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fotografía del sur de Argentina , autor luis pedro mujica

viernes, 14 de octubre de 2016

EL ANALFABETISMO DE LOS GOBERNANTES

Asusta el nivel de analfabetismo científico de nuestros políticos y dirigentes. Como dice el presentador, divulgador y científico Bill Nye, un líder así nos pone en peligro a todos.
El grave problema en este caso es que las consecuencias no siempre se notan o pueden ser a largo plazo. Estamos llenos de decisiones perjudiciales de nuestros gobernantes por desconocimiento de los hechos que pone en evidencia la ciencia, bien sea sin intención, aunque muchas veces lo hacen con premeditación (y alevosía también).
La Corte Constitucional ordenó al Gobierno construir en dos años “una investigación científica y sociológica en la cual se identifiquen y se precisen las conclusiones gubernamentales respecto a los impactos de la actividad minera en los ecosistemas del territorio”. Hace mucho debería saberse dónde puede hacerse qué y cómo, y dónde no.
Como lo expresó en un artículo la directora del Instituto Humboldt, Brigitte Baptiste, la manera de resolver las contradicciones, dice, empieza con el adecuado conocimiento de los efectos de los proyectos debatidos, más allá del estudio de impacto ambiental.
Podría citarse el caso de la navegabilidad del río Magdalena: todos los científicos han mostrado que es contraproducente, pero ríos, selvas, páramos y demás ecosistemas no pesan para el poder político (si no cree, diga que una vía 4G afecta un sistema natural para que oiga rabiar al vice).
Y acontece en los planos regional y local: medidas y planes van contra estudios serios que, lógico, se pueden controvertir pero al mismo nivel de interlocución.
Dos casos: investigaciones sugieren que ciclistas que transitan junto a vías de alto tráfico automotor reciben altas dosis de contaminantes, pero acá ciclorrutas se construyen por esos lugares. E igual en lo urbanístico: vivir al lado de vías congestionadas aumenta la incidencia de enfermedad y muerte por causa cardiovascular. Pero como es a largo plazo...
La decisión de la Corte debería extrapolarse a todos los ámbitos de la actividad pública que comprometan ecosistemas y en general el bienestar de los ciudadanos: hay que atender lo que digan los estudios y dejar de lado ese estribillo insensato de que “se demoraría más y costaría más”.
Con frecuencia es al revés: resulta más costosa la decisión apresurada. Ejemplos abundan, como atestigua la moribunda Ciénaga Grande de Santa Marta.

Maullido: calladitos sacaron los alumbrados del río. POR RAMIRO VELAZQUEZ GOMEZ , TOMADO DE EL COLOMBIANO 

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