Este es un gobierno extractivista, no de medio
ambiente": exministro Manuel Rodríguez
Manuel
Rodríguez, exministro de Medio Ambiente, dice que Colombia tiene que escoger la
agricultura antes que la minería.
Por: Margarita
Vidal Garcés | FOTO Manuel Rodríguez Becerra, exministro de Medio Ambiente de
Colombia.
Manuel Rodríguez
Becerra fue el primer ministro del Medio Ambiente en Colombia y es toda una
autoridad mundial en el tema. Es ingeniero industrial de la Universidad de los
Andes y B. LITT de la Universidad de Oxford. Hoy es profesor titular de la
Facultad de Administración de su Alma Mater, miembro asesor sobre política de
bosques del Banco Mundial, preside el Foro Nacional Ambiental y representa al
sector ambiental en el Consejo Nacional de Planeación.
Es también el
director del proyecto ‘La mejor Orinoquia que podemos construir’, liderado por
los Andes para pensar el presente y el futuro de esa enorme reserva del país,
que ha estado en el ojo del huracán en los últimos días, por cuenta de la
compra de grandes extensiones de terreno por parte de empresas privadas. En
esta entrevista dice por qué el Ministerio del ramo, según su leal saber y
entender, va de mal en peor.
¿Cuál es su
diagnóstico sobre el Ministerio del Medio Ambiente?
El Ministerio
funcionó bien hasta el 2002, pero en los gobiernos de Uribe vino la catástrofe
de fusionarlo con Vivienda. Pero, más que la fusión, lo grave fue la poca
importancia que le dio el presidente a la parte ambiental y al desarrollo
territorial. Y cuando Santos subió a ponerse la manilla con los indígenas de la
Sierra Nevada, todos tuvimos la esperanza de que ese anuncio tan espectacular
abriera una época brillante de gestión ambiental, pero hemos seguido con la
misma música uribista.
¿Y eso qué
quiere decir?
Que se mantiene
una institucionalidad ambiental muy débil porque no tiene los suficientes
recursos económicos, y, sobre todo, porque las prioridades del gobierno están
en otro lado. Este es particularmente un gobierno extractivista en el que
predomina una política sectorial en minería e hidrocarburos, con muy poco
miramiento por el medio ambiente. De pronto, hay relámpagos como la ampliación
del Parque Chiribiquete, para tratar de lavar la poca gestión ambiental.
¿Contribuyó al
caos el nombramiento de cinco ministros en tres años?
Claro, primero
nombraron a Beatriz Uribe y después a Sandra Bessudo y ahí hubo una dualidad
muy negativa. Luego hubo otros tres ministros en tres años. Lo poco que se ha
hecho se le debe a la viceministra Adriana Soto, a quien no nombraron Ministra
porque el gobierno la considera una ambientalista “fundamentalista”.
Ella ha trabajado
más de 20 años en el tema y dio una pelea muy dura dentro del gobierno cuando
hicieron las famosas Áreas Extractivas Mineras y logró que, después de haber
designado 17 millones de hectáreas para explotación minera, el gobierno sacara
una resolución para hacer un ordenamiento ambiental en la región amazónica
antes de otorgar las concesiones mineras,o sea que, en principio, se excluirían
de la explotación las áreas que se consideren importantes.
¿Y no es
suficiente protección?
Claro que no, la
decisión de Santos de entrar sobre la región amazónica es de las peores
noticias que puede tener el país en materia ambiental y este gobierno será
recordado por haber tenido la irresponsabilidad de abrir esa región a la
minería y a la actividad petrolera. Colombia tendría que haber protegido a toda
costa esa zona para el futuro.
¿Es un hecho
irreversible?
Sí, porque ya
está designada como Reserva Minera Estratégica. Seguramente se van a excluir
algunas áreas y esa será una pelea muy dura, porque no solamente se trata de
esa reserva sino de 35 millones de hectáreas en todo el país. A esta, por lo
menos, se le puso la cortapisa de un ordenamiento ambiental, lo cual permite
esperar la conservación de algunas áreas.
¿Algún
presidente ha hecho a fondo una política de protección del medio ambiente?
El presidente
Barco, que fue un hombre muy visionario. Yo no trabajé con él, pero reconozco
que adelantó una política importante sobre la protección de la Amazonia, con la
declaración de diez millones de hectáreas en Resguardos Indígenas y cinco
millones en Parques Nacionales.
¿Dónde está
básicamente el problema, entonces?
En parte, en que
de acuerdo a la Constitución del 91, en Parques Nacionales no puede haber
explotaciones mineras, ni petroleras, pero sí puede haber Resguardos Indígenas
y eso va a ser muy problemático.
¿Por qué esa
intención de entrar a la región le despierta una reacción tan fuerte?
Mi oposición es
radical porque el problema con la explotación minera y petrolera a gran escala
no son tanto las huellas ecológicas que dejan (que pueden ser muy grandes),
sino que los extensos complejos mineros en zonas selváticas exigen construir
carreteras y asentamientos humanos que generan una migración masiva y una
destrucción monumental de la selva.
¿Cuál debería
haber sido el orden de las cosas?
Antes de declarar
todas esas Áreas Estratégicas Mineras y de haber dado las concesiones, debería
haberse hecho un ordenamiento territorial del país para determinar qué zonas
son compatibles con la minería y con la actividad petrolera, y cuáles no,
porque puede haber sitios muy sensibles desde puntos de vista como los
ecológicos, culturales, históricos o arqueológicos, donde no debe haber ese
tipo de actividades.
¿Cómo
compaginar la defensa ambiental con la economía de la minería y del petróleo?
En un gran
seminario sobre la minería en la Universidad de los Andes y con la Universidad
de Harvard, Miguel Urrutia, el antiguo director del Banco de la República, que
es un gran académico, decía una cosa razonable: a cada proyecto minero se le
debería hacer un estudio costo-beneficio: de los beneficios sociales y
económicos y de los costos sociales y ambientales; si la relación no da, no se
hace.
¿A rajatabla?
Desde luego, la
idea de que se puede hacer explotación minera para obtener divisas sin importar
las consecuencias en los años siguientes es de una gran irresponsabilidad. Hoy
ya se sabe que hay un tipo de minas que no se pueden explotar porque las
consecuencias ambientales de largo plazo exigen inversiones colosales de los
gobiernos.
¿Por ejemplo?
En los Estados
Unidos han cerrado recientemente 30 minas que nunca debieron abrirse. Durante
los próximos 20, 25 años, le costará al estado una inversión anual de US$60.000
millones aproximadamente controlar los drenajes ácidos. Eso no es un juego de
niños.
¿Cómo combinar
la explotación minera y petrolera con la agricultura?
El país tiene una
gran vocación agrícola que en muchos casos puede no ser compatible. Argentina,
un país con clara vocación agrícola prohíbe verter aguas residuales de la
actividad petrolera en los ríos. Quien no tenga las condiciones tecnológicas o
económicas para devolver esas aguas a capas geológicas profundas no va, porque
no corren riesgos. Colombia también tiene un futuro agrícola muy interesante y
la minería no solo utiliza mucha agua, sino que tiene aguas residuales
complejas de tratar, y lo mismo la actividad petrolera. Entonces, hay que escoger,
y creo que para Colombia la agricultura es fundamental en el largo plazo.
Si se dice que
no hay política agraria, ¿cómo paliar el malestar y la protesta social por el
abandono secular del campo?
La demanda de
alimentos en los próximos años implica duplicar la producción de alimentos en
el mundo. De acuerdo con la FAO Colombia es uno de los siete países con una
frontera agrícola importante y, según el Ministerio de Agricultura, podríamos
ampliar la producción agrícola en unos diez millones de hectáreas, es decir,
triplicarla. Otro aspecto es que el 52 % de lo que comemos los colombianos
viene de la agricultura campesina, de acuerdo a un estudio que hicieron la SAC
y Fedesarrollo este año. Esa agricultura campesina hay que fortalecerla.
¿Con qué
métodos?
El gran reto es
cómo aumentar la productividad de la agricultura campesina y, al mismo tiempo,
generar condiciones de justicia social en el campo. Se afronta en buena parte
con el proceso de Restitución de Tierras, que yo creo fundamental, pero también
con investigación, desarrollo científico y tecnológico, y asistencia técnica a
los campesinos para que produzcan y tengan un buen vivir.
¿Y el gran
desarrollo agroindustrial al que quiere apostarle el gobierno?
Pues claro que
también cabe la agricultura agroindustrial pero, como dicen expertos
internacionales, para la agricultura mundial durante los próximos 40 años hay
tres retos: duplicar la producción, generar mayores condiciones de justicia
social en el campo y proteger los ecosistemas que prestan servicios básicos a
la agricultura como son, por ejemplo, el agua y la polinización, porque ya
traspasamos los umbrales. Hemos abusado tanto que si no se hace restauración de
ecosistemas críticos relacionados con agricultura, ni Colombia, ni otros países
estarán en capacidad de proveer los alimentos que el mundo necesita.
¿Pero sí sería
posible hacerlo?
El reto es
fascinante y claro que es posible lograrlo porque existen la tecnología, la
investigación agrícola para aumentar la productividad y mucho conocimiento para
hacer gestión agrícola amigable con el medio ambiente.
¿Qué opina de
Luz Helena Sarmiento, la nueva ministra?
Ella tiene
práctica como directora del Anla, pero creo que le falta experiencia para
abarcar no solo una visión del territorio, sino de lo que es posible y de lo
que no es posible hacer en materia ambiental, porque eso solo se logra después
de muchos años de bregar con el tema a nivel nacional. Es una buena técnica y
una persona muy seria, pero uno aspiraría que hubieran nombrado a la viceministra
Soto, una ambientalista a carta cabal.
¿Qué le han
contado sus fuentes de ‘alta infidelidad’?
Ella misma dice -y yo estoy de acuerdo-que tiene una doble imagen: la gente de la industria extractiva dice que ella es un obstáculo para las licencias porque les exige muchos estudios y requisitos, y los ambientalistas dicen que la nombraron para que apruebe todas las licencias mineras que hay para aprobar. El tiempo nos dirá.
Ella misma dice -y yo estoy de acuerdo-que tiene una doble imagen: la gente de la industria extractiva dice que ella es un obstáculo para las licencias porque les exige muchos estudios y requisitos, y los ambientalistas dicen que la nombraron para que apruebe todas las licencias mineras que hay para aprobar. El tiempo nos dirá.
¿Cómo vio el
nombramiento de Rubén Darío Lizarralde como ministro de Agricultura, muy
criticado por tratarse de un palmero que, según dicen, es una persona que no
interpreta el malestar y los movimientos campesinos por estar en el lado
opuesto?
Yo le he
escuchado muchas veces su visión empresarial y me parece muy interesante. Es
una persona correcta pero, después del paro, fue una equivocación nombrarlo
precisamente a él en Agricultura, donde se necesitaba alguien que encarara el
tema campesino con toda su complejidad. Una imprudencia enorme, porque reducir
el caso campesino en unas alianzas con grandes empresas para hacer explotación
agro-industrial a gran escala, es de un simplismo preocupante.
Páramos y minería
¿Y qué hay con
los páramos?
Esa es otra
prueba de fuego para la Ministra y vamos a ver si atiende las recomendaciones
de la ciencia o las presiones desde la Presidencia de la República y la
Procuraduría. O desde la Gobernación de Santander, por ejemplo, en el caso de
Santurbán, de dejar la mina por fuera del páramo. Eso sería totalmente
anti-científico, pero las presiones van en esa dirección.
¿Su conclusión
ante eso?
Que si la vieja
Colombia que todavía se expresa mucho en el actual gobierno, no se pone al día
con estos temas, vamos a tener un problema muy serio. El expresidente Fernando
Henrique Cardoso dijo un día que en Brasil están ocurriendo cosas más
importantes en los movimientos sociales que a nivel del Ejecutivo y del
Congreso. Un movimiento enorme de la gente sin tierra que, entre otras cosas,
condujo a una respuesta muy fuerte de ese gobierno en reformas agrarias.
¿Estamos ad
portas de algo así?
Creo que en
Colombia estamos en ese umbral y si los estudios y las evaluaciones de impacto
ambiental de los proyectos en marcha no se hacen con toda la seriedad, vamos a
tener problemas y vendrán conflictos muy complicados. Por otra parte, la gente
no tiene confianza en el MinAmbiente, ni en las CAR.
TOMADO DE EL PAIS
DE COLOMBIA

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