La biotecnología y sus promesas
Para los más
entusiastas, la biotecnología promete grandes soluciones en los campos de la
salud, la agricultura y hasta bio-remediar la contaminación ambiental. Para
otros, siempre está presente el miedo de que la modificación genética
desarrolle males peores.
Por Leonardo
Moledo
–Usted acaba
de publicar una segunda edición de un libro sobre biotecnología. ¿Qué tiene que
ver eso con su trabajo?
–Yo coordino el
área de biotecnología en el Instituto de Tecnología ORT de Río de Janeiro.
Desde fines de la década del 80 comencé a interesarme en el tema, luego de una
reunión en Israel en la que se habló tanto de robótica como de biotecnología.
El director de ORT Brasil me sugirió hacer un proyecto sobre biotecnología.
Imagínese: fines del ’80, no había Internet, todo era mucho más complicado. El
proyecto resultó muy interesante, y logramos montar un curso de biotecnología.
ORT Brasil es una escuela que da enseñanza técnica de nivel medio (como las de
acá). Como coordinadora de biotecnología monté los cursos y los laboratorios y
me encontré con la dificultad de encontrar textos de biotecnología o cualquier
cosa para que mis alumnos estudiaran. Me puse entonces a escribir pequeñas
cosas, y en el 2000 un ex alumno me contactó con una editora para publicar el
libro de biotecnología. Este libro llegó a la Argentina gracias a algunos
amigos, se hizo una traducción en la Universidad de Quilmes y ahora se viene la
segunda edición.
–¿Y qué
investiga?
–Hago una
investigación de tipo más docente, no hago una investigación científica regida
por los moldes de las universidades. Una de mis preocupaciones es cómo enseñar
biotecnología de una manera práctica, económica y accesible.
–¿Cómo se
hace?
–Trabajando,
buscando protocolos, adaptándolos, simplificando, experimentando. Y también
inventando. Por otra parte, tengo una página en la cual divulgo todos estos
trabajos de tal manera que un profesor pueda tener acceso a la información. Eso
me ha dado mucho reconocimiento en Brasil. Al mismo tiempo, colaboro en
entrenamiento de los ganadores de las olimpíadas de biología y actúo en la
dirección científica de la Asociación Nacional de Bioseguridad.
–¿En qué punto
está la biotecnología ahora?
–Dicen que las
tecnologías en general tienen un crescendo de 50 años y luego se estabilizan.
Yo creo que todavía falta para llegar al punto de estabilización, pero también
creo que ha hecho ya grandes cambios y que va hacer cambios aún más grandes en
nuestra vida.
–¿Qué está
haciendo ahora?
–Aplicaciones en
el campo agrícola (y eso va a continuar); en el área de medicamentos se están
diseñando algunos más eficientes, más dirigidos...
–¿Por qué la
biotecnología incide en la fabricación de medicamentos?
–Buena parte de
los medicamentos son proteínas, moléculas muy grandes que uno puede sintetizar
fácilmente. Si se puede trasladar un gen a una bacteria o un animal, uno tiene
una especie de fábrica ya montada que “prepara” la proteína: luego uno la puede
aislar y la obtiene más fácil. Aquí tenemos un aspecto de la biotecnología que
a mí me llama mucho la atención, que es la distancia entre lo que se dice que
se va a hacer y lo que se hace. Yo siempre digo que la biotecnología es lo que
llega al mercado e incide sobre la vida cotidiana; el resto es investigación
científica que podrá o no llegar a ser una aplicación biotecnológica. Si nos
ponemos a fantasear podemos pensar cualquier cosa, pero yo creo que van a ser
en última instancia aplicaciones muy concretas (en el campo ambiental, el
agrícola, el de salud). No me gusta entrar en la fantasía de lo que podemos
llegar a hacer.
–Pero hay
líneas de investigación... Por ejemplo, en lo medioambiental, ¿para qué puede
servir?
–Existen
posibilidades de bio-remediar, es decir, utilizar organismos biológicos para
eliminar la contaminación ambiental. Esto se puede aplicar a innumerables
situaciones, porque lo más interesante de todo es que cada situación requiere
una solución personalizada. Cada situación debe ser estudiada en su
particularidad para ver si lo que en términos generales uno piensa que puede
funcionar efectivamente funciona. Lo que me parece más interesante de la
biotecnología es, entonces, la diversificación. Cada situación es única y
requiere respuestas puntuales.
–La
biotecnología es algo muy novedoso y da la posibilidad de intervenir en el
torrente biológico. Me parece que por eso despierta toda clase de fantasías.
–Yo creo que el
hombre ha modificado el ambiente biológico desde que salió de la caverna. Las
posibilidades tecnológicas, sin embargo, son mayores ahora. Y nos enfrentamos
por eso a varios mitos: el mito de la caja de Pandora, por ejemplo, que supone
que podemos hacer surgir un monstruo espantoso; el mito del Arca de Noé, según
el cual uno puede mezclar una especie con otra (como si eso no hubiera sido
hecho en la genética anteriormente)... Hay un miedo a modificar una cosa que ya
está predeterminada: la “Creación”. Para algunas personas es muy controversial
intervenir en la naturaleza. La idea es modificar, sí, con buen sentido y con
buen criterio, para ver qué se puede hacer para mejorar el planeta, la
humanidad y la vida de la gente.
–¿Y quién
garantiza el buen sentido y el buen criterio?
–En primer lugar,
las personas que lo hacen. Luego tiene que haber, sin duda, instituciones que
regulen y controlen eso. Las grandes discusiones surgen cuando la gente no
siente que exista una estructura que la proteja. Dentro de los gobiernos tiene
que haber estructuras que analicen cada cuestión que la biotecnología genere.
–Sin embargo,
hay muchas cosas que tienen mucho respaldo institucional y no hacen que la
gente se sienta segura. Un ejemplo es lo que está pasando con el glifosato acá
o lo que pasa con la energía nuclear.
–Pero al público
no lo convence por muchos motivos, uno de los cuales es que duda de las propias
autoridades. Pero también porque falta mucho conocimiento: hay una gran caída
en el nivel de enseñanza de ciencias en todo el mundo. El conocimiento queda
entonces en un pequeño grupo que toma las decisiones. La mejor solución para
esto sería enseñar ciencias bien, de tal manera que las personas puedan
participar de lo que se hace. Pero llega un punto en la tecnología en que el
“gran público” no puede participar. Por eso digo que es importante tener grupos
que puedan dar la certeza de que las cosas se están haciendo bajo parámetros
aceptables.
–¿Y no puede
ser que la biotecnología produzca algún desastre ambiental? En plantas, por
ejemplo.
–Es muy difícil
que eso ocurra. En general, en biotecnología (como en cualquier tecnología) el
riesgo cero no existe. Lo que se puede hacer es mitigar los posibles efectos
negativos de lo que uno hace. Pero cuando se usa una planta, una planta
transgénica por ejemplo, se la usa sabiendo que tiene condiciones que no pueden
generar plagas.
–El problema
que hay con esas cosas es que en el mediano plazo no se sabe qué puede pasar.
–Hay estudios que
permiten saber qué puede pasar. Yo no tengo tantas dudas al respecto. Creo que
hay un público que se preocupa mucho con esas cosas. De la biotecnología tal
como era veinte años atrás, lo que yo veo hoy es que hay una organización
mayor.
–¿Y qué es lo
que está pasando en biotecnología ahora?
–Hay un
desarrollo que va creciendo e impactando en diferentes áreas de diferentes
modos. Me parece que eso es lo central.
Tomado de pagina 12 de ar
foto tomada por Guadalupe Lombardo de MARIA ANTONIA MUñOZ DE MALAJOVICH, DOCTORA EN CIENCIAS BIOLOGICAS DE LA UFRJ

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