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la fotografia es de la Paz Bolivia 2017 , autor luis pedro mujica

jueves, 6 de octubre de 2016

MUCHAS POBREZA EN PROVINCIAS DE ARGENTINA

 Un liderazgo regional que no enorgullece
En los últimos días se ha conocido información del Indec que da cuenta detallada del presente de la pobreza y la indigencia en la República Argentina. Los análisis y las polémicas ya están a la orden del día.
POR ALBERTO MEDINA MENDEZ
Luego de años de falseamiento sistemático de las estadísticas, esas que los organismos estatales divulgaban, pero que no gozaban de crédito alguno, ni dentro ni fuera del país, finalmente se conocieron nuevas cifras.
Como muchos ya imaginaban, este sinceramiento de los números, reflejaría una realidad que fue ocultada deliberadamente, porque oportunamente generaba una enorme vergüenza y resultaba incómodo para los intereses políticos de quienes detentaban, en ese momento el poder.
La mayor herramienta de su tiempo, aquél relato minuciosamente diseñado por la anterior gestión nacional, no precisaba de información fidedigna que refutara con tanta dureza cada uno de los supuestos éxitos del imaginario paraíso terrenal que pretendían mostrar a diario.
La verdad es que nadie puede sorprenderse con estas revelaciones que ahora se conocen y que confirman que casi un tercio de la población del país es pobre, mientras que alrededor del 6% está en situación de indigencia.
Habrá que decir que el Nordeste argentino tuvo su propio balde de agua fría al corroborarse que efectivamente lidera indicadores que no son dignos de orgullo alguno y que duelen enormemente por lo que todo eso significa.
Es que 4 de cada 10 habitantes de estas provincias del Norte argentino se enrolan en los indicadores de pobreza mientras que más del 7 % de indigentes configuran una situación que coloca a la región al tope de este humillante ranking.
No es una novedad que esta parte del país figure entre las más pobres y tampoco es noticia que las cifras sean tan contundentes. Lo realmente preocupante es que la dirigencia local no se haya tomado la tarea de reaccionar como corresponde frente a estos descubrimientos, que dejaron de ser una suposición para convertirse en una realidad difícil de ocultar.
Las estadísticas cumplen un rol vital porque permiten tomar decisiones bajo el amparo de información suficientemente chequeada y profesionalmente estudiada. No se analizan estos fenómenos para contemplarlos como si se tratara de una obra de arte o de referencias irrelevantes.
La idea central es que este tipo de cómputos ayuden eficazmente a quienes tienen responsabilidades de conducir los gobiernos municipales, provinciales, y obviamente también a quiénes diseñan programas desde el ámbito nacional, para que ellos puedan instrumentar políticas públicas que sirvan para optimizar cada uno de los desempeños en los diferentes tópicos.
  Es tiempo de que esta cuestión sea parte esencial de la agenda regional. No se puede seguir jugando a las escondidas ni hacerse los distraídos, tomando estas reseñas como meros elementos del paisaje, con tanta naturalidad y resignación.
Se sabe que revertir este proceso no es una tarea sencilla. Nadie imagina, ni pretende, que puedan resolverse estos complejos problemas en un plazo breve, pero queda claro también que observar pasivamente las cifras, comentarlas livianamente y dejarlas pasar como una anécdota no es la actitud que se espera de quienes deben tomar cartas en el asunto.
Ya se sabe que la política no reacciona hasta que su actitud indiferente le genera un costo que no desea asumir. Es por eso que la sociedad debe liderar esta dinámica reclamando a los gobiernos, en cada estamento, que tenga un plan para minimizar el impacto negativo de este flagelo y empezar a construir un futuro mejor de una buena vez. No es con retórica, ni con mega proyectos que se sale de este dilema. La pobreza no se combate con medidas paliativas secundarias, ni con el tradicional asistencialismo que tanto enamora a muchos. Esas recetas llevan décadas aplicándose y no han funcionado jamás.
Esta región no es la más pobre ahora. Lo viene siendo desde hace mucho tiempo. La victimización eterna y la idea de que se trata de una región secuencialmente postergada, no alcanzan a explicar este patético momento.
 Hace falta hacerse cargo de los resultados. No se ha llegado a esta situación por casualidad, ni por confabulación alguna. Se han hecho cosas mal, muy mal, se han omitido otras trascendentes y la clase dirigente debe admitir que tiene responsabilidades significativas de las que no puede escapar.
No se trata ahora de repartir culpas del pasado, sino de dar vuelta la página, construir una agenda seria, inteligente y creíble, para luego poner manos a la obra.
La clave está en generar riqueza, en aprovechar los recursos disponibles, en brindar oportunidades de trabajo a todos, pero siempre a partir de proyectos productivos, inversiones, capitales de riesgo y no de la mano de la repetida fórmula de un sector estatal omnipresente.
Ese esquema también ya ha fracasado en reiteradas ocasiones, y quien sostenga una visión contraria puede intentar demostrarlo revisando las cifras pormenorizadamente para sacar sus propias conclusiones.
La política tiene que tomar la posta y avanzar en la dirección correcta. Primero blanqueando la realidad para después convocar a toda la sociedad para que sea parte de un plan razonable, debidamente consensuado, que en algún instante vuelva a colocar esta parte del país en el sendero adecuado. 
ALBERTOMEDINAMENDEZ@GMAIL.COM

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