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fotografía del sur de Argentina , autor luis pedro mujica

viernes, 17 de marzo de 2017

SI BRILLA ES ORO ?

NO TODO BRILLA EN EL ORO , POR Hernán Sorhuet Gelós
Son muchos los temas incómodos en los que no se quiere pensar porque constituyen actividades que la humanidad ha desarrollado desde siempre, y conforman parte de ese universo construido para suministrarles bienes y servicios a los pueblos.
Un caso paradigmático es la extracción del oro. Un metal que  fascina a los seres humanos, no solo por la nobleza de sus propiedades sino por su belleza inigualable.
El colega argentino Sergio Elguézabal realizó un trabajo periodístico muy interesante: “Oro saco, guardo oro”, en el cual intenta dejar al descubierto la paradoja que encierra su multimillonario mercado mundial.
Deja en claro que el oro es mayoritariamente un bien simbólico que representa cuan poderoso es quién lo detenta.
El experto Alberto Acosta Espinosa, economista de la Universidad de Colonia (Alemania) e integrante de la Faculta Latinoamericana de Ciencia Sociales (Flacso) de Quito, señala que de todo el oro que se extrae en el planeta, solo el 11% se utiliza con fines científicos, tecnológicos y medicinales. El resto se “entierra” nuevamente en las bóvedas de los bancos y una parte menor va a parar a la joyería.
¿Cuál es el problema?
El drama radica en todo lo que no se ve detrás del reluciente dorado de un lingote.
Para obtener 1 gramo de oro se dinamitan 4 toneladas de roca. Ello explica los gigantescos cráteres que esta actividad deja a su paso, destruyendo suelo, subsuelo y por tanto el ecosistema completo.
Para obtener 1 kilo de oro se utilizan 850 kilos del potente veneno cianuro de sodio, así como 1.100 kilos de explosivos. Pero allí no se detiene el problema. Por casa kilogramo de oro que se resguarda en el tesoro del banco fue necesario consumir 380 mil litros de agua pura, 36 mil kilowatts/hora y 2 mil litros de gasoil.
En principal argumento invocado por las corporaciones mineras internacionales y los gobiernos -que acuerdan proyectos mineros en sus jurisdicciones- para promoverlos es que darán trabajo y generarán riqueza. Cuando en realidad se trata de trabajos poco saludables y temporales, y de actividades que una vez finalizadas dejan a su paso instalaciones y pueblos fantasmas.
Lo que hay que tener bien claro es que la extracción del oro nunca es una actividad sustentable.
El recurso no es renovable y por lo tanto se agota cuando se extrae el último gramo.
Pero además deja a su paso un pasivo ambiental enorme, que será pagado por las actuales y las futuras generaciones porque el daño es permanente.
Para tener una idea de lo gigantescos que pueden llegar a ser los cráteres producidos por esta actividad digamos que el de la mina Kalgoorlie ubicada al suroeste de Australia tiene 3.5 kilómetros de largo, 1.5 de ancho y 570 metros de profundidad; y el de la mina Grasberg en Indonesia ocupa 8 kilómetros cuadrados y registra 480 metros de profundidad.

En resumen, nos debemos una profunda discusión sobre el futuro de estas actividades. En qué circunstancias se podrían autorizar y en cuáles no, porque es inevitable que destruyen todo a su paso, contaminando el suelo, el agua y el aire en sus áreas de influencia. TOMADO DE EL PASI DE UY 

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