LA CIUDAD ES UNA DE
LAS GRANDES IMPORTADORAS DE PRODUCTOS DEL MAR Hong Kong consume especies en
extinción Pescados, cangrejos o almejas son parte del menú de la población.
Usan la técnica polémica de pesca con cianuro.
Foto: AFP Agencia AFP En Hong Kong los gourmets y los
turistas adoran degustar pescados y crustáceos. Sin embargo, las técnicas de
pesca son cuestionables, en el menú aparecen especies amenazadas y los
ecologistas quieren cambiar ciertos hábitos. La antigua colonia británica es la
segunda consumidora de productos del mar de Asia, con un promedio de 71,2
kilogramos por habitante y por año, o sea más de cuatro veces el promedio
mundial, según el World Wild Fund (WWF) de Hong Kong. Pescados, cangrejos o
almejas están omnipresentes tanto en los establecimientos de lujo como en los
restaurantes más informales. Como la comida debe estar lo más fresca posible,
el cliente escoge su pescado mientras está todavía nadando en un acuario. Langosta
asada con fideos o buñuelos de camarón con yema de huevo salado son los platos
que aparecen entre los más vendidos. La ciudad de 7 millones de habitantes es
una de las más grandes importadoras del mundo de productos del mar, porque las
aguas de la región autónoma, que volvió a estar en 1997 bajo la autoridad de
China, se quedaron sin peces hace mucho tiempo. Además, más del 50% de las
especies llevadas al wok en los restaurantes tradicionales de Hong Kong vienen
de recursos “muy poco sostenibles”, según WWF. Pesca con cianuro “La sobrepesca
provoca la caída de los stocks y hace que varias especies estén a punto de desaparecer.
Sin embargo, estas todavía siguen en el menú”, dijo a AFP Gavin Edwards,
director de la preservación en WWF Hong Kong. “Hong Kong tiene el deber de
cambiar la tendencia”, apostilla. Se consumen por ejemplo productos que vienen
de técnicas polémicas como la pesca con cianuro que suprime la fotosíntesis y
merma el arrecife o la sobrepesca, explica Gavin Edwards. Entre estos está el
mero, el pepino de mar salvaje o el Napoleón, un pescado de arrecifes de coral,
codiciados por el cliente, el cual ignora a menudo todo sobre la conservación
de lo que llega a su plato. La WWF acaba de publicar en internet una guía de
productos sostenibles y pidió a los restauradores prever en el menú opciones
que no amenacen los océanos. Pero la batalla no está ganada de antemano. Ted
Mahizawa, estudiante japonés de 22 años, de viaje en Hong Kong, viene de
degustar una comida con pescado en Sai Kung, localidad costera de renombre
entre los gastrónomos. El joven ignora toda la “sostenibilidad” de su plato de
mero al vapor y camarones. “Es verdad que preferimos no saber mucho”, confiesa
el estudiante sentado a dos metros de los acuarios en los cuales se amontonan
los pescados de coral y los cangrejos vivos. Pocos son los restaurantes que
indican de dónde vienen los pescados, reconoce Janice Fung, que espera su plato
en el Café Deco, en el Peak, una zona turística de Hong Kong. “Si uno va a un
restaurante de lujo o a tiendas especializadas, te van a decir de pronto de
dónde vienen”. Pero “si me dicen que lo que como está en peligro de extinción,
trataré de evitarlo”, menciona. El restaurante adoptó las instrucciones de la
WWF, al rechazar por ejemplo cocinar la famosa aleta de tiburón. “La gente no
diferencia si no ponemos aleta de tiburón en los bocados”, explica a AFP el chef
William Chang, dándole el último toque a sus raviolis de trucha de mar. Son los
restaurantes los que deben dar “el primer paso” para cambiar las costumbres
alimentarias, opina el chef. Unos proveedores intentan cambiar la costumbre.
Mark Kwok, banquero que se convirtió en productor de cría de meros, espera
contribuir a limitar los daños. Su piscifactoría de Yen Long, en el norte de
Hong Kong, ganó la etiqueta de “sostenible” por la WWF en 2013. Algunos
restaurantes tienen miedo de perder ganancias si las cosas cambian. “Muchos
clientes vienen de China continental y quieren algo que nunca antes hayan
visto”, dice Ng Wai-lun, uno de los propietarios de Chuen Kee Seafood
Restaurant de Sai Kung. “Les gusta escoger los pescados coloridos (...) o los
pescados salvajes que vienen de ser capturados”. Para que su restaurante sea
sostenible tendría que tachar el 70% del contenido del menú, confiesa el
propietario. (I) TOMADO DE EL TELEGRAFO DE ECUADOR

No hay comentarios:
Publicar un comentario