Obama y el cambio
climático Como si todavía hubiera lugar a alguna duda sobre su decisión de
dejar una huella muy honda a su paso por la Casa Blanca, el presidente de
Estados Unidos, Barack Obama, ha sorprendido al mundo durante la semana que
termina al dar un giro radical a la política ambiental de su país. Ha
presentado un plan para reducir las emisiones de dióxido de carbono a la
atmósfera e impulsar la inversión en energías renovables. La medida, importante
de por sí, lo es mucho más si se considera que dentro de cuatro meses se inaugurará
en París una nueva versión de la Cumbre sobre Cambio Climático y se espera que,
como en todas las anteriores, la posición estadounidense tenga un peso
suficientemente grande como para influir de manera decisiva en las políticas
mundiales sobre el tema. El paso dado por Obama es doblemente notable. Primero,
porque es la primera vez que un mandatario estadounidense impone límites
drásticos a las emisiones de las plantas energéticas, lo que pone un punto
final a varias décadas durante las que Estados Unidos se rehusó a plegarse a la
corriente dominante en la comunidad internacional. Y segundo, porque deja sin
ningún argumento a otros países que, como China, se escudaban tras la
negligencia estadounidense para justificar su propia renuencia a sumarse al
esfuerzo planetario que hace falta para frenar el deterioro del medio ambiente.
Mayor mérito tiene Obama al haber dado tan audaz viraje cuando su país se
apresta a encarar un nuevo proceso electoral en circunstancias en las que las
corrientes más conservadoras se aprestan a dar dura batalla. TOMADO DE LOS
TIEMPOS DE BOLIVIA
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