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la fotografia es de la Paz Bolivia 2017 , autor luis pedro mujica

sábado, 24 de diciembre de 2016

INGRESO UNIVERSAL POR DESEMPLEO

Ingreso universal: el experimento social de Finlandia para desempleados
Ante el cierre de fuentes de trabajo, el gobierno diseñó un plan para dar beneficios automáticos sin trabas burocráticas Peter S.Goodman
OULU, Finlandia.- Nadie confundiría este gélido rincón del norte de Finlandia con Silicon Valley. Anidado entre bosques de pinos bajos a menos de 200 kilómetros del Círculo Ártico, Oulu parece más propicia para la cría de renos que para emprendimientos tecnológicos.
FOTO Nokia, en Finlandia.
Pero esta ciudad tiene tradición de ser nodo de las comunicaciones inalámbricas y de aspiraciones innovadoras. También cuenta con miles de ingenieros calificados que necesitan trabajo. Muchos fueron despedidos de Nokia, la compañía finlandesa otrora sinónimo de telefonía móvil que ahora lucha para no caer en el olvido.
Y aunque los emprendedores están más que dispuestos a poner a esta gente a trabajar, la generosa red de protección social de Finlandia los desalienta. Los desempleados que obtienen un ingreso extra pierden su seguro. Para quienes fueron despedidos de Nokia, pasar a retirar el cheque del seguro de desempleo es más atractivo que dar el salto y arriesgarse con un emprendimiento en un país donde la industria tecnológica está intentando hacer pie nuevamente, después de fuertes tambaleos.
El gobierno finlandés, entonces, está tratando de actuar con un nuevo experimento social: el ingreso básico universal. A principios del año próximo tienen planeado elegir al azar a unos 2000 desempleados, tanto oficinistas como operarios y obreros de la construcción, y les otorgarán beneficios automáticos, sin trabas burocráticas ni multas por recibir ingresos extras.
El gobierno está expectante por los resultados. ¿Habrá más gente que busque empleo o se decida a abrir un negocio nuevo? ¿Cuántos dejarán de trabajar y se gastarán toda la plata en vodka? Una vez liberados de todas las complicaciones burocráticas del actual sistema de seguro de desempleo, ¿usarán su tiempo libre para capacitarse y prepararse para una nueva carrera? Son todas preguntas que exceden el ámbito de las políticas públicas y plantean interrogantes sobre la condición humana.
Las respuestas se irán conociendo en un período de prueba de dos años y podrían ayudar a dar forma a las políticas de seguridad social mucho más allá de las tierras nórdicas. En varios países los funcionarios están explorando la posibilidad de brindar un ingreso básico como forma de mitigar la vulnerabilidad de los trabajadores expuestos a los caprichos del mercado global y la automatización. Si bien la noción de ingreso básico es todavía incipiente, el creciente número de experiencias pone de relieve la profunda necesidad de encontrar maneras efectivas de aliviar los riesgos de la globalización.
La investigación cobra más relevancia frente a la ola de populismo reaccionario que recorre el planeta y que presenta a la elite del establishment como la gran beneficiaria de las mismas fuerzas económicas que aplastan a las masas trabajadoras. En Estados Unidos, la elección de Donald Trump, que prometió drásticas restricciones al comercio internacional, y el sorprendente voto de los británicos por el Brexit sonaron como señales de alerta en el mundo: o se actualiza el capitalismo para que las ganancias se distribuyan de manera más equitativa, o se corre el riesgo de que las masas enardecidas desmantelen las instituciones que sostuvieron las políticas económicas desde la Segunda Guerra Mundial.
Ingreso básico universal es un concepto que en realidad engloba varias propuestas, pero que suelen compartir una misma característica: que todos los miembros de la sociedad reciban un cheque del gobierno, sin importar cuáles sean sus ingresos o si tienen trabajo. Esos fondos deberían alcanzar para garantizar comida y techo, y permitir que las personas logren su mejoramiento personal mientras contribuyen con la sociedad.
Los planificadores políticos buscan desde hace generaciones la fórmula del pleno empleo, que implica que todos los que quieran encuentren un trabajo. El esquema de seguro de desempleo tradicional fue pensado en épocas en que la producción fabril funcionaba de manera cíclica. En épocas de vacas flacas, los trabajadores despedidos podían seguir teniendo un ingreso, mientras esperaban que la rueda se pusiera en marcha nuevamente.
Si la idea de un ingreso básico universal está cobrando impulso se debe en parte a un reconocimiento tácito de que el mercado laboral cambió tan drásticamente que el pleno empleo es hoy una fantasía. Las fábricas fueron remodeladas para albergar elegantes oficinas urbanas, los operarios han sido reemplazados por robots y los empleos de tiempo completo fueron desplazados por los contratos por proyectos específicos.
El ingreso básico está pensado como algo permanente, para una época en que la demanda de mano de obra será escasa. Pase lo que pase -supongamos que primero todos nos convirtamos en choferes de Uber y después Uber reemplaza a todos sus choferes por autos sin conductor-, todo el mundo tendrá lo suficiente para su sustento.
Pero el precio de todo lo que es realmente "universal" es siempre astronómico y políticamente inviable en muchos países, especialmente en Estados Unidos, donde Trump acaba de nombrar a un ministro de Trabajo que ni siquiera está de acuerdo con subir el salario mínimo.
Si cada norteamericano recibiera apenas 10.000 dólares al año, la suma resultante alcanzaría los tres billones anuales, o sea casi ocho veces lo que Estados Unidos gasta en seguridad social.
Más allá de los números, la idea del ingreso básico universal plantea interrogantes sobre sus efectos humanos. Liberados de la angustia de terminar durmiendo en la calle, ¿las personas se convertirían en parásitos sociales?

La preocupación de los finlandeses en ese sentido es bien pragmática: el gobierno no tiene la menor intención de repartir dinero para que la gente se dedique a la poesía. La intención es generar cada vez más empleos. La economía de Finlandia casi no ha crecido en la última década, y la actual red de asistencias social parece estar impidiendo revitalizar la economía. Traducción de Jaime Arrambide – TOMADO DE LA NACION DE AR 

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