CAPÍTULO VII -
AFTOSA SU LUCHA
El antes y el después. La
epopeya 90-92.
Se gastaron ríos de tinta para escribir sobre la aftosa en
la Argentina desde su aparición en 1863 y cientos de millones de pesos en
combatirla.
Representó por décadas la frustración técnica del SENASA, el
quebranto del bolsillo del productor ganadero, grandes pérdidas en la
recaudación fiscal y la baja estima del país en la consideración sanitaria
internacional.
Referenciada como el símbolo de las enfermedades a
exterminar del rodeo nacional, su existencia impide entrar al exclusivo
circuito no aftósico de los países más exigentes y ricos del mundo, los EE.UU,
Japón, CEE, Israel, entre otros pocos. Su maldita presencia en los potreros
discrimina el precio de la carne Argentina considerada la mejor del mundo, cuyo
valor en los mercados internacionales, abstrayendo la cuota Hilton, promedia
los mil quinientos dólares la tonelada, comparativamente la mitad del valor que
percibe Canadá por su carne de inferior calidad, resultado de haberla
eliminado.
En 1989, sobre una población estimada en 55 millones de
bovinos, se alcanzó a vacunar con esfuerzo alrededor de 34 millones de cabezas.
Ese año se considera el mojón del último fracaso de una
serie de cruzadas iniciada con la olvidada Comisión Asesora Nacional
Erradicación de la Fiebre Aftosa, CANEFA, el primer ensayo combativo iniciado
en 1962.
¿Porqué considerarlo el mojón del último fracaso? Lo
explico.
En diciembre de 1989, el SENASA, bajo la conducción del Dr.
Bernardo Cané, lanza con timidez el Plan Nacional de Control de la
Fiebre Aftosa 90/92, como tanteando las expectativas del
sector y entre los escépticos de siempre. Se contaba con una muy buena vacuna
de solución oleosa, probada en los programas de Ayacucho y Federación, sobre la
base de la experiencia realizada en la localidad de Henderson.
Cuando en el lapso de esos dos años concluyó en tiempo y
forma la masiva vacunación bovina del plantel nacional, sin que se produjeran
focos de aftosa, solo hubo elogios por el éxito conseguido. Por fin, la
Argentina marchaba al tan ansiado estatus “libre de la Fiebre Aftosa con
vacunación”. Condición que, entre los signatarios de Cuenca del Plata,
únicamente la República del Uruguay exhibía, y tal situación sirvió de estímulo
para arrastrar la acción vacunadora a los otros socios, Paraguay y Brasil.
“Si la Argentina logró controlar la aftosa, nosotros
estamos en ese camino, repetían en las reuniones de la Cuenca”.
Vale la pena recordar que en aquella época las reuniones de
la Cuenca del Plata eran frecuentes. En su ámbito, funcionarios y técnicos
nacionales y de la Mesopotamia, entrecruzaban ideas con sus pares de los países
asociados y testimoniaban la situación sanitaria de toda la región. Se trataba
de un Mercosur sanitario, aglutinados en el esfuerzo común de luchar contra el
enemigo de todos: la fiebre aftosa.
Al Plan de Cané se lo calificó como el mejor ejecutado de
todos los anteriores teorizados. No tan solo por el feliz desenlace, sino
porque en tan corto tiempo fue capaz de llevar a la práctica la durísima
campaña de vacunación y permitió, de una buena vez, alcanzar los objetivos
perseguidos. A su ritmo se meneaban tiempos de revanchas y el final de una
epopeya sanitaria sin igual en la Argentina. En solo veinticuatro meses se
logró revertir más de cuarenta años de fracasos, dolores de cabezas y
sufrimientos.
“Se cambió la añeja mentalidad del no podemos por él si
se puede y del individualismo avaro por el trabajo en equipo”.
De impecable ejecución, conmovió la impresionante
movilización de vacunadores desparramados por el país. Como marabunta, allá
iban por llanuras, montes, bañados, quebradas, cerros, espinillares, en zonas
desérticas y de areniscas. Con sol abrasador, frío, viento, barro y por caminos
imposibles de transitar, pero siempre llegando, a caballo, mula, a pie y hasta
en motocicletas por los senderos selváticos de Salta, Misiones, Tucumán, Chaco…
Ese período de tres años es histórico, porque en él se
conjugaron el último fracaso de 1989 con el primer éxito 90/92. Hubo pues, un
antes y un después.
Tampoco se improvisó. La Dirección Técnica tuvo la
inteligencia y perseverancia necesaria para lograr armonizar factores y
estructuras nada fáciles de congeniar en el país. Aglutinados jugaron a favor,
repasemos.
PRIMERO.- La comprensión del Gobierno Nacional en
tomar la erradicación de la fiebre aftosa como Política de Estado. Entendió el
Gobierno el daño que significa estar metido en el circuito aftósico, no tan
solo por las millonarias pérdidas en divisas, sino el desprestigio
internacional que tal situación conlleva.
“En el mundo sanitario se decía, el país de las vacas
tiene aftosa por desidia”.
SEGUNDO.- El apoyo político brindado al SENASA,
que antes nunca tuvo. Desde la Presidencia de la Nación, al Ministerio de
Economía, pasando por la Secretaría de Agricultura y de los Gobiernos
Provinciales.
TERCERO.- La estrategia del SENASA en elaborar el
Plan Nacional de Control de la Aftosa de acuerdo a situaciones regionales,
incluyendo a los sectores involucrados del quehacer pecuario sobre la base de
un modelo participativo, donde la CONASA, las REGIONES y las COPROSA trabajaron
a pleno.
CUARTO.- La estabilidad económica que permitió planificar
y programar las inversiones a largo plazo, imposible de realizarlas con las
inflaciones pasadas.
QUINTO.- La obtención de la muy buena vacuna oleosa
por parte del INTA y luego elaborada con la misma calidad por los laboratorios
privados.
La excelente vacuna ayudó a cambiar buena parte de la
historia.
Permitió mover menos los rodeos, economizar gastos y dar
seguridad con el axioma “el animal bien vacunado bien inmunizado está”.
SEXTO.- La mutación mental del productor ganadero al
comprender que la aftosa no es una enfermedad del Estado sino de sus vacas y,
por lo tanto, es el principal responsable en erradicarla.
SÉPTIMO.- El formidable equipo de Profesionales del
SENASA.
Tras largos años de frustraciones, de nuevo levantaron los
brazos para luchar contra su peor enemigo de las patologías infecciosas.
OCTAVO.- El encomiable trabajo de Funcionarios,
Técnicos, Colegios Veterinarios y Asociaciones rurales de provincias dentro de
la COPROSA y en las Fundaciones.
NOVENO.- La fenomenal tarea de campo desempeñado por
el personal técnico del SENASA, controlando y dirigiendo los operativos.
……….
En varias ocasiones tuve la oportunidad de observar el
trabajo técnico de vacunaciones pasadas y, también, la realicé personalmente.
Nada se compara con la actividad desarrollada en la
inmunización de la campaña del 90/92.
Como un ejército, los vacunadores se largaron a la lucha en
un frente nada fácil. Primero tuvieron que convencerse ellos mismos que no se
trataba de una campaña más de las tantas iniciadas y concluidas en fracasos.
Luego, templado el espíritu, trasladar su auto-confianza a los productores que
en gran número sostenían la inutilidad de la vacunación, basado en el viejo y
trillado argumento que la vacuna no solamente es inane, además retrasa engordes
y pariciones entre otros achaques atribuidos a la inoculación.
En el nordeste, el criador de animales cebú (9*), sostenía
empíricamente que la raza y sus cruzas rara vez enferman de aftosa, argumento
que reforzaba el rechazo en vacunar con la vieja hidroxisaponidada. En otros
lugares, así como compraban la tiraban y, para colmo, las primeras vacunaciones
con oleosas dentro del régimen obligatorio produjeron abscesos, pocos casos,
pero lo suficiente para difamar y generar protestas. Hubo zonas geográficas de
resistencia a la forzosa inmunización, donde tuvo que acudir la fuerza pública
para doblegar la terca oposición. Inclusive se registraron incidentes de
técnicos amenazados y atacados con objetos contundentes.
En Misiones cobró tal magnitud la oposición vacunadora, que
el candidato a gobernador en el año 91 por el oficialismo y a la vez de nuestro
partido, Ingeniero Ramón Puerta, me dijo en plena campaña electoral, “paren un
poco que me van hacer perder las elecciones, aunque después fue quien más
apoyó”.
Y bueno, yo aquí paro en contar estas anécdotas. Son solo
menudencias del muestrario de otras tantas existentes de la campaña de
vacunación. Los del SENASA, tendrán muchas más, presumo que los técnicos de
provincias también. Lo importante es tenerlo presente como parte de los hechos
ocurridos en el Plan de vacunación 90/92.
Como todo gran acontecimiento, según pasa el tiempo, el
recuerdo de esa campaña de vacunación, la madre de todas las campañas, se fue
diluyendo y en igual proporción su importancia. De aquella época difícil ahora
se tiene un panorama muy distinto, casi halagüeño.
Comparativamente, es como abrir un surco en la selva y luego
asfaltarlo.
Se facilitó tanto la cosa a través de la estructura dejada
en herencia que, en la actualidad, montar un programa de vacunación es mucho
menos complejo y cualquier buen Director lo puede ejecutar al tener a mano
antecedentes y a los capacitados técnicos, quienes fueron los responsables de
trocar la difícil vacunación de ayer en la menos complicada de hoy.
“Como esto es verdad, está faltando en el frontispicio del
edificio de Paseo Colón, el reconocimiento a la pléyade de funcionarios y
técnico que hicieron posible convertir en realidad el exitoso Plan de Control
90/ 92”. TOMADO DE ENVIO DE PREGON
AGROPECUARIO DE AR

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