante quince días,
aunque esta temporada la cantidad de visitantes bajó cerca del 40%, según
cifras que manejan quienes cortan los tickets de ingreso a este parque
nacional. Además, sus pobladores están en pie de guerra por un polémico plan
ambiental que propone reubicar cerca de 25 casas que están sobre las rocas.
Un faro
solitario en una punta rocosa con lobos marinos aquí y allá, una playa que
llaman Norte y otra Sur. En el medio, un pueblito sobre calles de arena y en
las dos costas unos 450 ranchos desparramados: algunos sólo tienen cuatro
paredes, un techo para aguantar tormentas y un par de colchones, sin
electricidad ni agua corriente; otros, más sofisticados, se alquilan con
paneles solares, heladera y televisión por cable. Ninguno baja de los u$s 150
la noche durante enero y algunos llegan a costar arriba de 400.
El paisaje
es uno de los más cautivantes de Uruguay y, dirán los fanáticos, del
hemisferio. Los mejores atardeceres, las lunas más redondas y emocionantes que
se puedan contemplar sobre un ecosistema de médanos y playas interminables, son
sólo postales de un páramo que durante décadas creció de espaldas al Estado (que
nunca garantizó un tendido eléctrico ni ningún servicio básico). Por las
noches, la mayor concentración de guitarreadas de amigos por metro cuadrado de
arena en este lado del mundo.
Actualmente,
sólo viven aquí 50 pobladores estables pero del 1 al 15 de enero se hospedan
hasta 4000 Actualmente, sólo viven aquí 50 pobladores estables pero del 1 al 15
de enero se hospedan hasta 4000
Amparados
por esta oscuridad y esta función de estrellas operaban, hace cuatro siglos,
los famosos gauchos negros, que encendían fogatas en la costa para confundir a
los barcos (simulando un faro falso), hacerlos estrellar contra las rocas y
desplumarlos al alba.
Actualmente,
sólo viven aquí 50 pobladores estables pero del 1 al 15 de enero se hospedan
hasta 4000, a los que se suman las 1200 personas que llegan por el día en
enormes camiones todoterreno (cobran unos 260 pesos argentinos ida y vuelta).
Como en tiempos del Francés, se sigue llegando al Polonio en 4x4.
A comienzos
de la década funcionaba una decena de hostels, pero ahora son más de 50,
"de los cuales menos de la mitad están registrados", denuncian varios
vecinos consultados. Para algunos, esa falta de control estatal moldeó tanto la
mística del Polonio como su crecimiento caótico.
"Entre
1985 y 2000 esto fue una locura, pero una locura linda. Era la vuelta de la
democracia en la Argentina y Uruguay, y había una especie de liberación: sin
clases sociales, autoridad ni idea de progreso", se acuerda Walter, un
nativo que evoca esos días con ojos vidriosos por la emoción.
No toquen al
Cabo
La semana
pasada, después de más de un año de discusiones, la ministra de Vivienda,
Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, Eneida de León, rubricó el Plan de
Manejo de Cabo Polonio, que contempla remover (y reubicar) cerca de 25 casas
que están sobre las rocas, con la idea de liberar esa franja para convertirla
en un paseo costero. Tanta es la resistencia que hasta el cantante Jorge
Drexler grabó un video que lleva 25.000 reproducciones en el que pide:
"Por favor no toquemos al Cabo Polonio".
Todo el
debate es seguido de reojo por los lobos marinos de la franja en cuestión.
Ahora están muy relajados tomando sol, pero durante casi medio siglo (hasta
1994) fueron masacrados por la lobería estatal que funcionaba en el lugar, con
casi 90 empleados temporarios entre noviembre y enero. "Se procesaba el
cuero y se producía un aceite que servía para combustible, grasa de jabones y
cosmética fina", cuenta Sebastián, otro poblador del Polonio, que nació en
Aguas Dulces pero vive aquí desde hace cinco años.
El proyecto
contempla remover unas 25 casas de la costa El proyecto contempla remover unas
25 casas de la costa
Sebastián
trabaja en el hotel y restaurante La Perla del Cabo, el más sofisticado del
balneario en alojamiento y gastronomía. "En un destino de rusticidad
también se puede ofrecer un servicio de calidad", explican Gustavo Huertas
y Rosario Calimaris, dueños de La Perla, ubicado en Playa Norte (el restaurante
ofrece un sashimi de pámpano y un pulpo de condiciones épicas, de la mano del
joven chef Pablo Fridman).
Esta
temporada, Huertas trabajó a lleno completo en su hotel, pero a otros no les
fue tan bien. "Vendí la mitad que el año pasado", afirma Pancho
Lujambio, de uno de los almacenes más viejos. Sin embargo, mantiene sus
esperanzas para marzo: "Quizás hasta sea mejor que enero porque vienen
muchos israelíes y chilenos", se ilusiona.
Por: José
Totah // TOMADO DE LA NACION DE AR
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