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fotografía del sur de Argentina , autor luis pedro mujica

viernes, 31 de marzo de 2017

LA TRAGEDIA ANIMAL DE LA ESCLAVITUD

 La tragedia animal de la esclavitud
El poco nivel educativo y cultural del país, incluidas Antioquia y Medellín, y por ende la escasa conciencia humana de que somos parte de un cosmos, de un todo articulado en el que dependemos unos de otros, se refleja en la captura de animales para diversión.
No de otra forma se explica que solo en la jurisdicción de la corporación Corantioquia en 17 años se hayan recuperado y reubicado 37 218 animales salvajes (usando el término en su acepción más pura: que no han sido domesticados).
Como presentó en este medio el periodista Gustavo Ospina Zapata, en tres meses de este año se han recuperado 1163 individuos de diferentes especies.
Es una cifra aterradora. Tener un animal esclavo para satisfacer la vanidad es caer muy bajo. Basta imaginarse el sufrimiento de una persona separada de su familia.
Duele saber que a estas alturas del siglo 21, no se crea que los animales sufren y tienen sentimientos (este tema aún está en debate, pero hay estudios que lo sugieren).
Hacer sufrir otro ser. Separarlo de su familia, hacer con eso que mueran sus hijos o impedirle desarrollarse en su medio merece el rechazo más contundente. Lo malo es que no es una conducta aislada. Nada menos esta semana, cuando Corantioquia liberó 60 individuos de varias especies en las selvas, en Envigado una señora entregó 14 tortugas y fue decomisada una lora frente amarilla, otra persona devolvió un búho en Medellín y un tití fue decomisado en el corregimiento San Cristóbal.
Además es alta la cantidad de pájaros que se perciben aún en pequeñas jaulas porque ‘cantan muy bonito’. Aves condenadas a vivir en espacios tan reducidos que su encarcelamiento escapa a cualquier tipo de explicación.
El alto número de individuos muestra que el problema es más serio de lo que se pensaba y que no ha sido enfrentado con toda la decisión que requiere.
El tráfico de fauna es el tercer negocio ilícito más rentable del planeta, y es tan vil el que atrapa un animal sacándolo de su entorno para vender una vida (un movimiento con alto índice de mortalidad) como quien lo adquiere o lo tiene de una u otra forma.
Y aunque en nuestro medio solo interese la violencia entre humanos, la que se practica con los animales merecería acciones serias, coherentes y continuas por las autoridades municipales, ambientales y policivas.

Maullido: la incoherencia ambiental de Medellín, Antioquia y Colombia asusta. POR RAMIRO VELÁSQUEZ GÓMEZ  - TOMA DO DE EL COLOMBIANO 

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