La COP20 y el cambio climático
El país debe establecer una política de estado orientada a
enfrentar los retos que presenta el cambio climático MANUEL PULGAR-VIDAL
Ministro del Ambiente - En un mundo enfrentado a crisis
financieras, enfrentamientos ideológicos, luchas intestinas de fundamento
religioso y polarizaciones sustentadas en modelos disímiles, parecen ser pocos
los resquicios que nos permitan ingresar a un debate cuyo objetivo sea
concertar una mirada creativa hacia un nuevo modelo de desarrollo, inclusivo,
sostenible y capaz de desafiar los retos modernos a los que se enfrenta la
humanidad.
Hay sin embargo una luz que viene abriendo innovadores
espacios de reflexión. Espacios en los
que se discuten los nuevos objetivos Post-2015, es decir, las nuevas metas
cuantificables sobre pobreza, género, mortalidad
infantil, enfermedad y sostenibilidad ambiental, que asumiremos cuando venza el
plazo de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Espacios en los que se intentan definir los
objetivos del “crecimiento verde”, cumpliendo el mandato que concertamos en la
cumbre Río +20 el 2012. Espacios de
negociación para definir los objetivos de desarrollo sostenible y, “last but
not least”, con absoluta relevancia, el debate climático.
El debate climático dejó de ser hace ya casi dos décadas un
debate de ambientalistas. Es un debate de desarrollo, de economía, de
crecimiento, de lucha contra la pobreza y de futuro de la humanidad y de las
naciones. En ese debate, el Perú no puede estar ajeno, distante, ni
distraído. Debemos seguirlo de cerca,
involucrarnos, comprometernos, aportar al mismo y confirmar que no es
casualidad que este año, el 2014, sea el del “compromiso climático”.
El cambio climático nos enfrenta a nuestras condiciones de
vulnerabilidad frente a nuestra realidad de país amazónico, con más del 50% del
territorio con cobertura boscosa. Nos enfrenta a la amenaza de la escasez
hídrica, más aún cuando los glaciares tropicales, de los cuales el 70% están en
nuestro territorio, se encuentran en retroceso.
Nos pone frente al reto del cambio de condiciones de las corrientes
marinas, que nos podría llevar a perder nuestra posición como el país con el
océano más rico del mundo sustentado en la pesquería.
Nos lleva a pensar en nuestra calidad de país diverso,
natural y culturalmente, con cultivos nativos altamente vulnerables a las
condiciones climáticas. Nos lleva a
reflexionar sobre la necesidad de contar con estrategias de desarrollo
sustentadas en la adaptación y enfocadas en lograr la “resiliencia” frente a
los cada vez más recurrentes eventos climáticos. Y, finalmente, nos exige
considerar nuestras estrategias de mitigación de emisiones de gases de efecto
invernadero especialmente originadas en la deforestación y cambio de uso del
suelo (40%) y actividades agropecuarias (20%).
Es por todo esto que la Vigésima Conferencia de las Partes
de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático
(COP20), que se desarrollará entre el 1 y 12 de diciembre de este año en Lima,
representa para el Perú no solo una responsabilidad, sino más bien una
oportunidad.
Una responsabilidad porque el Perú será el anfitrión de una
conferencia que congregará a por lo menos doce mil personas, lo que hace que
este evento sea uno de los retos logísticos más importantes que nos ha tocado
tener como país; aunque la dedicación y el esfuerzo con los que se viene
asumiendo la tarea nos permite afirmar con confianza que estaremos a la altura
de las circunstancias.
Una responsabilidad porque nos tocará crear una atmósfera de
confianza para una negociación que es de por sí
compleja y que involucra posiciones diversas alrededor del tema del
financiamiento, la mitigación en la emisión de gases de efecto invernadero; la
adaptación; la transferencia tecnológica y la construcción de capacidades; el
rol de los bosques y su valor debido a su capacidad de captura de carbono; los
instrumentos de mercado; la vulnerabilidad de los estados insulares; entre
otros temas.
Una oportunidad porque la COP20 es un espacio de
negociación, es cierto; pero es además una herramienta de construcción de
nuestra agenda climática interna. Es el espacio idóneo para mirar el Perú del
futuro. Un país que crece con bajas emisiones de carbono, que desarrolla
estrategias de adaptación, que define estrategias climáticas, en especial para
los más vulnerables y que es capaz de construir una política de Estado
concertada, acorde con nuestro “compromiso climático”, con claras estructuras
institucionales multisectoriales, multinivel y de amplia participación pública
y privada. Un país que cuente con presupuestos organizados para enfrentar
desastres naturales de manera preventiva; con estrategias capaces de definir
portafolios para la canalización de inversiones en tecnologías limpias, en
energías renovables no convencionales; en ciencia y tecnología acorde con las
necesidades del país; con medidas para proteger a los que menos tienen; con
capacidad de usar nuestros conocimientos y sabiduría ancestral para sostener
nuestra diversidad en el tiempo.
Este es nuestro momento. Es el momento del país, para asumir
la COP20 como una oportunidad para
reconocer nuestras potencialidades, nuestras necesidades, nuestras vulnerabilidades y nuestras fortalezas. Es el tiempo para que el sector privado sea
consciente de que si hoy no se suma,
perderá el ritmo de la economía, de los nuevos mercados, de las nuevas
inversiones y la nueva tecnología. Es el
tiempo de la sociedad civil, para que sirva de enlace con las comunidades, con
su conocimiento, sus capacidades y su vulnerabilidad. Para que articule las
expectativas ciudadanas y las canalice a través del diálogo constructivo. Es el tiempo del Estado, en todos sus
niveles, para mirar nuevas estrategias. Es el tiempo del Perú. Bienvenida
COP20. No vengas al Perú si no quieres
cambiar al mundo. TOMADO DE EL COMERCIO DE PERU

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