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la fotografía es del sur de Argentina , autor luis pedro mujica

sábado, 10 de febrero de 2018

PUEBLO "LA CURVITA" INUNDADO GRACIAS A LA SOJA Y LA DESFORESTACION

 La Curvita, el pueblo salteño donde el agua lo copó todo
Tomás Segundo, en el campo de evacuados de La Curvita Fuente: LA NACION - Crédito: Emiliano Lasalvia
Sus habitantes debieron ser evacuados, y regresarán recién en marzo; estiman que el Pilcomayo no volverá a crecer
LA CURVITA, Salta.- Cuando hace una semana el río Pilcomayo amenazó desbordarse en La Curvita, el cacique de esa comunidad toba del chaco salteño dijo que debían evacuar el pueblo. Pero Tomás Segundo, de 44 años, y su mujer Dina, de 43, sabían que eso significaba abandonar al agua todo lo que tenían: unos 40 chanchos, algunas gallinas, la casa de adobe y todo su contenido. "Vamos a esperar un poco más", coincidieron, aunque se aseguraron de que sus hijos, Saúl, de 23 años, y Elizabeth, de 18, evacuaran enseguida.
Mientras la gente se iba, Tomás y Dina miraban el río inquieto, que bajaba y subía. Hasta que las defensas cedieron y el pueblo empezó a inundarse. Pero ni siquiera entonces Tomás y Dina se resignaron a someterse. Durante todo ese día frenético, un tractor de una lentitud imperturbable acarreó gente a través del camino anegado hasta una zona seca, a tres kilómetros del pueblo. En cada viaje, 20 personas se abarrotaban sobre el lomo de la máquina, que en total evacuó a unas 200.
Solo cuando al día siguiente el agua alcanzó un metro y medio de altura y en La Curvita ya no quedaba más nadie, Tomás y Dina aceptaron lo ineluctable. Entonces cargaron sobre unos troncos varios bultos con lo indispensable, sobre los cuales se acomodaron Tarzán y Gaucho, sus dos perros, y se fueron.
La vuelta de los evacuados de La Curvita a su pueblo está estimada recién para marzo, cuando el lodazal que invadió sus casas se seque. Sin embargo, la Cruz Roja aclaró que ese retorno presenta dos dificultades graves. "Primero: muchas de las precarias casas de adobe fueron devastadas por la correntada", explicó Cristian Bolado, director de Emergencias de la Cruz Roja. "Luego, los medios de subsistencia de estos pueblos ganaderos quedaron comprometidos por la incalculable pérdida de animales ahogados", agregó.
Según las estimaciones de la Cruz Roja, el Pilcomayo ya no volverá a crecer. En total, en el Chaco salteño aún permanecen evacuadas unas 2100 personas. Aunque su número está bajando: hasta el martes eran 2800, calculó la Cruz Roja. Las primeras evacuaciones en la región se produjeron el 1° de febrero, luego de que el día anterior se registraran violentas lluvias en Bolivia. Entonces el Pilcomayo alcanzó una altura de 7,26 metros, unos tres por encima de sus valores habituales.
Tomás y Dina salieron del pueblo a las siete de la tarde, y durante una hora caminaron en el agua a pasos lentos y vacilantes sobre un piso resbaladizo, plagado de troncos y espinas. Dina cayó tres veces. Después cayó Tomás y los bultos quedaron empapados, aunque no los perdió. Sin una linterna, con la declinación del día aumentaron sus temores de toparse con un yacaré o una víbora. Dina ya no pensaba en sus 40 chanchitos, ni en las gallinas ni el rancho: "Sólo rogaba llegar para reunirme con mis hijos", dijo.
Por fin alcanzaron la zona seca. Y desde ahí siguieron hasta el campamento de evacuados de La Curvita, ubicado a la vera de la ruta 54, donde hoy se concentran 262 integrantes de esa comunidad, según cálculos de Defensa Civil.
Debido a las dificultades de muchos evacuados de distintas comunidades para conseguir alimentos al volver a sus hogares, el gobierno salteño les está brindando asistencia. Los afectados pertenecen en su mayoría a cuatro comunidades indígenas: wichi, toba, chorote y tapiete.
En el campamento de La Curvita, atestado de precarias carpas de nylon negro, la gente solo espera. En las ollas que trajeron, cocinan con leña de algarrobo los alimentos que les provee Defensa Civil, que cada día procura un camión cisterna con 1000 litros de agua. Algunos evacuados asisten a un curso para potabilizar el agua amarronada en potable.
Mario Segundo, de 54 años, hermano de Tomás, también espera en el campo de evacuados de La Curvita para volver a su hogar. Calcula que en su pueblo la corriente derrumbó al menos 40 casas de adobe. "Perdimos todo", dijo. Y aunque agregó que estos desbordes brutales del Pilcomayo se repiten periódicamente una vez cada diez años, aún no se acostumbra a este estupor cíclico.

Por: Fernando J. de Aróstegui tomado de la nación de ar 

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