La Humanidad, al borde de una nueva crisis político-social -
Serguéi Duz
Foto: Flickr.com/ Expertos estadounidenses presagian un
pronto derrumbe del ordenamiento mundial contemporáneo. Ya no es el primer
pronóstico de una hecatombe político-social de dimensiones planetarias. Pero
los expertos procuran tratar cada suposición con mucha cautela.
En opinión de especialistas que colaboran con la NASA
(EEUU), la civilización moderna podría desaparecer en los próximos decenios,
debido a la inestabilidad económica y un vertiginoso consumo de los recursos
naturales.
Personas versadas en la materia han sacado la conclusión de
que el proceso de ascenso y descomposición es cíclico, lo cual fue
reiteradamente confirmado en la historia de la humanidad. Al analizar las
circunstancias que rodearon la desaparición de las civilizaciones anteriores,
los estudiosos descubrieron varios factores de riesgo: número de habitantes,
clima, agricultura, disponibilidad de recursos hidráulicos y energéticos. Estos
factores pueden provocar una catástrofe bajo dos condiciones: la tasa de consumo
de dichos recursos supera la de su reproducción y una acusada polarización de
la sociedad en ricos y pobres.
Ello no obstante, cuando se expresan muchas dudas sobre la
estabilidad de una civilización, se presentan mucho más pruebas de lo
contrario, opina el experto en Teoría Social y Filosofía Política, Andréi
Ashkérov:
–Los augurios de catástrofes no son nada nuevos. Viviendo en
una sociedad cristiana, estamos a la espera del segundo advenimiento de
Jesucristo, llenos de presentimientos catastróficos. Por lo tanto, no veo
argumentos nuevos a favor de una catástrofe inminente. La división en élites y
masas populares existe allí donde hay desigualdad social. Esta sociedad no
surgió ayer. Todo lo contrario, pese a las demandas de las masas populares, la
élite, llamada hoy “millardo de oro”, existe y obra a su antojo.
Últimamente, la cada vez más acentuada estratificación
social se debe a un consumo desmedido de recursos naturales, siendo de precisar
que la responsabilidad por ambas causas anteriormente mencionadas recae sobre
las élites que viven en países industrializados, acotan los expertos. Los
excedentes acumulados no se distribuyen en el seno de la sociedad de manera
uniforme. La mayor parte de la población, productora de bienes materiales,
tiene que conformarse con una parte ínfima de las riquezas que a menudo ni
siquiera alcanzan para sobrevivir.
Son pocos los que se dan cuenta de la alta probabilidad de
la hecatombe que se avecina. Pocos promueven cambios estructurales que permitan
evitar la peor variante. De todas formas, si tales cambios se llevan a cabo, la
catástrofe bien podría evitarse, comenta el futurólogo Alexánder Níkonov, autor
de libros de historia y politología:
–No soy ni fatalista ni pesimista, sino optimista. Echando
una mirada retrospectiva, analizando la trayectoria recorrida por la
civilización, veo que se trata de una interminable sucesión de crisis y
ascensos. La civilización ha logrado superar crisis que han seccionado un 90 %
de la población del planeta como, por ejemplo, la de la revolución neolítica.
Fue bastante dolorosa la crisis relacionada con el colapso del Imperio romano,
o sea, de la civilización antigua y es muy amarga la crisis de la civilización
moderna que continúa hasta hoy. Estamos entrando en la fase de la civilización
postindustrial. Confiamos en que la humanidad se imponga a todos estos
colosales cambios. Simplemente porque, de acuerdo a la teoría de la inducción,
si hemos superado varias crisis, la probabilidad de superar esta es muy alta.
En suma, hemos de reconocer que los problemas de la
civilización moderna no dejan de agravarse. Y no se descarta que en una
perspectiva visible, su combinación pueda ofrecernos un efecto sinérgico
negativo. La mayoría nos daremos cuenta demasiado tarde, cuando ya no se pueda hacer
nada. Tomado de la voz de Rusia

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