Argentina: 7 de cada 10 repitentes tienen padres con baja
educación
Desde el oficialismo se comienza a reconocer la decadencia
educativa de la última década. Pero, simultáneamente, se minimizan los impactos
negativos de este fracaso. El testimonio más ilustrativo es pretender dar un
cariz positivo a la gran cantidad de jóvenes que no estudian ni trabajan,
aduciendo que la mayoría son mujeres dedicadas al cuidado de los hijos. Esta
posición, de un conservadurismo apabullante, ignora que la combinación de maternidad
temprana y bajo nivel de educación de la madre es un poderoso factor de
reproducción intergeneracional de la pobreza al incidir negativamente en la
educación de sus hijos.
Ante las evidencias cada vez más contundentes de la decadencia del sistema educativo, en el oficialismo se empieza a reconocer el fracaso. Un dato muy abrumador es el que brinda la evaluación PISA que señala que en elaño 2000 el 44% de los jóvenes de 15 años no tenía capacidades mínimas de lectura, es decir, manifestaban serias dificultades para entender lo que leían. En el año 2009 esta proporción subió al 52%. En el mismo período, PISA muestra que el sistema educativo de Chile logró que la cantidad de jóvenes de 15 años sin capacidades mínimas de lectura disminuyera de 48% al 31%.
Que más de la mitad de los jóvenes no entiendan lo que leen es un problema de gravedad extrema ya que son candidatos a abandonar tempranamente el sistema educativo y verse forzados a sufrir severos problemas de empleabilidad durante toda su vida. Se trata de una poderosa fuente de frustraciones y pobreza que, además, tiende a propagarse entre generaciones. Una manera de dimensionar el proceso de perpetuación de la marginalidad educativa y social es analizar la incidencia que tiene la educación de los padres sobre el desempeño educativo de los hijos.
Ante las evidencias cada vez más contundentes de la decadencia del sistema educativo, en el oficialismo se empieza a reconocer el fracaso. Un dato muy abrumador es el que brinda la evaluación PISA que señala que en elaño 2000 el 44% de los jóvenes de 15 años no tenía capacidades mínimas de lectura, es decir, manifestaban serias dificultades para entender lo que leían. En el año 2009 esta proporción subió al 52%. En el mismo período, PISA muestra que el sistema educativo de Chile logró que la cantidad de jóvenes de 15 años sin capacidades mínimas de lectura disminuyera de 48% al 31%.
Que más de la mitad de los jóvenes no entiendan lo que leen es un problema de gravedad extrema ya que son candidatos a abandonar tempranamente el sistema educativo y verse forzados a sufrir severos problemas de empleabilidad durante toda su vida. Se trata de una poderosa fuente de frustraciones y pobreza que, además, tiende a propagarse entre generaciones. Una manera de dimensionar el proceso de perpetuación de la marginalidad educativa y social es analizar la incidencia que tiene la educación de los padres sobre el desempeño educativo de los hijos.
Según datos de la evaluación PISA correspondientes al año
2009 se observa que:
· El 31% de los jóvenes de 15 años se quedó alguna vez de
grado.
· De estos jóvenes que alguna vez repitieron, el 72% tiene
padre y/o madre que no terminó la secundaria.
· Del 69% que no repitió, sólo el 54% tiene padre y/o madre
que no terminó la secundaria.
Estas evidencias sugieren que la baja formación de los
padres aumenta los riesgos de que los hijos reproduzcan las malas experiencias
educativas. Es decir, uno de los determinantes del deficiente desempeño escolar
es la baja formación de los padres. En este marco, resulta pertinente evaluar
el planteo del oficialismo que relativiza las consecuencias de que muchos
jóvenes no estudien ni trabajen (los “ni-ni”) por considerar que, en la mayoría
de los casos, se trata de mujeres dedicadas al cuidado de sus hijos. Una mujer
de hogar pobre, con estudios incompletos, convertida en madre temprana, no sólo
no desarrolla capacidades laborales para generar ingresos dignos por sus
propios medios, sino que con alta probabilidad condicionará el futuro educativo
y laboral de sus hijos.
Plantear como positivo que las jóvenes abandonen los
estudios y no participen en el mercado laboral para dedicarse al cuidado de los
hijos es de un conservadurismo apabullante. Es muy difícil ingresar a un
sendero de desarrollo social sostenido con una clase dirigente apegada a ideas
tan tradicionalistas y atávicas que asocian la feminidad al cuidado del hogar.
Además, es altamente contradictorio con el mejor desempeño educativo que
muestran las mujeres. La misma prueba PISA señala que mientras el 59% de los
varones manifiesta severos problemas de lectura, entre las mujeres esta
proporción se reduce al 45%.
Esta arcaica idea respecto al rol de la mujeres “ni-ni” es
coherente con la concepción que se le viene dando a la Asignación Universal por
Hijo. Los desvíos en el diseño y la baja calidad de gestión han degradado este
instrumento a un mecanismo de asistencialismo tradicional que, lejos de
dignificar, induce la perpetuación de la pobreza al estimular la inactividad
escolar y laboral de las mujeres y la temprana maternidad.
Asumido el fracaso, es central no minimizar sus
consecuencias ni eludir las medidas correctivas. En materia educativa la
experiencia de los últimos años demuestra que mucho más difícil que aumentar
los recursos para educación es lograr que esos recursos se asignen
correctamente. Esto exige, por ejemplo, cambiar las reglas que regulan el
trabajo docente y la política educativa. En relación a la Asignación Universal
por Hijo es fundamental potenciar su impacto a partir de perfeccionar su diseño
y modernizar los instrumentos de gestión. Es recomendable replantear las
condicionalidades para estimular la escolaridad de la madre e inducirla a la
actividad laboral y sustituir la obsoleta libreta que se usa para controlar las
condicionalidades por mecanismos más profesionales. Tomado de envío de así
somos de Córdoba ar

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