Azti-Tecnalia
utiliza un innovador submarino para estudiar por primera vez las entrañas de
este fenómeno oceánico
M. JOSÉ TOMÉ |
Al igual que
ocurre en la atmósfera, el mar también tiene sus propias borrascas y
anticiclones: son los remolinos. Precisamente, el Golfo de Bizkaia es escenario
de un gran torbellino oceánico de unos cien kilómetros de diámetro, cuyo
interior no había sido jamás explorado. Ahora, el centro tecnológico vasco
Azti-Tecnalia está inmerso en un proyecto inédito para estudiar por primera vez
qué ocurre en el corazón de este fenómeno, gracias también a una tecnología
innovadora: un planeador, una especie de torpedo con alas que es capaz de
'volar' bajo el agua.
El ingenio es, en
realidad, un submarino no tripulado -bautizado Glider-, que ha descendido hasta
mil metros de profundidad para comprobar 'in situ' el funciomiento de estas
estructuras marinas. «No lleva sistemas de propulsión y los pequeños motores
que incorpora en su interior los emplea para variar su densidad interna»,
explica Carlos Hernández, investigador de Azti-Tecnalia. Es decir, si traslada
todo el peso a su cabeza, el Glider desciende; si por el contrario lo concentra
en la parte de atrás, ascenderá a la superficie. Al no llevar propulsión, el
Glider es autónomo y, por tanto, capaz de realizar campañas de varios meses de
duración y de miles de kilómetros de distancia sin necesitar volver a tierra.
Efectos en el
ecosistema
En este caso, el
pequeño submarino ha permanecido frente a la costa vasco-cántabra desde finales
de julio hasta acabar septiembre midiendo la salinidad, temperatura, oxígeno
disuelto, contenido de clorofila y turbidez del agua en el interior del
remolino, situado a más de 20 millas de la costa cantábrica. No todos los años
se genera este fenómeno, depende de un flujo cálido que migra sobre el talud
marino y ciertos años llega hasta el litoral vasco, siempre en invierno, donde
se mantiene durante meses prácticamente inamovible.
Los datos
recabados por el Gliter y por dos boyas de deriva, que han medido la velocidad
de las corrientes, servirán a los técnicos para tener un mayor conocimiento de
estos fenómenos y predecir sus efectos en el ecosistema marino. Porque además
de modificar la circulación oceánica general de la zona en que se encuentran,
los remolinos son capaces de transportar desde su región de origen partículas y
plancton, incluyendo huevos y larvas de diferentes especies de peces que luego
desovan en las proximidades.
Los remolinos del
Golfo de Bizkaia se habían estudiado hasta el momento mediante imágenes de
satélite, modelos oceanográficos o boyas. La novedad de la campaña de
Azti-Tecnalia -que cuenta con financiación de la UE a través del proyecto
Jerico, y del Departamento de Desarrollo Económico y Competitividad del
Gobierno vasco- reside en la observación directa y en tres dimensiones del
remolino, gracias a la versatilidad del Glider, capaz de desplazarse
verticalmente en zig-zag. Durante su periplo submarino, el planeador ha ido
remitiendo vía satélite al centro tecnológico toda la información que iba
recogiendo. Sin embargo, el remolino ha conseguido preservar parte de su
misterio: los investigadores no han conseguido determinar con exactitud «ni su
extensión vertical total ni el lugar en el que se origina». TOMADO DE EL CORREO
DE PAIS VASCO
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