sábado, 12 de octubre de 2013

REMOLINO EN GOLFO BIZCAIA estudian los científicos

Azti-Tecnalia utiliza un innovador submarino para estudiar por primera vez las entrañas de este fenómeno oceánico
M. JOSÉ TOMÉ |
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Al igual que ocurre en la atmósfera, el mar también tiene sus propias borrascas y anticiclones: son los remolinos. Precisamente, el Golfo de Bizkaia es escenario de un gran torbellino oceánico de unos cien kilómetros de diámetro, cuyo interior no había sido jamás explorado. Ahora, el centro tecnológico vasco Azti-Tecnalia está inmerso en un proyecto inédito para estudiar por primera vez qué ocurre en el corazón de este fenómeno, gracias también a una tecnología innovadora: un planeador, una especie de torpedo con alas que es capaz de 'volar' bajo el agua.
El ingenio es, en realidad, un submarino no tripulado -bautizado Glider-, que ha descendido hasta mil metros de profundidad para comprobar 'in situ' el funciomiento de estas estructuras marinas. «No lleva sistemas de propulsión y los pequeños motores que incorpora en su interior los emplea para variar su densidad interna», explica Carlos Hernández, investigador de Azti-Tecnalia. Es decir, si traslada todo el peso a su cabeza, el Glider desciende; si por el contrario lo concentra en la parte de atrás, ascenderá a la superficie. Al no llevar propulsión, el Glider es autónomo y, por tanto, capaz de realizar campañas de varios meses de duración y de miles de kilómetros de distancia sin necesitar volver a tierra.
Efectos en el ecosistema
En este caso, el pequeño submarino ha permanecido frente a la costa vasco-cántabra desde finales de julio hasta acabar septiembre midiendo la salinidad, temperatura, oxígeno disuelto, contenido de clorofila y turbidez del agua en el interior del remolino, situado a más de 20 millas de la costa cantábrica. No todos los años se genera este fenómeno, depende de un flujo cálido que migra sobre el talud marino y ciertos años llega hasta el litoral vasco, siempre en invierno, donde se mantiene durante meses prácticamente inamovible.
Los datos recabados por el Gliter y por dos boyas de deriva, que han medido la velocidad de las corrientes, servirán a los técnicos para tener un mayor conocimiento de estos fenómenos y predecir sus efectos en el ecosistema marino. Porque además de modificar la circulación oceánica general de la zona en que se encuentran, los remolinos son capaces de transportar desde su región de origen partículas y plancton, incluyendo huevos y larvas de diferentes especies de peces que luego desovan en las proximidades.

Los remolinos del Golfo de Bizkaia se habían estudiado hasta el momento mediante imágenes de satélite, modelos oceanográficos o boyas. La novedad de la campaña de Azti-Tecnalia -que cuenta con financiación de la UE a través del proyecto Jerico, y del Departamento de Desarrollo Económico y Competitividad del Gobierno vasco- reside en la observación directa y en tres dimensiones del remolino, gracias a la versatilidad del Glider, capaz de desplazarse verticalmente en zig-zag. Durante su periplo submarino, el planeador ha ido remitiendo vía satélite al centro tecnológico toda la información que iba recogiendo. Sin embargo, el remolino ha conseguido preservar parte de su misterio: los investigadores no han conseguido determinar con exactitud «ni su extensión vertical total ni el lugar en el que se origina». TOMADO DE EL CORREO DE PAIS VASCO 

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