Que se mejoren las precarias condiciones de la mayoría de 11
millones de colombianos que viven en zonas rurales dependerá de si este y
próximos gobiernos saben capitalizar en ajustes institucionales, políticas
públicas y programas juiciosos de inversión, los indicadores que arroja el
Censo Nacional Agropecuario, que no se hacía desde 1970.
Lo paradójico es que el Dane comienza a publicar a
cuentagotas esta radiografía de la ruralidad de 1.101 municipios del país,
justo cuando el Gobierno redujo en 38,5 por ciento (1,5 billones de pesos) el
presupuesto planteado para el Ministerio de Agricultura en 2016: pasó de 3,9
billones de pesos a 2,4 billones.
No obstante, las crudas cifras del censo (ver gráficos), ya
son un buen argumento para que el ministro del ramo, Aurelio Iragorri, pida a
los congresistas que ese apretón fiscal sea menos riguroso con el campo.
Pero tener más plata para inversión por parte de un Gobierno
en tiempo de vacas flacas, no es suficiente a la hora de garantizar que haya
más desarrollo para el campo o se “acelere” la reforma agraria que ahora
pregona el presidente Juan Manuel Santos.
También se precisa un análisis riguroso y multidimensional
de un campo con vacíos que van más allá de una asistencia técnica que solo
recibieron 9 de cada 100 productores agropecuarios en 2013, o más allá de
reducir ese 83 por ciento que no tiene la maquinaria e infraestructura
requerida para ser más productivos y competitivos.
“Este censo es un campanazo que demuestra que muchas veces
la inversión del Estado no ha estado alineada con las necesidades del campo,
por ejemplo, en materia educativa. Hoy el sector rural es muy vulnerable”,
afirmó José Félix Lafaurie, presidente de Fedegán, gremio de los ganaderos.
Así que se requiere de una línea de base clara, que hoy da
el Censo, para ordenar el gasto de forma eficiente y poder medir el impacto
real de las acciones que se implementen. Por ejemplo, hasta ahora se suponía
que el país tenía 5,5 millones de hectáreas sembradas, pero la medición indica
que son 7 millones.
Es más: el área destinada a cultivos permanentes ha venido
aumentando: pasó de 43,7 por ciento (1960), a 52,6 (1970), y ya es de 74,8. En
la actualidad el 15 por ciento corresponde a cultivos transitorios, que han
disminuido.
“Los primeros resultados del Censo constituyen un avance
significativo para las acciones, cambios y ajustes que el Gobierno debe
realizar para el crecimiento del sector. Más aún, es una herramienta para
conocer el estado real del sector y una base para la formulación, seguimiento y
evaluación de las políticas y el desarrollo rural colombiano”, apuntó ayer
Rafael Mejía López, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia
(SAC).
En ese entendido, los resultados del Censo también coinciden
con la presentación de la arquitectura institucional que recomienda la Misión
Rural, liderada por José Antonio Ocampo, para que el Gobierno tenga los brazos
suficientes para una gestión más efectiva del desarrollo en el territorio (ver
nota anexa).
Mientras se dan, en mayor o menor medida esos ajustes, y se
aseguran los recursos que correspondan con la realidad del campo colombiano,
para el agroempresario antioqueño Gabriel Harry Hinestroza, el Censo no puede
ser detonante para repetir los errores del pasado, como los que dejó la reforma
agraria del presidente Carlos Lleras Restrepo.
“Pensar que entregando tierra se soluciona el problema es un
engaño. La tierra sirve con vivienda, educación, crédito. Los tecnócratas no
son los que saben del problema de la tierra, ese conocimiento está en el campo
y por eso debe haber una política rural diferenciada por territorios para no
botar la plata”.
Agregó que la posibilidad de un campo con un desarrollo
equilibrado entre pequeños productores y agroindustriales tampoco está claro,
por el creciente temor de la inversión privada rural ante la indefinición
jurídica en la propiedad de la tierra.
En todo caso, mientras se termina de conocer el Censo en su
totalidad, desde ya el ministro Iragorri se fijó tres pasos a dar: “Hay que
insistir en la seguridad alimentaria y lograr que sea productiva la actividad
agropecuaria para pequeños parceleros; dos, debemos lograr la sustitución de
importaciones y volver a sembrar productos como cereales; y, finalmente,
tenemos que incrementar las exportaciones agrarias, que este año llegan a 45
nuevos destinos y esa tarea debe continuar”. Le llegó la hora al campo, pero
falta afinar el reloj que le marque sus minutos .
El presupuesto planteado para el Ministerio de Agricultura
en 2016: pasó de 3,9 billones de pesos a 2,4 billones. FOTO Henry Agudelo
JUAN FERNANDO ROJAS TRUJILLO Reportero por vocación.
Convencido de que el periodismo es para mejorar la vida de la gente. Ahora
escribo de temas económicos en El Colombiano. TOMADO DE EL COLOMBIANO


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